El método para aprender toda la vida

EL MÉTODO PARA APRENDER TODA LA VIDA

Por Horacio Krell*

Antes se estudiaba una profesión para ejercerla para siempre. Pero el cambio vertiginoso provocado por las nuevas tecnologías hacen obsoletos muchos conocimientos y profesiones. Hoy se requiere una actitud abierta ante el cambio, tomar uno mismo el control de la formación y aprender lo que sea necesario. El saber tiene fecha de vencimiento y no llega a 10 años.

El virus Coronavirus demostró la falta de actualización para enfrentar esta pandemia.

Si resucitara un neurocirujano del siglo pasado se sentiría perdido en el quirófano moderno. En cambio, un maestro se sentiría muy cómodo en el aula actual, donde poco cambió.

En la secundaria se dedican 1.300 horas anuales a educarse. En la universidad este número se reduce a 475 horas y hasta los 34 años a 126. Entre los 35 y 54, se estudian sólo 27 horas al año. Aprendizaje indirecto. Muy pocas horas se dedican a enseñar el funcionamiento del cerebro y los métodos que optimizan su rendimiento. Aprender a programar, por ejemplo, aporta habilidades indirectas como la de dividir un problema en varios sencillos, reconocer patrones,  capacidad de abstraer y pensamiento algorítmico. No se puede estar actualizado estudiando 7 minutos por día y sin técnicas de estudio modernas. Conseguir empleo a los 45 años es una misión imposible porque el valor de la experiencia decrece ante tanta desactualización.

Se precisa un cambio radical en la educación y en la asignación del tiempo. Después de la inversión intensiva inicial habría que dedicarle al menos el 20% de la agenda diaria.

Bill Gates llegó al éxito porque era bueno pero  tuvo 10 mil horas de práctica. Fue a una escuela secundaria con computadoras en un momento en el cual pocas tenían Internet. Su casa estaba cerca de la Universidad de Washington y así tuvo acceso a computadoras complejas. Cuando Harvard lo aburrió decidió retirarse sin obtener su título de ingeniero. Gates es brillante, pero la suerte lo ayudó. Para Pasteur: el azar sólo favorece a las mentes preparadas.

Aprender a desaprender. Algo de lo nuevo encaja con lo sabido y refuerza las creencias. Otras novedades entran en conflicto con la experiencia. El niño tiene un recipiente vacío y lo nuevo penetra. El adulto debe desprenderse de los prejuicios, salir de su zona de confort, revisar lo sabido y no resistir al cambio con falsas razones que le impiden desaprender. Un experto flexible hace un esfuerzo consciente para dudar. Toffler dijo: los analfabetos no serán quienes no sepan leer y escribir, sino quienes no sepan aprender, desaprender y reaprender.

Las nuevas habilidades. La tecnología crea puestos nuevos que requieren capacidades distintas. Ser “empleable” implica reentrenarse para cerrar la brecha de capacidades y adaptarse al cambio. Antes se pedían habilidades duras: experiencia, saber técnico, alta dedicación y cumplir normas. Hoy se demandan habilidades blandas: liderazgo, resiliencia, comunicación, flexibilidad, aprendizaje continuo, creatividad, innovación y romper reglas.  El desafío es apuntar a un blanco móvil y desarrollar la capacidad de anticipar los escenarios que se avecinan.

¿Qué delegar a la inteligencia artificial? ¿Cómo jugar en equipo con ella? ¿Cuánto tiempo estudiar?  ¿Cuáles son las deficiencias y qué aprender? ¿Estar decidido a seguir aprendiendo?

Volver a estudiar. Hay que aprender a equivocarse, el error hace normal el proceso de búsqueda y construcción. Encarar el aprendizaje apoyado en la curiosidad y en los interrogantes ofrece un mundo lleno de oportunidades. El asombro es el motor del aprendizaje. La clave para el éxito en el mundo que viene es la capacidad de innovar sobre problemas reales. Es la hora de recuperar y dar rienda suelta a la curiosidad y de cultivar vínculos fuertes y nuevas relaciones.

La energía no será la misma que a los 20. Dijo Kennedy sobre el viaje a la Luna, la idea no es intentarlo porque es fácil, sino porque es difícil. La mente necesita ejercicio para estar ágil.

Ante la obsolescencia del saber, la clave es ser protagonista, crecer y ampliar el horizonte.

Tomar las riendas. Tener un título resulta un atractivo. Pero la desactualización rápida del saber hace que un diploma no luzca tanto. Debe demostrarse en los testeos y entrevistas previas.

En el otro extremo está el movimiento Uncollege, que promueve no ir a la universidad. Dicen que los exámenes son modos artificiales de mostrar el conocimiento. Sacar buenas notas prueba que uno es bueno en las evaluaciones, pero eso no implica saber resolver problemas reales.

Las mejores instituciones del mundo comparten online sus cursos, gratis o a costos accesibles. Eso permite salirse del programa y construir la propia carrera. Intercalar 5 semanas de voluntariado en otro país es más atractivo para un empleador que más horas en un aula.

