La economía de la atención

LA ECONOMÍA DE LA ATENCIÓN

Por Horacio Krell*

¿Qué es el tiempo? Si nadie me lo pregunta, lo sé; pero si quiero explicarlo, no lo sé. San Agustín puso el énfasis en algo propio e inasible, valioso, renovable y también inexplicable.

La vida adulta está para muchos dedicada al trabajo.  14 de cada 100 personas trabajan menos de 35 horas por semana y querrían trabajar más (están subocupados). 28 de cada 100 están sobreocupados: con más de 45 horas por semana. Esos desvíos tienen que ver con el contexto. Entre las causas de la sobreocupación está el uso de las nuevas tecnologías y nuevas formas de trabajo que permiten hacer tareas desde cualquier lugar. Es el teletrabajo. Para lograr la independencia del tiempo se precisan programas centrados en la persona, limitar el tiempo de trabajo y legislar sobre el derecho a la desconexión digital. El subempleo impide estructurar el tiempo y dignificarlo. Changas y trabajo precario son herramientas sobrevivir en la pobreza.  

El trabajo es el organizador de la vida y la condición necesaria para la integración social.

Los jóvenes y las mujeres son los más expuestos en la relación tiempo-trabajo. La fragmentación de la vida laboral tiene un efecto devastador en la cohesión social. Porque la gestión del tiempo es un desafío personal, pero también una cuestión social.

La tecnología incide en los hábitos. Todos miran su pantalla todo el tiempo, incluso estando acompañados. Antes se iba a un bar a conversar, ahora a usar el celular. Uno de los hallazgos de las neurociencias, en economía del comportamiento y en psicología, es que se diseñan aplicaciones para generar efectos adictivos, en laboratorios de teoría persuasiva, cuya meta es investigar cómo usar las apps y las páginas web para controlar lo que la gente piensa y hace.

Eso hace que quieras mirar 1 capítulo de una serie y termines mirando 8. Te tenías que acostar temprano y a las 3 de la mañana estás pegado a la TV. Así logran que, en cualquier tiempo muerto, mires las redes sociales y sientas una orfandad desesperante si te olvidas el teléfono.

Hay mentes brillantes abocadas a que la inteligencia artificial y los algoritmos atrapen la mirada y eso se conoce como economía de la atención. Por eso estás tan disperso y desconcentrado. Ahora estás conectado y comunicado, pero con la soledad más grande de la historia.

La clave para no sentir soledad es poder estar solo sin angustiarte. Cuando pierdes la capacidad de introspección, para que el tiempo en soledad sea constructivo, sientes la soledad. Y por eso puedes estar solo rodeado de gente, que es la peor soledad. Es lo que se vive hoy: estás en contacto con los que nunca veías, y sin embargo las relaciones nunca fueron tan superficiales.

El uso inteligente de la tecnología.  La economía de la atención llegó para quedarse y brindar servicios útiles, como Google Maps, entre tantos. Pero ¿Cuál es el balance?

Una metáfora es la comida chatarra. Cuando apareció no teníamos una idea clara de que no era comida buena y la llamábamos “comida rápida”. En algún momento nos dimos cuenta que era malísima: con muchas calorías y grasas y pasamos a llamarla “comida chatarra”.

A la tecnología se la consume como si fuera buena, pero tiene desventajas. Y si adviertes que el uso te hace daño, debes aprender a manejar el espacio que les das en tu vida. Es peligroso usarla sin entender cómo funciona. Cada servicio ofrece condiciones que aceptas sin mirar. Lo que estamos haciendo es firmar un contrato sin leerlo siquiera. Igual es imposible leerlo, están diseñados para que no se puedan leer, pero se consienten cosas peligrosas.

Hay aspiradoras robóticas que pueden aspirar toda tu casa. Primero arman el mapa para no chocar con los muebles, luego se mueve con libertad. No sólo ven los objetos sino que hacen un mapa tridimensional de tu casa. Google primero mapeó todas las calles, después el interior de edificios icónicos y ahora también está mapeando el interior de tu casa sin que lo sepas.

Es simple, lo aceptaste. Antes de digitalizar logran tu consentimiento sin saber que uso le darán. ¿Van inventar productos como Google Maps? Street View parecía insólito. Hoy tienen el mundo relevado y con satélites sacaron fotos para armar edificios tridimensionales.

Los derechos del consumidor. Las aplicaciones son espectaculares, pero estamos jugando con la cancha inclinada en contra y nunca vamos a meter un gol. Los usuarios debemos sabe cómo funcionan las plataformas, tomar decisiones informadas y firmar contratos que sean entendibles. Saber que quieren hacer contigo y no dejar que entren a tu casa para manejar tu mente.

