Mentalidad de principiante

MENTALIDAD DE PRINCIPIANTE

En 1984 Reagan estaba en el circuito de debates intentando permanecer en el cargo de presidente. Antes había tenido un mal desempeño frente a su rival. Parecía que a los 73 años era demasiado viejo. Un periodista le preguntó y respondió con ironía: No voy a convertir la edad en un tema de esta campaña. No voy a explotar, con fines políticos, la juventud y la inexperiencia de mi oponente. Al poco tiempo Reagan ganó las elecciones presidenciales. Tenía a experiencia de su lado, pero también una personalidad madura.
La transformación física por el envejecimiento lleva a que la piel pierda su elasticidad, las encías retrocedan, los pelos broten en lugares peculiares y desaparezcan en otros y que centímetros de altura se pierdan con el paso del tiempo. Uno ya no es la misma persona. Los rasgos cambian y cuando llega a los 70 años, la transformación es grande, aunque la modificación de la personalidad es gradual. Se vuelve más consciente y agradable. La Tríada Oscura -maquiavelismo, narcisismo y la psicopatía- disminuyen, como también los comportamientos antisociales. Es más altruista y confiado, crece su fuerza de voluntad y sentido del humor.
La personalidad madura. Puede equilibrar sus expectativas de vida con las demandas de la sociedad. Es un cambio imperceptible y lo es en relación con uno mismo, no convierte a todos en iguales, se mantienen los rasgos propios. El cambio está genéticamente programado pero es moldeado por fuerzas evolutivas y presiones sociales que obligan a cambiar la conducta. La personalidad cambia ante los desafíos de la vida.
Esos cambios beneficiosos pueden revertirse a una cierta edad. En la vejez las cosas pasan a un ritmo más rápido, la salud declina y es probable que se pierdan amigos y familiares. Esto impacta negativamente.
La personalidad está ligada al bienestar mientras se envejece. Las personas con mayor autocontrol tienen más probabilidad de ser saludables en la edad adulta. Comprender cómo ciertos rasgos se vinculan a la salud logra predecir cómo se evolucionará, saber el riesgo de padecer ciertos problemas y poder intervenir antes. Saber que la personalidad cambia, es una prueba de lo maleable que es y que también puede adaptarse a las situaciones nuevas. Es una oportunidad de hacer algo para crear esa persona en la que uno desea convertirse.
Principios básicos del aprendizaje. Se pueden usar para aprender a “ser” más efectivo. El primero es  aprender del error, no repetir sin pensar las mismas acciones y concentrarse en analizar lo que se hizo bien o mal. La práctica deliberada no debe basarse en las repeticiones sino en estudiar las estrategias que enseñan los expertos. Repetir sin repetir es asegurarse de que la práctica sea variada. Hacer malabarismo y cambiar los objetos o la altura a la que se los arroja, practicar sentado y caminando, logra que los patrones mentales se vuelvan más flexibles. Esto ayuda a enfrentar lo impredecible, que podría llevar a perder el control.
Se aprende  mejor cuando se lo hace para enseñar a otros. El adulto conserva  la neuroplasticidad, la capacidad del cerebro para reconfigurarse ante nuevos desafíos. Es necesario ejercer ese superpoder.
La expectativa de enseñar lo aprendido aumenta el interés, la curiosidad, activa la atención y la memoria. Abrirse a lo extraño hace al desafío más gratificante porque se siente un placer que hace sentir muy bien. Algo que sea fácil de integrar al estilo de vida actual hace sorprendente la velocidad del progreso. Pensar que una gran inversión de tiempo es muy desalentador. Es conveniente compartir esa habilidad con alguien, y observar a expertos y a novatos, permite analizar lo que está bien o mal. ¿Por qué hacer el esfuerzo de aprender? Porque genera cambios cerebrales a largo plazo que compensan el deterioro mental que viene de la mano del envejecimiento y logra una mejora pronunciada en la capacidad cognitiva.

Mentalidad de principiante. Su beneficio aumenta probando múltiples habilidades, sin centrarse en una. En lugar de correr un maratón, el cerebro cambia de entrenamiento, se remodela y se entrena.