Lo mismo que las pasantías laborales o proyectos como paso hacia una articulación más fluida con el mundo laboral. Participar de experiencias permite construir redes de contactos.

Lo importante es no construir desde cero y dejar de hacerlo cuando se está completo, sino añadir facetas y estar actualizado. Así se puede tomar las riendas y diseñar el propio desarrollo.

Formas de estudiar. Las habilidades del mañana son: flexibilidad cognitiva, saber negociar, orientación al servicio, tomar decisiones, inteligencia emocional, coordinación y trabajo en equipo, liderazgo, creatividad, pensamiento crítico y de diseño, resolución de problemas, oratoria, armado de presentaciones, metodologías ágiles, programación, manejo de proyectos, dominio de software específico, contar historias, administrar las finanzas personales, etc.

El conocimiento nuevo no viene alineado con la manera en que están empaquetados los cursos. Los cursos blandos mezclan instancias presenciales y otras remotas. Algunos usan la lógica de “aula invertida”. En vez de ir a clase y ejercitar después, se ve la clase antes y luego se discuten las dudas, se intercambiar ideas y se practica con un docente. Lo presencial aumenta el compromiso y la continuidad, pero la sincronía es otra cosa. Puede haber un escenario intermedio: una clase donde todos se conectan al mismo tiempo, pero desde lugares diferentes. La sincronía enriquece la experiencia al ser compartida. Pero los horarios rígidos le restan flexibilidad y pueden hacer más difícil integrar el estudio con las demás actividades.

Sucede que en el contenido de internet, la oferta en inglés es más amplia. A futuro la traducción automática eliminará tal restricción, pero mientras tanto, sigue siendo importante dominarlo.

¿En qué lugares y momentos estudiar? Si la idea es usar la computadora, todas las plataformas son buenas. Pero desde el celular, algunas están mejor adaptadas. Las mejores tienen disponible el contenido y permiten descargarlo para poder mirar los videos en momentos en que no se tenga conexión, por ejemplo en aviones y evitan gastar demasiados datos.

Todos los caminos y fuentes son válidos. Se pueden leer libros, escuchar podcasts, buscar un profesor particular, asistir a conferencias, tomar cursos de extensión, armar grupos de estudio. En ocasiones se precise demostrar lo que se sabe. Hay cosas que seguramente se aprendieron sin haberlas estudiado, por experiencia, por leer, etc. Sea manejo de planillas de cálculo, gerenciamiento de proyectos u oratoria, todos adquieren habilidades que no pueden comprobar.  Degreed permite demostrar y certificar capacidades, rendir  libre y obtener el diploma. En los próximos años existirán herramientas basadas en inteligencia artificial para detectar  habilidades y ayudar a enfocar los esfuerzos en las áreas que generen mayor impacto. Surgirán tutores basados en IA que supervisen y acompañen, para monitorear los avances, revisar evaluaciones, proveer feedback, ayudar a entender y recomendar cómo maximizar el aprendizaje. Aprender es una habilidad que en algún momento se practicó, pero ahora no se ejercita. Así que el primer paso es aprender a aprender. La educación ya no es cosa de niños. El desafío mayor es para los grandes. Aprender toda la vida no es imposible con tantas herramientas y recursos a disposición.

Cursos de metodología intelectual. Desarrollan las 4 A del aprendizaje: aprender a ser, aprender a aprender, aprender a hacer y aprender a convivir. Se cursan online y en forma personalizada las 24 horas. Se enseña a usar y a sacar el máximo provecho del cerebro conociendo su funcionamiento y las metodologías para conseguirlo. Aplican las neurociencias a la educación y se enmarcan en la teoría de las inteligencias múltiples y complementarias.

Todos tenemos un genio interior a descubrir y potenciar. Descubrirlo genera empowerment o poder interior, desarrollarlo implica eliminar los bloqueos que traban la energía e impiden convertir la fuerza espiritual en resultados materiales y concretos. En lo pedagógico ofrecen una modalidad mixta: a distancia y presencial, porque de lo que se trata es de incorporar un hábito. No basta con entender el concepto en una clase sino de hacerlo propio, para lo cual se debe construir un modelo diferente del quehacer intelectual mediante la práctica de ejercicios.

Esta opción intermedia cuenta con un coach para evacuar las consultas en todo momento, lo que, la enseñanza tradicional, que no posee esa tecnología, no puede brindar.

Las clases y consultas se dictan por mail, whatsapp, skype y el acceso a la plataforma. La clave no es cursar sino aprender y esto se consigue con práctica y evaluación. La duración depende del rendimiento y por lo tanto varía de persona a persona, pero en todos los casos se avanza por resultados. Esta versión no incrementa ni reduce los aranceles, el precio es fijo e inamovible.

El hacer tradicional se basa en la fuerza bruta, como decía Sarmiento: “la letra con sangre entra”. En cambio aquí se postula que “los métodos son la mayor riqueza del hombre”.

