UNA GOLONDRINA NO HACE VERANO

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UNA GOLONDRINA NO HACE VERANO

Por Horacio Krell*

Se trata de un enunciado que encierra toda una enseñanza. Viene a decir que no se puede deducir una regla general a partir de un hecho aislado. Imagina a un labrador que ve una sola golondrina sobre su campo: no creerá que el buen tiempo llegó al ver volar a un pájaro solitario.

Quizás se trate de un ejemplar extraviado o de un aventurero. Es mejor esperar a ver a una bandada. “Una sola golondrina no hace verano, ni una sola virtud hace a uno bienaventurado”. “Verano” significa ‘buen tiempo’. Se entiende en sentido figurado, y hace referencia a que un hecho excepcional no puede ser tomado como una norma.
Aplicando este concepto a lo social implica que hay que analizar los hechos en su momento  histórico y en su proyección futura. Por ejemplo Thomas Malthus en el siglo XVIII realizó presagios pesimistas sobre el futuro de la humanidad.  Creía que el crecimiento de la población sin ningún control se multiplicaba en progresión geométrica y que la producción de alimentos crecía en forma aritmética. Lo que aprendió la ciencia económica del presagio de Malthus vino “por el lado de la oferta”, consistió en que se logró expandir la producción de alimentos, sin en reducir el número de consumidores y en ponerle un cepo al consumo.

La profecía de Malthus

Malthus dedujo que, como el crecimiento de la población era muy superior al de la producción de alimentos, eso pronosticaba hambrunas y muertes. Pero ocurrió la revolución industrial y con ella se produjo un shock que expandió la producción de alimentos.

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Thomas_Robert_Malthus- Una gaviota no hace verano- Notas del Director – Horacio Krell

Todo surgió de la inversión y de la mejor productividad. Si sube el precio de algo, la solución es motivar al sector para que produzca más. Para eso la tecnología paga, Alemania o Japón no tienen inflación ni desempleo. En la Argentina no hay producción, hay subsidios y se carece de la cultura del trabajo. Se prohíbe exportar carne en un país que carece dólares. Hemos apelado a regulaciones que solo han agravado la situación, todo lo contrario de lo que se debería hacer. Hay que transformar los meros subsidios o planes en una verdadera inversión  social reduciendo el peso del Estado y  exigiendo que los beneficiarios eduquen y cuiden la salud de sus niños para que, en el mañana, puedan trabajar. Debemos abandonar la Argentina mendiga que pasa la gorra por el mundo. Esto exige un liderazgo que diga la verdad, para lograr un país mejor y evitar el destierro como la única opción. El país no es una herencia que nos dejaron nuestros padres sino un préstamo que nos hacen nuestros hijos. El futuro no existe por eso debemos inventarlo. Poseemos todos los recursos naturales, excelente capital humano y una pirámide poblacional óptima para un mundo que se prepara para salir de la pandemia.

Los países asiáticos

Son los que dedican una mayor proporción del PBI a inversiones en activos productivos. Así logran mayores tasas de incremento en su producción anual. No sólo lo hacen en activos físicos, sino en capital humano, el que generan con la educación. Impulsada por rápidos avances científicos y tecnológicos; la fortaleza de una sociedad depende de su capital humano, desarrollado por sistemas educativos que fortalecen a la sociedad.
Esto queda en evidencia en las pruebas Pisa que organiza la OCDE, la organización de comercio internacional. Estos exámenes involucran a alumnos de 15 años edad de 79 naciones. China lideró los resultados en las tres áreas evaluadas: matemática, lengua y ciencias. Los siete primeros lugares de esta prueba corresponden a participantes asiáticos. Esto demuestra y comprueba que los países que funcionan mejor en economía también lideran en educación.
Argentina, por ejemplo, figura en el puesto número 58 entre los países participantes.