En el  mundo del trabajo. Los cambios van tan rápido que no te das cuenta. El síntoma es la obsolescencia temprana de la gente. Si te despiden a los 45 años ya eres viejo y no encuentras trabajo.  Estás física y mentalmente impecable y con experiencia pero la experiencia juega en contra. Y esto es porque haber hecho siempre lo mismo no es experiencia.  Es tener mucho pasado y cada vez el pasado es un peor predictor del futuro. Entonces, cuando las reglas de juego cambian, tener mucha experiencia te ubica en un peor lugar. Porque todos tenemos resistencia al cambio. Si te formaste con un modelo mental, según el cual eres tu empleo (soy abogado, soy contador, etc,) probablemente te conviertas en un conservador. Lo mejor es tener curiosidad con lo que viene, soltarte del pasado y prepararte. Si la competencia del futuro es entre inexpertos flexibles y expertos rígidos, ganará el inexperto flexible y por goleada.

La escuela no reacciona. Está en otra sintonía. Imparte contenidos del siglo XIX con métodos del siglo XX. Hay que traerla al siglo XXI.  Lo loco es que los alumnos toman las escuelas para que no se haga el cambio. La agenda de los chicos es reaccionaria. No dicen ese cambio no, este sí. No tienen agenda de cambio. Tendrían que pedir escuelas actualizadas al siglo XXI.

Empresas en escala sobrehumana. Facebook tiene 2.300 millones de usuarios, y ya no puede ser gestionada por humanos. En Youtube se suben unas 300 horas de video por minuto. Si uno quisiera separar los videos con contenido impropio, nadie podría hacerlo.

La única manera es a través de algoritmos. Son empresas donde la inteligencia artificial es la única herramienta posible para gestionar el negocio, no se puede manejar de otra forma.

Antes estaba el jefe, el empleado y el consumidor. El jefe daba una orden al empleado. Ahora entre la empresa y el usuario hay una capa intermedia, el software, e increíblemente nadie le puede dar órdenes directas. A lo sumo se le puede decir que maximice el algoritmo.

Los sistemas humanos también están yendo a una escala sobrehumana. Administrar un país, por la gran cantidad de decisiones que hay que tomar, no puede ser bien hecho por personas, van a ser mejores resueltas por algoritmos. El problema es cómo construirlos.  Vas a votar al político que proponga los algoritmos que van a gobernar mejor, porque obviamente un algoritmo tiene ideología. Según como esté programado, puede tomar una decisión u otra.

La maduración de las realidades alternativas. El cambio más notorio será la realidad virtual y la aumentada. La combinación de aparatos más livianos, cómodos y con precios razonables, más el 5G -con un ancho de banda monumental- permiten hacer mundos de inmersión.

Si hoy te cuesta dejar el celular, va a haber gente que no se va a querer sacar el casco, porque realmente van a poder crear experiencias tanto mejores de lo que les pasa en la vida cotidiana.

Para criar genios. Laszlo Polgar utilizó su propia familia y convenció a su esposa acerca de las bondades de su método. Sembró  el amor por el ajedrez en sus tres hijas, quienes comenzaron con las prácticas a los 3 años. El resultado: tres ajedrecistas superlativas. Judit, fue la mejor jugadora de todos los tiempos. El ajedrez demanda concentración asociada al estado de flujo, gratificante y necesario para la resolución de problemas. Hoy hay “crisis de atención” provocada por la exposición desmedida de los chicos a las pantallas de celulares, tabletas, consolas de juego. El desafío del ajedrez es concentrarse para tomar decisiones complejas y es óptimo para no distraerse y afrontar los problemas cada vez más complejos del mundo actual.

La concentración es la esencia del ajedrez. Los profesionales necesitan estar horas sin entrar a cada rato a ver las notificaciones, y para ello desarrollan métodos como dar una caminata o escuchar temas musicales antes de la partida. La concentración hace emerger una conciencia del estado de ánimo, una apreciación del método y hasta un compromiso con el sentido.

Todo ocurre mientras se multiplican los  resultados de efectos nocivos de la exposición a pantallas. Hay12 reglas sobre el uso de tecnología, entre otras incluyen nada de celulares hasta antes del verano previo a la secundaria, nada de pantallas en el dormitorio y cero redes sociales hasta los 13 años. ¿Y si alguien viola las reglas? 24 horas offline de castigo, sin excepciones. Con la explosión de Internet y lo barato de los contenidos, la atención es el botín más preciado.

Desigualdad de atención. En un mundo rico en información, esa abundancia tiene su contracara: una escasez de lo que la información consume: la atención. La riqueza de información produce una pobreza de atención y la necesidad de “asignar” esa atención escasa en forma eficiente a la sobreabundancia de fuentes que podrían consumirla.

La larga cola. Se supuso que Internet haría rentables negocios de nicho al no depender de los costos de exhibición offline. La “larga cola” (de la distribución estadística) se volvería más ancha. Y, sin embargo, toda la evidencia apunta a que Internet homogeneizó los gustos y preferencias y no agregó variedad en los grandes números. Las economías de superestrellas (unos pocos se quedan con todo) son más potentes en Internet que en el mundo desconectado.