Ser aficionado no es ser superficial y sin dedicación. La persona dedicada a distintos oficios, el principiante perpetuo, tiene un cerebro más agudo que el maestro de una sola habilidad. La búsqueda de  intereses diferentes aumenta la creatividad.  Los premios Nobel disfrutaron de actividades artísticas más que otros científicos. Las frustraciones suelen ser las experiencias más importantes. De algún modo sacan de la zona de confort  y abren la mente a la sensación de no saber. El aprendizaje de la habilidad, a menudo diferente a lo que se imagina, permite que las expectativas negativas sean derribadas. La humildad intelectual, la capacidad de reconocer los límites de conocimiento que se tienen, mejora la capacidad de pensar y tomar decisiones. La capacidad para reconsiderar ideas preconcebidas y abrir la mente a nuevas formas de pensar es fundamental ante el cambiante mundo actual. Aprendiendo por placer o para mejorar algo, cultiva la “mentalidad de principiante”, donde nada es seguro y todo se puede. Aunque la capacidad para aprender disminuye con la edad, hay trucos para aprender de manera efectiva en la adultez.
Según pasan los años. Los niños tienen lo que el adulto perdió: tiempo y curiosidad, porque las personas mayores si tienen tiempo no tienen curiosidad y si tienen curiosidad no tienen tiempo. Freud vio en el niño a un pequeño investigador consagrado a dilucidar enigmas. De su temprano apetito de saber dedujo sus conquistas posteriores. Sus incesantes preguntas anuncian que la curiosidad es su destino. El psicoanálisis, investigó la tensión entre curiosidad y educación reglada, entre evocación e información, entre la indirecta y la orden, entre la educación no oficial y la oficial, entre la bestia y la guardería. La estimulación temprana moviliza a resolver problemas, genera una actividad intelectual anticipada y adelanta el aprendizaje de la lectoescritura o de una segunda lengua. La condición es que el protagonista sea el niño, sabiendo que su maduración no es igual y que su actividad es el juego, el gran formador de su conducta futura.
El niño inglés Kieron Williamson de 9 años vendió obras por 400.000 dólares. Los padres descubrieron su talento a los 5 años. “Hice esta pintura de un hombre recogiendo algas. Mamá tomó una foto que me inspiró, así que lo pinté”. Todo parece simple en la mente del niño. “A la mañana miro las fotos en la computadora y voy a la escuela. Cuando regreso busco la imagen que me llamó la atención y la pinto. En la escuela suelo pensar sobre la imagen que tengo en la cabeza. Pienso en sacarle los detalles negativos”.
Lo que se aprende en la infancia se recuerda para siempre y la conducta cambia. El desafío de la inteligencia emocional es enseñarle a prevenir el mal del adulto: Dejar de ser niño”. Hay una sensación de malestar por el atraso de la educación que no logra que aprenda a desempeñarse en la vida. Mientras la sociedad de consumo prefiere el objeto al sujeto, países como Finlandia, invierten en educación y los maestros son estrellas con título universitario. Tienen PRINCIPIOS con mayúscula. El niño vive la edad de los estrenos, en el ejercicio de la curiosidad. Los que pierden sus PRINCIPIOS atrasan. El cerebro al nacer es una página en blanco que madura con la educación y la experiencia. Una neurona estimulada puede conectarse con otras 200. Esta gimnasia se da por la neuroplasticidad, la capacidad del cerebro de autoformatearse
Desarrollo natural o dirigido. Se puede dejar que el cerebro madure naturalmente como crece la lechuga, o provocar la creación de circuitos neuronales. En sus primeros años el niño crea el capital que le permitirá como hombre vivir de los intereses. Si no lo crea en la niñez no lo creará jamás. El progreso depende de la cultura del ejemplo y de la estimulación temprana. Si un niño es criado por lobos será lobo. El niño pierde cuando ignora su genio interior, si se le ofrece un radar para imitar la moda pero no la brújula del auto conocimiento. No hallará vientos favorables si no sabe a dónde quiere ir. No hay que forzar el desarrollo sino desarrollar su esencia. Ante un código genético rígido, la educación convertirá su genio en realidad.
Lo que no se usa se pierde. Al nacer la posibilidad de conexión neuronal es amplia, pero lo que a los 7 años no se creó ya no existirá. El niño criado entre lobos camina como un lobo, la bipedestación se aprende. Como dijo Gohete “lo que has heredado debes adquirirlo para que sea tuyo”.Sin crear sus circuitos cerebrales, cuando se haga hombre, no tendrá libertad de elección. No tiene sentido regar una planta que ya murió, no se puede estimular sin un órgano capaz de procesar, ni restablecer conexiones fuera de tiempo.