Este liderazgo en el nivel de conocimientos de los alumnos, tanto del nivel elemental como el medio, se viene afianzando desde hace tiempo. Esta mayor acumulación de capital humano, y también de capital físico, fortalecerá aún más el avance de las economías asiáticas comparado con el del mundo “occidental”. China lidera las naciones asiáticas que lideran el crecimiento productivo mundial (India, Indonesia, Corea, Vietnam, Singapur, Malasia y Bangladesh). El PBI chino supera al de EE.UU y su tasa anual de ahorro y de inversión es más del doble. Aprovechó con gran inteligencia estratégica la globalización y la tecnología. Su fortaleza reside en su capital humano que le brinda la educación. La población posee ese capital que es la base del progreso. El ejemplo es muy claro: si queremos disminuir la pobreza en nuestro país, se precisa un sostenido crecimiento económico y el desarrollo de una buena  educación.
El motor del crecimiento es la inversión impulsada por el ahorro sin inflación.

El secreto de Singapur

Como en China sus alumnos triunfan en las pruebas internacionales. Mientras los billetes muestran imágenes de próceres, el billete de Singapur muestra alumnos escuchando al profesor y en ellos se lee: “Educación”. Hace 4 décadas  Gran Bretaña desechó a Singular como colonia y ningún país quiso hacerse cargo. Hoy, por su educación, Singapur es el noveno entre los países más ricos, cuando hace cuarenta años décadas eran analfabeto.
Hoy Singapur se destaca entre los primeros pese a que no posee recursos naturales. ¿Cómo lo hizo?  Convirtió su sistema educativo en una meritocracia que produce trabajadores calificados y exporta productos de alta tecnología. Según el resultado de un examen nacional, los estudiantes son derivados a secundarias vocacionales que canalizan sus capacidades y los encauzan. Al finalizar una etapa, rinden examen y según el resultado se los orienta y se brindan carreras para todos. Todos los países tienen universidad pero no escuelas vocacionales. La clave es su sistema educativo basado en el conocimiento. Si bien la orientación vocacional es recomendada para descubrir al genio interior que nos habita, según la teoría de las inteligencias múltiples, son pocos los países que le asignan su valor. Y tal descubrimiento no provoca efectos sociales si se realiza como un esfuerzo aislado, “una golondrina no hace verano”.

La diferencia entre países pobres y ricos

No es su antigüedad. Egipto tiene 1000 años y es pobre. Singapur hace 40 años era desconocido y hoy es rico. No lo son por sus recursos naturales, Japón  no los tiene y sin embargo es una potencia, una fábrica flotante que recibe materia prima y la exporta transformada, logrando su riqueza. Suiza no tiene océanos pero sí la mayor flota náutica del mundo; sin cacao, produce el mejor chocolate y sin productos naturales exporta servicios de calidad  con una imagen de seguridad que la convirtió en la caja fuerte del mundo. Tampoco la inteligencia individual es la diferencia, un estudiante de un país pobre que emigra a uno rico logra excelentes notas ¿Qué hace la diferencia? Una golondrina no hace verano. Se trata de la educación, una industria sin chimeneas.

La innovación predice el futuro económico

Vivimos en una economía basada en el conocimiento, en ella los inventos producen más riqueza que el trabajo manual o la posesión de materias primas. Corea del Sur ocupa el 1er lugar, seguida de Singapur, Suiza, Alemania, Suecia, Dinamarca e Israel. EEUU pierde terreno por las políticas antiinmigración, lo que le impide recibir el talento proveniente de todo el mundo.

innovación predice el futuro económico- Una gaviota no hace verano- Notas del director - Horacio Krell
innovación predice el futuro económico- Una gaviota no hace verano- Notas del director – Horacio Krell

El presidente Biden promete invertir $300.000 millones de dólares en “Innovar en EEUU”. Argentina está en el puesto 51, 6 puestos abajo que el año pasado, porque no invierte en investigación y desarrollo. Corea del Sur era más pobre que latino américa hace 50 años, y se desarrolló porque invirtió en innovación, ciencia y educación.

