Los líderes se hacen

Hoy  se habla más de cómo conseguir empleo que de llegar a ser un líder. Ante los problemas del mundo el error es decir ¿cómo nadie hace nada?  en lugar de ¿por qué yo no hago nada?. Esta es la esencia del liderazgo: elegir una misión importante y generar en los demás el compromiso para cumplirla. Un líder es el que encarna y corporiza  una idea. La misión es su  por qué, pero es demasiado abstracta para motivar. Por ejemplo, explorar el espacio es menos magnético que poner un hombre en la luna. Esta es la visión o imagen del futuro:  positiva, movilizadora y creativa. Pero para concentrarse en la batalla diaria hace falta el cómo:  con los pies en la tierra y con los ojos en el cielo.

Una persona es creíble si hace lo que promete. Pero un  líder creíble es quien enlaza con claridad  lo que propone con lo que desea la gente. Para eso debe tener un credo, un conjunto de palabras que afirman lo que quiere lograr. Y también debe contar con capacidades, es decir, la manera de convertir sus palabras en hechos. Finalmente,  debe tener fortaleza moral ,  o sea, confianza en sí mismo de que podrá. La autoestima es su capital invisible.

Todos podemos ser líderes de nuestras propias ideas si las cuidamos como perlas a cultivar. El comienzo pasa por descubrirnos a nosotros mismos. Para el que no sabe lo que quiere es indiferente el camino que elija. El proceso continúa considerando a sus seguidores, al equipo,  como clientes a los que debe servir. Comprender su punto de vista y aprender a  escucharlos.  La ventaja del feedback diario a la evaluación en diferido,  es que evita que un error se convierta en hábito.

Asimismo, afirmar los valores compartidos y tratar que los proyectos de la gente coincidan con los de la organización genera potencia. Ese compromiso disminuye la necesidad de control. Sin embargo, ante la rapidez de los cambios sostener un valor puede generar rigidez  y el antídoto consiste en desafiarlos cada tanto. También es necesaria la capacitación permanente ya que autogestionado, el grupo rinde más.

Hay que liberar al líder que todos tenemos dentro. La técnica japonesa del Kaizén o de mejora continua, permite romper con los hábitos negativos y estimular el potencial creativo. Se trata de lograr una organización creadora de conocimientos. Lo importante es advertir las oportunidades haciendo del error reconocido una virtud – el que no  hace nunca se equivoca – .

Es indispensable que el líder sirva a un propósito. Nadie cree en el que sólo busca su ganancia sino que admiramos y respetamos a los que creen en algo valioso. Alentar la esperanza con imágenes de un futuro mejor, generar el optimismo: esa es la manera. No se trata de negar el diagnóstico sino la sentencia asociada con el mismo. La metáfora de Pandora señala  al optimismo y a la esperanza como los antídotos para todos los males. Según como imaginemos el futuro estaremos en decadencia o florecimiento. De ahí que  la clave sea practicar el optimismo. En resumen: un buen líder es quien deja las cosas mejor que cómo las encontró.

En la época del reloj es importante encontrar la brújula: dónde estábamos hace un año y dónde estamos ahora. Dónde queremos estar dentro de un año y qué haremos para conseguirlo. Podemos comparar a un líder con la fracción: la parte de arriba – el numerador – privilegia la creación,  la expansión, los equipos usados para crecer. La de abajo – el denominador – piensa en bajar los costos, despidos, reingeniería, la tecnología que se usa para reducir. No es la fábula del bueno o del malo ya que es algo que  todos hacemos permanentemente. Pero ante la catarata de datos, debemos aprender la gimnasia respiratoria de inhalar la información y exhalar conocimiento.

*  Dr. Horacio Krell, Director de ILVEM. Consultas a horaciokrell@ilvem.com.ar.

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