Estimulación temprana. El niño reconoce la música en el embarazo y puede detectar una situación estresante de su madre. Aprendió que un latido rápido refleja peligro, y cuando percibe situaciones similares llora. Al nacer su cerebro es incompleto pero los órganos sensoriales están y podemos actuar y rodear al niño de estímulos positivos. Lo ideal es rodearlo de un ambiente sónico variado, brindarle estímulos que pueda asumir. Los circuitos debe generarlos cuando su cerebro es todavía moldeable.
Aprender a leer. El tallado del alfabeto en el cerebro le permitió al hombre ser el amo del mundo. Leer es asociar un concepto abstracto a una realidad tangible. El hemisferio derecho es analógico con lo real, el izquierdo la interpreta. Una mesa es parte de la realidad, el símbolo “mesa” es un signo que la representa. Los hemisferios se conectan por el cuerpo calloso, un cable de fibras nerviosas. Cuando el niño aprende a leer, avanza de lo conocido a lo abstracto. Así conecta sus hemisferios. La teoría de las inteligencias múltiples descubrió que hay un genio que debe descubrir y potenciar. La educación debe brindar modelos para imitar, en un mundo afectivo y amoroso. El niño es un gran imitador. La juventud no tiene edad cronológica, es una actitud. Quien generó curiosidad será joven siempre, el niño es el padre del hombre. Jóvenes que no aprenden. La crisis educativa induce al joven a no esforzarse en construir su futuro. Esto lo lleva a excluir la posibilidad de cambio. Aprender es la disposición a encontrarse con lo desconocido. La sociedad del espectáculo en la que vivimos entretiene con espectáculos conocidos, donde no hay que incorporar lo nuevo y no hay oportunidad de aprender. El declive de la curiosidad explica lo que pasa. Mayor indiferencia, ocaso de la curiosidad, anestesia de lo que lleva a a crear el mundo en el que vivimos.
El adulto que mantiene su curiosidad infantil impulsa el descubrimiento. En la naturaleza las cosas no son siempre como parecen. Una roca en el fondo del mar puede ser un pez venenoso; una flor del jardín un insecto carnívoro que espera su presa. Al estudiar la naturaleza, no se puede predecir cuándo se descubrirá un proceso clave. Nunca se sabrá cuándo la supuesta roca que se halló, es una piedra preciosa.
Hoy el fin de la curiosidad comienza en la escuela. Para socializarlo se lo uniforma. Antes aprendía del contexto, en el colegio aprende del texto. Construyó su saber jugando, ahora debe adaptarse, evitar el error en lugar de valorarlo. La burocracia traba su talento. La apatía, el conformismo y el dinero son los dioses de la sociedad de consumo e ídolos modernos que los hombres adoran.
A imagen y semejanza. Educar significa “sacar de adentro”, interrogarse y conocerse. Esa pregunta desencadena las demás y siempre es posible comenzar de nuevo. Lo que se busca aparece cuando lo nuevo se junta con lo viejo. Lo bueno es renacer cuando la inocencia se reorganiza y recupera la mente de juego sin nada que perder o que ganar. Cuando la inocencia y la experiencia se unen, somos capaces de actuar como dioses. Entusiasta es para los griegos quien tiene un Dios interior que le permite modificar la realidad.
El creador es el mejor imitador de Dios en la tierra. Para convertirse en arquitecto de su futuro en construcción, debe sostener la curiosidad. El niño es el padre del hombre y el abuelo su nieto, porque los hábitos de la infancia forman al adulto. La curiosidad implica dejar de ver el mundo con prejuicios, abrir el camino al experimento. Según pasan los años, la curiosidad mueve al científico y al artista ¿Por qué se hace así? ¿Puedo actuar de otro modo? ¿Quiero seguir? ¿Cómo puedo ser más de mi mismo? Para Einstein es un milagro que la curiosidad sobreviva a la educación reglada. La ciencia nace con la curiosidad.
No dejar de ser niño. Si esa sed perdura y se combina con la disciplina y con el foco que brinda la madurez, se vive una vida genial. Convertir una idea en realidad implica combinar recursos, como el mago que saca conejos de la galera, la gallina que pone huevos de oro, o el niño que del árbol intuye la figura del hombre.