Los líderes de américa latina están consternados por ver todo automatizado y creen que podrían crear  más trabajo haciendo caminos. Esa es una receta para el fracaso, porque los hace menos competitivos. Los países y personas que no innoven se quedarán atrás.

Un desierto de ideas

Hay países desarrollados y otros en vías de serlo.  Argentina es el único que fue desarrollado en 1920 y que luego se subdesarrolló. El Poder Ejecutivo considera al Estado parte del partido, es ineficiente, hay jueces apretados y legisladores que no legislan. Tuvimos gobernantes con una educación sobresaliente, una enorme preparación y visión a futuro. Hoy la economía y la política cambian permanentemente, pero cada 10 años el subdesarrollo sigue intacto y los problemas se repiten como en “El día de la marmota” donde el personaje es condenado a vivir el mismo día una y otra vez.
A mediados del siglo XX nos visitó el premio Nobel Paul Samuelson que predijo que seríamos la próxima potencia mundial, por la riqueza de nuestro suelo, la actividad de sus habitantes y el desarrollo de la industria y el comercio. Hoy somos una nación fracasada y donde la pelea no se da en el mundo las ideas ni en las estrategias que podrían sacarnos del pozo donde caímos.
Lo que Samuelson no conocía es la trama política que se estaba gestando en la Argentina.

El drama educativo

Antes de la pandemia 1.500 millones de alumnos en el mundo acudían a colegios con un costo enorme. Y muchos perdiendo el tiempo porque aprendían poco o nada. Esfuerzos titánicos y resultados patéticos. Más que una crisis en la educación  hoy se trata de una crisis de aprendizaje. Y para los pobres es peor: la educación perpetúa a desigualdad.
La mejor solución es medir lo que funciona para imitarlo,  aumentar la calidad y empezar antes porque el cerebro se forma en la primera infancia, y también aplicar tecnología. Los países pobres no están condenados. Corea del Sur era un país devastado y de analfabetos, y en 25 años produce los mejores estudiantes del mundo. Vietnam también lo era y hoy sus estudiantes tienen igual rendimiento que los alemanes. Sí, se puede cambiar. Hoy existen tecnologías educativas de avanzada para formar los mejores estudiantes con el menor esfuerzo y el máximo resultado.

Una gaviota no hace verano

Y, aunque los genios individuales existen, es la excelencia educativa de todos los ciudadanos la que hace la felicidad de una nación.
Einstein donó su cerebro a la humanidad para que lo investigaran, bajo la creencia de que algo habría de excepcional en él. Sin embargo los científicos no encontraron nada especial, salvo en su cable calloso, que es el conjunto de fibras nerviosas que conecta los hemisferios cerebrales. En su cerebro lo hallaron mucho más ramificado que en los cerebros comunes.
Lo que se intuye es que sus características especiales no conformaron un hardware original  sino que fue el resultado del software mental con el que lo hacía funcionar.
Einstein unía la imaginación con el saber, y dijo que “en épocas de crisis la imaginación es más importante que el conocimiento”. Era un adelantado para la época en la que le tocó vivir,  y en todos sus logros las ideas y las visualizaciones estaban presentes.
En la creación de la teoría de la relatividad contó que se imaginó viajando en la punta de un rayo de luz. En este continuo devenir interactivo entre la imaginación y la realidad es como concretaba sus invenciones más importantes. Para Einstein “la lógica te puede llevar  solamente desde A hasta B, en cambio la imaginación te lleva a cualquier parte”.
Descubrir y desarrollar los métodos que usaron lo grandes hombres de la humanidad, compararse con ellos mediante un benchmarking focalizado y generalizarlos a través de la educación es la mejor forma de incorporar el principio de que una gaviota no hace verano y de que una sola virtud no nos hace bienaventurados. Los métodos son la mayor riqueza del hombre y la educación es la industria pesada de una nación, porque es la que fabrica ciudadanos.
*Horacio Krell, director de Ilvem, Mail de contacto horaciokrell@ilvem.com  +5491154224742.

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