Nosotros creamos el hábito y luego el hábito nos crea (para bien o para mal). Por eso se empieza por detectar los malos hábitos a través de un test de rendimiento intelectual. Para que esto no tome de sorpresa se aclara que la mayoría rinde tan solo el 10% de su capacidad potencial.

Mediante el diálogo se aconseja cursar como Instructor en metodología intelectual, carrera con salida laboral que incluye la franquicia para trabajar  como docente, investigador o franquiciado, o bien como alumno para aumentar su rendimiento. Como instructor la exigencia es mayor pero se potencian los resultados ya que la mejor forma de aprender es enseñar.

La última noticia. Como en una película de ciencia ficción el mundo y el pensamiento giran sobre información, estadísticas, precauciones y miedos sobre la pandemia global coronavirus.

Un trauma colectivo provoca crisis en salud pública, economía, sociedad y en la conducta: el miedo generalizado y creciente hace pensar y actuar irracionalmente. El mecanismo biológico que gobierna mente y cuerpo se dispara automáticamente. Desde la antigüedad el miedo fue la respuesta biológica y psicológica que aseguró la supervivencia con la reacción de atacar o huir.

El mecanismo se mantiene. Su versión moderna es la ansiedad, no dirigida hacia un riesgo presente, sino orientada al futuro, para detectar y prevenir sucesos negativos. Es una respuesta útil si no interfiere, porque tiene duración y frecuencia acotadas. Pero ante lo incierto, se complica. El miedo paraliza, reduce la capacidad de resolver problemas e impide accionar.

Se precisa rebajar el tiempo dedicado a las noticias y buscar apoyo en la verdadera red social.

Somos seres sociales que usamos lo que hacen otros como atajos para decidir. Es un mecanismo simple, la reacción es imitar y eso provoca un círculo vicioso y un problema mayor.

Se debe enfocar la atención en la información oficial, precisa y experta. La voluntad de ayudarse mutuamente es esencial. El verdadero compromiso cotidiano es ocuparse de uno mismo  y de los demás al mismo tiempo. Coraje no ausencia de miedo, sino el valor de advertir que el destino individual está ligado al colectivo. Es tentador confiar en instintos como la alarma, el egoísmo o la información sesgada. Pero es la capacidad de altruismo, cooperación, sentido de propósito e inteligencia colectiva lo que  permite enfrentar esta pandemia.

El desafío de aprender toda la vida pasa por la inteligencia esencial: descubrir el propósito que nos guía, administrar las emociones, el intelecto y las relaciones con los demás.

Siempre es igual. El mundo demora en detenerse y la avanzada microbiológica capitaliza la costumbre humana de negar la existencia del mal que ya lo somete. El virus avanza contra cualquiera. Muchos coinciden sobre lo qué hay que hacer mientras se espera la vacuna.

En todas partes el aislamiento social es asumido como mal menor y camino hacia la curación. La distancia social no implica desamparo. Es una distancia que aproxima por senderos solidarios. El encierro abre puertas diferentes entre los unos y los otros. Hay un caos que logra la unidad global con una sincronía extraña y efectiva. Se trata de detener el movimiento.

Hay que aplanar la curva. Es lentificar o frenar la propagación del virus para que los casos se den más adelante en lugar de experimentar un fuerte aumento al principio. Japón es un ejemplo de “curva plana”: el número de casos pasó de 1 a 480 entre el 16 de enero y el 9 de marzo (9 casos por día). En Italia explotaron (de 3 el 31 de enero a 9.000 el 9 de marzo). Esta curva pronunciada ha tenido más de 230 casos por día, es decir, 25 veces más por día que Japón.

Un aumento brusco de los casos es una verdadera pesadilla porque aumenta la carga sobre los sistemas de salud, lo que impide la correcta atención de los pacientes. Vivir puertas adentro no cura del todo. Algunos empecinados afirman que “el mundo ha caído en una fijación psicótica”. El virus es invisible pero existe, enferma y mata.  La enfermedad no se detiene ante los relatos progresistas. El miedo tiene fundamentos. ¿Hay psicosis? Sí. ¿Hay que atenuar la psicosis? Sí. ¿Hay que despreciar al virus? No.  Hay circunstancias terribles de la vida que suceden de manera imprevista. Hay estremecimiento colectivo y padecimiento conjunto. Accidentes insólitos y masivos de la existencia. Enigmas acuciantes que provienen de una dimensión invisible y agresiva. El virus ataca organismos comunitarios debilitados o rozagantes: no se detiene ante nadie pero tampoco se apiada y causó una catástrofe inesperada. Es el juego perpetuo entre la vida y la muerte. De pronto, tal vez, en momentos como éste, asomen valores que se suponían perdidos. Estamos solos y sorprendidos. Pero seguimos resistiendo.

Es un momento para seguir aprendiendo siempre a mezclar las cartas y a dar de nuevo.

“A Dios rogando y con el mazo dando”

*Director de Ilvem, mail: horaciokrell@ilvem.com , whatsapp: +5491154224742

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