El conocimiento es el único bien que crece si se lo comparte

EL CONOCIMIENTO ES EL ÚNICO BIEN QUE CRECE SI SE LO COMPARTE

por Horacio Krell*

Ante la emergencia provocada por la pandemia, la colaboración fue el modo de prepararse para enfrentarla. Los que practican el open source consideran que la sociedad no puede basarse en el éxito individual. Open source (o código abierto) hacía referencia a un código diseñado para que sea accesible al público. Cualquiera puede ver, modificar y distribuir el código que crece descentralizada, colaborativamente y dependiente de la revisión entre compañeros y es producido por la comunidad. Por eso es más económico, flexible y duradero que las alternativas propietarias, porque el el aporte es de un grupo y no de un solo autor o  empresa.

El open source es hoy un movimiento y una forma de trabajo que trasciende la informática. Este movimiento utiliza sus valores y el modelo de producción abierto para solucionar problemas. Compartir conocimientos no es una novedad, sobre todo para las empresas de la industria IT, pero su finalidad no es solo filantrópica. La ciencia está basada en compartir: así crece y esta industria no es una excepción. Las prácticas y las soluciones suelen ser expuestas, y eso hace que todos crezcan. Incluso genera que muchos se interesen por estudiar, y eso hace aflorar los mejores talentos. Los ciclos abiertos para compartir y aprender programación se van encadenando uno con el otro, y se dan en un marco más de comunidad que de empresa.
Hasta se juntan programadores, artistas y cualquier persona que quiera participar para hacer ejercicios de improvisación y creatividad contra reloj. Toman una idea, realizam un prototipo y lo desarrollan.

Open Covid de IBM. IBM torga acceso gratuito a las patentes de la compañía a quienes desarrollan tecnología para ayudar en el tratamiento del coronavirus. La participación abarca miles de sus patentes de inteligencia artificial. El enfoque es abrir hacia la comunidad y la premisa es “tomá, miralo y vení que te ayudo a usarlo”. Y lo hacen porque creen que este ecosistema facilita también la gestión dentro del mercado de sus propias soluciones. Esto funciona porque ser dueño de una propiedad intelectual hoy es efímero.

El valor de tener un código, si no es el centro de un trabajo, es egoísmo y hoy no tiene sentido ocultarlo. Cuando se comparte se da más vida en el tiempo a lo que se hace y además posiciona en el mercado. Hace 20 años no se daba, hoy la clave es compartir, porque equilibra el juego y acelera el desarrollo tecnológico.

Que una compañía más chica pueda hacer uso del conocimiento de otra mayor permite que todos puedan apalancarse más rápido, y al que da, lo impulsa a no quedarse. El secreto ya no sirve, hay empresas que ofreciendo parte de sus saberes a través de su track de capacitación detectan talentos que hoy escasean.

No todos pueden hacerlo. Formar parte de un proyecto que practica  un software libre da renombre al que lo ofrece y al que participa, es como abrirse hacia la comunidad  y no todos pueden hacerlo.  Obliga,  por ejemplo, a ser ordenado y prolijo, hay una biblioteca open source que está en vigencia y actualiza sus contenidos desde 2006. Tiene más de 8000 descargas mensuales, y a su vez se apoya en otras. Cambió el paradigma de que compartir está mal, esa concepción no va más. El conocimiento crece cuando se comparte, Las gigantes del mundo IT no se quedan atrás. El código abierto es una de las bases de la filosofía de Google, porque favorece la diversidad de ideas y permite unir a usuarios, colaboradores y empresas para mejorar el software. Esta idea está en el núcleo de su infraestructura, procesos y cultura. En 2017 lanzaron Google Open Source, sitio que reúne sus iniciativas, con información sobre cómo apoyan el código abierto.