Desigualdad de la atención. La pobreza se mide con el coeficiente de Gini, el coeficiente de Kardashian, mide la atención. Hay cada vez más personas por debajo de un umbral de atención mínima. Kardashian muestra mayor desigualdad Gini: que hay una mayor chance de salir de la pobreza, ser millonario o convertirse en celebridad, con el foco de atención puesto en las redes.

La revalorización de la capacidad de atención. Es  postulada por los mayores expertos globales en inteligencia artificial. Demis Hassabis es el creador de DeepMind, la empresa que viene dando batacazos en los últimos 3 años con triunfos de algoritmos sobre humanos en el juego Go. Dijo que debe su exitosa carrera a la capacidad de concentración que le dio el ajedrez.

Sin concentración, no serás libre. La batalla por la atención ha entrado en la política. El supuesto general es que la tecnología da una visión pero no hace nada, sino que uno evalúa la información y decide en base de ella. La realidad es que la tecnología moldea el pensamiento, se hace cargo, toma el poder y te maneja. El pensamiento crea la falsa ilusión de que uno está a cargo, que controla, cuando en realidad la tecnología crea el pensamiento y te controla.

Se rinde más si los horarios se ajustan al reloj interno. Rinden más si se alinea el horario interno o cronotipo. No hacerlo rebaja el rendimiento y si se vuelve crónico, afecta la salud y bienestar.  Los matutinos tipo alondra, como estas aves, muestran preferencia por levantarse y acostarse temprano. El búho tiene un cronotipo menos madrugador y más trasnochador.

Eso depende de factores externos como la luz, la cultura y la edad. Por eso, si de niños solemos ser “alondras”, al llegar a la adolescencia hay un quiebre y nos volvemos más “búhos”.

Cuando el horario interno está alineado se duerme mejor. El jet lag social es la desincronización entre el reloj biológico y el horario de destino en un viaje. Podemos tener jet lag sin movernos de casa. Si el horario del reloj es diferente al que nos imponen socialmente, sufrimos un desfasaje.  Hay muchísima evidencia de que los desfasajes crónicos y la falta de sueño es algo que ocurre en los adolescentes, particularmente en los de turno mañana.

Cuando se vuelve crónico, el cuerpo se resiente. Puede haber trastornos en el sistema inmune, una mayor preponderancia a ciertas infecciones o enfermedades. Esto lleva a un mayor ausentismo y a un menor desempeño cognitivo y físico.  Los resultados sugieren que un cambio en el horario de inicio escolar hacia más tarde  haría que los adolescentes obtengan una duración de sueño más cercana a la recomendada. Ajustando mínimamente este horario va haber una gran diferencia, que las clases empiecen 40 minutos o una hora más tarde. La atención varía según la materia. La asociación entre el cronotipo-rendimiento es más fuerte en matemática que en lengua en el turno mañana. Una posibilidad de disminuir las diferencias sería evitar matemática en las primeras horas del cronograma escolar de ese turno. La razón es cultural. El alumno argentino no es raro, sino que tiene un reloj biológico que tiende a tener sus agujas retrasadas en matemáticas más que en otras materias, y por la noche se da el mismo efecto en lengua.

Al compás del reloj.  La combinación entre acostarse tarde y comenzar muy temprano es fatídica para el estado de ánimo, la salud y las calificaciones. Entrar en un aula a primera hora nos muestra a jóvenes literalmente dormidos. Hay evidencia de que retrasar el comienzo de las clases (de manera que sea compatible con el transporte, la dinámica familiar y docente, y las restantes actividades) redunda en menos ausentismo, mejor disposición y mejor desempeño.

La economía de la atención. Si resucitara un neurocirujano del siglo XX se sentiría perdido en el quirófano moderno, pero un maestro estaría muy cómodo en el aula. Aun se aplica la frase de Sarmiento: “la letra con sangre entra”. Al contrario Nietzche afirmó que “los métodos son la mayor riqueza del hombre”. Así como a un soldado se le enseña a manejar el arma, el niño debe aprender a utilizar su principal herramienta que es el cerebro, el órgano que le permite imaginar, pensar y emocionarse. En las últimas décadas se aprendió más sobre él que en todos los siglos anteriores. La educación es la industria pesada de un país: el futuro está sentado en el banco de la escuela. La publicidad empuja al consumo. El consumidor se integra por las buenas o por las malas. Podríamos crear un mundo mejor, reforzando y educando los buenos propósitos y enfrentando los antivalores. Somos teledirigidos por el radar que la sociedad de consumo ofrece para imitar a la moda y a los ricos y famosos. Aprendamos a usar el poder interior con la brújula del autoconocimiento. La mejor economía y administración de la atención pasa por saber lo que uno quiere, eso se logra descubriendo al genio interior.

Hagamos  de la escuela el gran laboratorio social donde los niños aprendan a usar su cerebro.

*Director de Ilvem. Mail horaciokrell@ilvem.com o por whatsapp al +5491154224742

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