El que tiene coronita

Opinión

Prohibido fumar, salvo en la Legislatura

Por Pablo Tomino
Especial para lanacion.com

Se encamina Buenos Aires hacia una ciudad libre de humo. Desde diciembre pasado, la Legislatura porteña extendió la prohibición de fumar a todos los espacios cerrados de acceso público, tanto estatales como privados (teatros, bares, restaurantes, cines, salas de recreación como los bingos, confiterías y cafés) con el fin de “proteger a la población de los efectos nocivos del humo del tabaco ambiental, prevenir en el inicio del consumo de cigarrillos, restarle socialización al uso y disminuir el consumo de fumadores”, tal suscribe la norma.

Esta saludable medida, que comenzó a regir en la ciudad desde 2006 aunque con menores alcances, tuvo un alto acatamiento entre vecinos. El control social sobre esta prohibición modificó más conductas que las contadas inspecciones que la ciudad llevó –y lleva- adelante para hacerla cumplir. Lo paradójico: en el emblemático edificio de la Legislatura porteña, donde se gestó esta norma que garantiza la protección de la salud pública de todos los que residen, trabajan o transitan por la ciudad, no se cumple.

Allí, algunos legisladores (y afines) hacen caso omiso de la ley antitabaco. Salvo en el recinto, a salvaguardo tal vez por la presencia de las cámaras de la televisión que podrían advertir esta contraproducente imagen, los pasillos y las oficinas están viciadas de humo. “Qué querés que haga… no puedo salir a fumar a la calle en medio de la sesión”, explicó el año pasado un legislador de Proyecto Sur en el hall principal del palacio legislativo. Aunque no se trata de un mal exclusivo de algún partido político, ya que hay fieles representantes oficialistas y opositores de lo que no debe hacerse.

Si se tiene en cuenta que esta norma porteña vendría a reforzar el tratamiento por parte de la Cámara de Diputados de una ley nacional de control de tabaco, que ya tiene media sanción en el Senado, es deseable que quienes escriben las reglas sean los primeros en cumplirla. Tan simple como poco practicable. Es cierto, algunos diputados no fumadores protestan por estos sucesos repetidos, pero hacen poco y nada para aleccionar a sus compañeros de banca. Y vale reiterarlo: el control social de esta norma es lo que garantiza su eficacia.

El mismo deber le cabe a quien controla: el gobierno porteño. En Bolívar 1 se mitigó bastante el consumo de cigarrillos dentro del edificio, con fuertes campañas internas de multas y advertencias. Y se respeta bastante, más allá del rebelde dispuesto a desoirla.

En general, prohibiciones como ésta, tal vez antipopulares para el termómetro de los votos, provocan reclamos de los que se ven afectados directamente (los fumadores activos, en primer lugar, y los comerciantes, en segundo), pero es festejada por una buena parte de la población que eligió no hacerlo; que optó por un camino más saludable, lejos del humo ajeno que enferma y hasta puede causarle la muerte.

Por eso, si el plan de Buenos Aires es situarse a la par de las grandes ciudades del mundo en políticas de control de tabaco, sus gobernantes deben ser el espejo donde la sociedad se mire. Nadie dijo que es fácil lograrlo. Pero el primer paso, ineludible, es dar el ejemplo.


Comentario de Horacio Krell

El que tiene coronita. El hombre es hijo del rigor. El altruismo aumenta la probabilidad de supervivencia de otros a costo personal. Es un sacrificio a beneficio de los demás. Hobbes creía que el hombre es el lobo del hombre. Para la teoría del gen egoísta el altruismo es un disfraz aplicado sólo a parientes y amigos. Un gen se replica a sí mismo y sobrevive  encarnándose en seres vivos. El gen es eterno el individuo no. Que no haya altruismo no significa que no exista un contrato social.  

El cocodrilo deja que un pájaro le coma los insectos que tiene encima en lugar de comérselo. Si cada cocodrilo hiciera eso, los pájaros desarrollarían un mecanismo de alerta y dejarían de acercarse. El legislador porteño ha demostrado muchas veces que se parece al cocodrilo. La tecnología puede ayudar a humanizarlo y a que respete la ley. Así como se evita que un boquetero robe cajas de seguridad con filmaciones monitoreadas, lo mismo se puede hacer en la legislatura. Filmarlo y multarlo como hacen ellos con el cualquier infractor.

Doctor Horacio Krell
Director Fundador
horaciokrell@hotmail.com

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