Microsoft también tiene en su ADN compartir su conocimiento, un pilar de la colaboración que pone en el centro al usuario. No existirían sistemas de IA éticos, si no son entrenados y colmados de  conocimientos. También desde open source herramientas como PowerPlatform, siguen la línea de democratizar el acceso al conocimiento para que cualquiera pueda programar. A través de software de bajo código (low-code) o sin-código (no-code) los incentivan a crear sus propias aplicaciones sin tener que saber nada en particular.
Todos ganan La tendencia actual del marketing es posicionarse, pero brindando contenidos valiosos. Esto se aceleró con la pandemia. Esos materiales tienen que ser genuinos y valiosos, y esto se vio en los Webinar. Sin embargo todavía falta para llegar al momento de ver los beneficios, porque no solo se trata de que algunos den, sino también de saber recibir y aprovechar lo recibido. Cuando esto se logre, entonces se verá el impacto que producen en la economía en general y en la evolución de las empresas.
Transparencia. Ya no se diferencia un adentro y un afuera. Cuando se construyen conocimientos para un contexto complejo, como en el caso de la pandemia, las entidades no se pueden quedar puertas adentro.
En relación a estos acuerdos, desde la Cámara de la Industria Argentina del Software (Cessi) aseguran que no hacen más que poner en relevancia que las herramientas tecnológicas deben ser vistas como un aliado del negocio y no como un costo de operación, que una porción muy importante de la economía de la Argentina no está digitalizada (un 60% aproximadamente), y que esto significa en términos prácticos, pérdida de control en tiempo real del comercio y la industria y por sobre todo una pérdida de inserción al mundo real. Compartir es un mandato. En el mundo digital hay una mentalidad muy activa en crear ecosistemas y se cree que compartir conocimientos es un mandato. Ayuda a formar ecosistemas, nuevos talentos, a hacer crecer la economía del conocimiento y la del e-commerce. Es un atributo socialmente valorado que hace impacto en la innovación. De ninguna manera vale la pena guardar conocimiento, si bien es un activo, debe ser público, porque así se fomenta el crecimiento de la economía y de la industria. Esta es la era de la economía colaborativa, en la que una compañía utiliza una plataforma existente para crear un negocio, apalancándose en una solución anterior ya probada  Un claro ejemplo de esto son las distintas plataformas de delivery, transporte o logística que se integran con otras aplicaciones, tecnologías de geolocalización o GPS, para crear otro negocio con mayor valor agregado. Ninguna de las soluciones deja de existir por compartir ese conocimiento, sino que ambas se potencian en la interacción. Argentina tiene excelentes profesionales para aportar conocimiento a iniciativas y problemáticas globales. Puede obtener beneficios económicos relacionados a la industria del conocimiento mediante esquemas globales de colaboración. Pero para lograr esto es importante que se termine de instrumentar una inteligente ley de la Economía del Conocimiento.
Lo que se está dando es una nueva tendencia de una vieja modalidad, donde se prioriza el intercambio del conocimiento por sobre el autarquismo. A nivel macro, una nueva ola de competitividad irrumpe por sobre la competencia tradicional abriendo un sinfín de posibilidades de colaboración y eliminación de ineficiencias.
A nivel micro, se construye sobre la necesidad humana de sociabilizar, pero esta vez aplicada a compartir experiencias y desafíos laborales con personas de afuera de las organizaciones.
Cocreación. El mundo emprendedor no es ajeno al fenómeno. La cocreación es la tendencia, ahí todos ganan. Cada vez está más demostrado que no es el qué, sino el cómo ejecutarlo. Antes los emprendedores no contaban su idea hasta verla lanzada, hoy hay clubes en los que todos comentan ideas, porque lo difícil está en ejecutarlas, y eso no se transmite con contarlo, porque depende de tener las  personas y los equipos.