El instrumento es la mente que juega y practica, con la ilusión puesta en hacer mucho con poco o nada.
El espíritu no se expresa con palabras, es preverbal. Se necesita practicar un juego divino, si dejamos el juego el trabajo se hace aburrido y si dejamos lo divino se pierde fuerza creativa. A la tierra prometida se llega al descubrir al compositor que tenemos dentro. La originalidad es lo nuevo. Miguel Ángel descubría la obra con lo que sacaba de la roca. Si nos quitamos la máscara, aparecerá el original de nosotros mismos.
Morir en vida. Se empieza a morir cuando se deja de aprender. El futuro depende de eso. Lo que vendrá es predecible porque el hoy se parece al ayer. Pueden suceder hechos nuevos, inéditos, inesperados para los que no se tenga respuesta. Los que fracasan es porque no aprendieron de sus errores o su memoria es muy débil. El conocimiento es la llave para los problemas y la barrera que impide avanzar si es que falta. Innovar es aprender a hacer algo nuevo. Sin proyectos a la vista lo que sigue es la muerte.
Mida su curiosidad. Lo que no se mide no se puede mejorar. ¿Lleva registros? ¿reflexiona sobre lo que ve? ¿aprende algo nuevo? ¿busca diferencias?¿lee? ¿aprende de otros? ¿identifica y resuelve problemas? ¿es abierto? ¿anota lo que no entiende? ¿posee intereses distintos? ¿busca información? ¿ama aprender?
Cultive la curiosidad. Lleve un diario de notas para apuntar ideas. Liste las preguntas. Cuando termine léalas, subraye lo que  llama su atención. Elija la más importante, no la conteste, repase la lista cada tanto.
El punto de partida. El motor es el arte que los niños dominan, es bueno observarlos para aprender sus mecanismos, su intenso deseo de comprender la esencia de las cosas, el estímulo para encontrarle sabor a todo. La curiosidad evita envejecer, la persona con mente joven no envejece. Para tener una gran idea se necesita curiosidad. La mayoría trabaja como empleado y hacen lo que se les dice. Hay muy poca libertad.
Seis honrados servidores. 6 honrados servidores me enseñaron cuanto sé, sus nombres son, Cómo, Cuándo, Dónde, Qué, Quién y Por qué, dijo Rudyard Kipling. Se puede perder la curiosidad por trampas y hábitos:mirar siempre al mismo lado quedarse con lo que se tiene o confirmar lo que se cree, poner condiciones imposibles. Eso nos hace conservadores. Las causas están en el pasado. Muchos se detienen en lo que son y no bucean en lo que podrían ser. Saber quién soy, de dónde vengo y a dónde voy.
La sabiduría llega con los años. Ningún joven puede ser sabio. La sabiduría es el fruto del conocimiento y la experiencia que une información externa (conocimiento), con la propia (experiencia). La inteligencia es la capacidad de resolver problemas desde ambas fuentes. El conocimiento se puede transmitir; la sabiduría no.
La única forma de desarrollar sabiduría es con experiencia. La sabiduría hace buen uso del capital intelectual, la imaginación es más importante que el conocimiento. De nada sirve acumular saber, sin sentido común para aplicarlo. Sin sabiduría no se genera valor. Para llegar a ser un viejo sabio es imprescindible aplicar el principio mente sana en cuerpo sano.Para eso es necesario entrenar las neuronas.
Sobre su longevidad creativa Giuseppe Verdi afirmó: toda la vida busqué la perfección pero todavía no la pude encontrar. Es incomprensible la exclusión que se realiza de los viejos. Así la publicidad ofrece productos antivejez. Envejecer es el el paso del tiempo, sólo se detiene por la muerte, no es una enfermedad. Pueden modificarse las características físicas pero no detener  la edad. El antienvejecimiento es inespecífico, no tiene resonancia precisa, se apunta al temor que genera la muerte. Detrás del “anti” hay un sujeto que envejece, al que se lesiona. La pluralidad parece no reconocerse a los adultos mayores.
Los árboles mueren de pie. El mensaje de la obra de Alejandro Casona es que no hay que claudicar ante la adversidad y ser perseverante. Para que, cuando la inspiración llegue, nos encuentre trabajando.

*CEO Ilvem. Mail de contacto horaciokrell@ilvem.com . Por whatsapp al +5491154224742

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