Y los datos corroboran este sentir. Si se lo analiza en perspectiva, el ecosistema argentino es uno de los más colaborativos, por encima de Madrid, Ciudad de México y Santiago de Chile. Además, las motivaciones para generar estas colaboraciones no son financieras o relacionadas con la búsqueda de capital para desarrollar una idea, sino que se basan en la búsqueda del impacto positivo en el ecosistema. Inclusive, hacer industria, traspasa la frontera de lo digital. Por ejemplo, la empresa Barbieri, especializada en insumos para la construcción en seco, realiza un programa llamado “Rutas de Capacitación”, mediante el cual recorre el país compartiendo conocimientos a través de su red de distribución. Así, difunden sus ventajas competitivas y el aporte a la sustentabilidad de esta metodología. Ilvem es una empresa que comparte sus conocimientos con la sociedad para crear fábricantes de ideas, relaciones productivas y desarrolladores de franquicias sociales.
Potencial de uso. En el caso de la tecnología médica, al tratarse de un ecosistema interdisciplinario, y de contenidos complejos, potencia el desafío para que cada actor en el proceso de atención del paciente maximice el aprovechamiento de esa tecnología, que redundará en beneficios a quien recibe el tratamiento, Hay un gran potencial en el abrir, pero todavía hay muchas resistencias.En nuestro país este tipo de práctica se da en el agro, con gran resultado ya que el sector es muy competitivo a nivel internacional. En el resto, es muy tenue el desarrollo de esta modalidad. Se está dando en algunos sectores industriales, pero les cuesta mucho a nuestras empresas abrirse, el principal componente de nuestra estructura empresaria es pyme.
En definitiva, compartir conocimiento es crear valor y SeSocio es un caso de éxito. Es una plataforma de encuentro entre emprendedores e inversores cuya base es compartir el conocimiento. Cuanto más comparte uno lo que hace, más ayuda al otro a tomar decisiones. El conocimiento compartido permite que el resultado final sea mucho mejor que si cada individuo se quedara encerrado dentro de su propio negocio.
La nueva economía del conocimiento.  Existe desde que capital intelectual se convirtió  en fuente ganancias incluyendo ideas, inventos, tecnologías, programas, gestión, diseños y procesos. La riqueza hoy la poseen empresas globales, inventoras y disruptivas con capacidad de producir desde autos eléctricos hasta cohetes espaciales, en asociación con  inversores globales. La destrucción creativa apunta al valor y no al costo, a lo intangible no a lo físico, a los servicios más que a los productos. Hoy el conocimiento importa más que el dinero. No solo se innova en el qué sino también en el cómo. La arquitectura de vínculos busca asociaciones creativas espontáneas para que conformen ecosistemas. La realidad ya no se divide en economía, ciencia, tecnología, comunicaciones, contratos, administración, salud, sociología y política.
Todas las disciplinas se vinculan en un todo que resulta superior a la suma de sus partes.
Argentina y la nueva economía. En nuestro país es notable el poco flujo del comercio y de la inversión internacional, su  atraso tecnológico, el aferrarse a modelos perimidos y su incapacidad de anticipar el futuro. Su sistema no garantiza la propiedad y los contratos, ni que los agentes económicos operen sin trabas, ni una economía abierta al mundo. Al no saber lo que se quiere se montó una fábrica de impedir. El Estatismo sobrerregula para que todo quede igual. Esto impide innovar y obliga a quedarse en lo presente.
En un mundo volátil, incierto, ambiguo y complejo la inestabilidad  Argentinaes disfuncional. El cambio tecnológico, en cambio, genera una movilidad virtuosa que incentiva y que mira al futuro. Argentina padece de  una inmutabilidad que mira al pasado. Sobrevalora  la política, endiosa a un Estado impulsor, motor, controlador, rector y objetor. Eso enferma al presente, admira el pasado y asfixia el futuro. Así normaliza la psicosis, la desconfianza,  la inmovilidad y confunde el tiempo con el espacio porque el futuro está afuera. Como el conocimiento crece cuando se comparte, debería brindar las condiciones para que los ciudadanos asimilen experiencias en el uso de la tecnología como herramienta o soluciones, pues más temprano que tarde desearán saber por qué tienen que hacer fila para obtener un servicio cuando las personas del país de al lado realizan sus transacciones en línea y sin preocupaciones. Nuestra generación será la última en tolerar que deba perder su tiempo en una fila; la próxima exigirá estar en línea. Tendrán que entender los dirigentes argentinos, de una vez por todas, que el conocimiento es un bien que crece cuando se lo comparte.
El gen egoísta. El altruismo es una conducta que aumenta la probabilidad de supervivencia de otros a costa de la reducción de la propia. Hobbes pensaba al revés: que el hombre es el lobo del hombre. Para la teoría del gen egoísta el altruismo es aparente y disfrazado, no se aplica a la humanidad sino a los parientes o amigos. Un gen sería un replicante de sí mismo que logra una supervivencia estable encarnándose en los seres vivos.
Los genes son eternos: los individuos, no. Que no haya altruismo no significa que no exista un acuerdo tácito o una relación estable entre individuos de varias especies. Por ejemplo, el cocodrilo que deja que un pájaro le coma los insectos que tiene encima podía simplemente comérselo. Pero si cada cocodrilo hiciera eso, los pájaros desarrollarían con el tiempo un mecanismo de alerta y dejarían de acercarse.
La evolución cultural. Hay un mecanismo análogo al proceso evolutivo biológico, llamado meme. La herencia requiere una replica precisa que incluya longevidad, fecundidad y fidelidad. La información genética se organiza en genes. La cultural se constituye por información acumulada en la memoria y captada por imitación o por enseñanza.Mientras los genes son unidades naturales e independientes de nuestras acciones, lo cultural es construido por el hombre. Pero los memes son indiferentes a la verdad, como los genes son ajenos a cualquier finalidad. No obstante pueden mantenerse porque son ventajosos para sí mismos. Esto explica por qué, a pesar de la verdad de una teoría, ésta no es aceptada y una falsa sí lo es.
Cerebros memetizados. Como los genes los memes necesitan transporte. El vehículo es el cerebro, el soporte el libro. Así como los virus parasitan a las células, los memes parasitan el cerebro, que se convierte en un medio para difundirlo, como en las epidemias. Mientras el proceso evolutivo biológico se rige por el modelo darwiniano, la evolución de la cultura se basa en la intervención humana. Los memes se transmiten a por la educación y ahora más rápidamente por Internet. Los memes se activan y energizan según la atención que se le brinde; por eso las noticias que más venden son las que se impactan emocionalmente.
El peligro es que buscamos soluciones fáciles y no las mejores: mientras se promociona ¡Adelgace en 5 días!; cada vez hay más gordos. Los memes llegan al cerebro forman patrones: se combinan y salen, repitiendo el circuito en otras mentes, y capturando a las que no poseen filtros.
Hay que observar que estamos muy expuestos, debemos evitar la pasividad y tomar conciencia.
Controlar al gen egoísta. Quien aplique siempre un meme hará más de lo mismo. Si hace lo que siempre hizo y no lo que quiere hacer, es porque se encuentra prisionero. La trampa es conformarse con aprender las repuestas, sin formular nuevas preguntas. Se cuestionó alguna vez ¿por qué defiende una idea?, ¿es beneficiosa?, ¿no existen otras alternativas que rechaza?, ¿ que pasaría si no la usara?
Para no contagiarse de memes o genes egoístas, hay que aprender por uno mismo, para que las ideas no sean solo copias sino memes de propia elaboración. Fabricar memes es intermediar entre lo innato y lo adquirido, para llenar la página en blanco que es la mente al nacer y ser el arquitecto del propio destino.
Para no ser conducido por una opinión pública devaluada hay que formar una independiente, educada por uno mismo. El problema es que los memes buenos y malos compiten en el cerebro. Por ahora ganan los malos lo que se refleja en la desigualdad creciente. Cuando la política promueva una ciencia con conciencia social y una educación basada en la igualdad de oportunidades, el altruismo habrá ganado la batalla.
Difunda esta nota, el conocimiento crece cuando se lo comparte.
* CEO de Ilvem. mail de contacto horaciokrell@ilvem.com +5491154224742.

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