Curso de Inteligencia Aplicada

Unidad 7 – Pensamiento sistémico

I. Pensamiento sistémico

Definición

En oposición al planteo del método científico, que sólo percibe el mundo real en partes y de manera inconexa, el pensamiento sistémico considera el mundo real como una totalidad. Su punto de vista es integrador, tanto para el análisis de las situaciones como para las conclusiones que nacen a partir de ellas. El pensamiento sistémico propone soluciones en las cuales se tienen que considerar diversos elementos y relaciones que conforman la estructura de lo que se define como “sistema”.

En realidad que concibe el observador sistémico hay una estrecha relación entre él y el objeto observado; su “realidad” es producto de un proceso de co-construcción entre él y el objeto que se observa. Esa realidad ya no es externa al observador y común para todos (como lo plantea el enfoque tradicional) sino que se convierte en algo personal y particular.

 

Historia

En la década de 1950, en el ámbito de la Fisiología, se cuestionó que la aplicación del método científico a los problemas de la Biología se basaba en una visión mecanicista y causal, que no resultaba suficiente como esquema para explicar los grandes problemas que se dan en los sistemas vivos. Este cuestionamiento llevó a reformular globalmente el paradigma intelectual, y se creó el paradigma de sistemas.

 

II. ¿Qué es un sistema?

Un sistema, a diferencia de un “amontonamiento”, es una entidad que tiene una finalidad y busca concretarla. Un sistema no es equivalente a unas cuantas piezas amontonadas. Dentro de un sistema, las partes interactúan a la par que lo modifican; como en el ajedrez, la disposición de las piezas es fundamental.

 

El hombre es un sistema y forma parte de un mundo de sistemas que lo condicionan (el planeta Tierra es un sistema que forma parte de otros: del sistema solar, de la galaxia y del universo). Existen sistemas mecánicos: las computadoras, los automóviles, las calculadoras. También hay sistemas políticos (democracia, monarquía, parlamentaria, etc.), económicos (capitalismo, comunismo, etc.) e ideológicos (agrupaciones políticas, religiosas, filosóficas, etc.). Los sistemas pueden ser simples, como el mercurio del termómetro que mide la temperatura corporal, o complejos, como el clima.

Aunque los sistemas tienden a colapsar cuando las personas siguen haciendo lo mismo mientras que la realidad cambia, en algún momento aparece un mecanismo compensador que resulta de mucha utilidad para detener un círculo vicioso. Es como si el sistema tuviera  conciencia y se diera cuenta de que si sigue por ese camino, se estrellará.

Lo que es bueno hoy puede tornarse malo mañana. La clave está en eludir las soluciones sintomáticas que bajan la fiebre y elegir las que realmente son efectivas.

 

III. Pensar sistemáticamente

El ser humano corriente tiende a identificar su trabajo o profesión con su identidad: “soy contador”, “soy empleado”, “soy el gerente”. Desde su posición recortada, no puede verse como parte de un sistema global y ante un fracaso se pregunta de quién es la falla. El especialista, con sus anteojeras, se concentra en lo suyo sin pensar en el sistema. Para el que sólo sabe usar el martillo, todo lo que ve le parece un clavo.

¿En qué se diferencia el pensamiento sistémico del pensamiento natural?

– El pensador sistémico observa la realidad buscando patrones de repetición de sucesos; el que utiliza el pensamiento natural se dedica a vivir cada día sin buscar una finalidad.

– Cuando el pensador sistémico busca resolver problemas, tiene en cuenta que el modelo mental de cada persona puede ser el generador de los mismos problemas que pretende resolver. El pensamiento natural tiende a negar o a reprimir situaciones de gran dificultad provocando un efecto de permanente invasión.

– Como veremos más adelante, el pensamiento sistémico cambia el esfuerzo extraordinario por un sistema de calidad o ecológico que permita obtener resultados aprovechando el efecto de palanca. En lugar de actuar como el griego Hércules, el héroe de los trabajos peligrosos y arduos, busca imitar al chino Yu, El Grande, quien, ante los diluvios que invadían la tierra, llevó el agua hacia el mar cavando el lecho en las pendientes que bajaban hacia él, sin violentar el curso natural.

– El pensamiento sistémico estudia un sistema en forma teórica pero también lo controla en la práctica. Observa su funcionamiento, analiza los datos para combinarlos en una síntesis creativa y busca armonizar sus partes para que el todo resulte superior a una simple sumatoria. Buscará la calidad y la ecología del proceso en lugar de aplicar la fuerza bruta.

– El que piensa sistémicamente, amplía la perspectiva: trata de apartarse de la subjetividad, no apela a lo obvio o a la opinión de la mayoría. Se ocupa de lograr una ampliación más objetiva de la visión de las circunstancias y de las soluciones. El pensamiento natural actúa con las limitaciones de la mente humana, según el principio de racionalidad limitada que no puede incorporar la variable tiempo o factores imperceptibles.

– El pensador sistémico considera como un error culpar a las personas o a uno mismo, o buscar el enemigo externo, cuando en realidad estamos siempre dentro de sistemas a los que hay que comprender para cambiar.

Si se produce un gran incendio, el pensamiento natural reacciona: “hay que tirar aguar hasta que se extienda”. pero si se trata de un bosque forestal, y su magnitud es demasiado grande, quizás haya que actuar contra el sentido común: analizar la propensión del incendio y generar otro más adelante. Así, cuando el fuego original avance no se encontrará con nada que quemar y se apagará solo.

 

IV. Lectura de un diagrama sistémico

La realidad es circular, pero se expresa linealmente porque la secuencia del lenguaje oculta parte del sentido. la lógica del sonido requiere esperar hasta el final de cada frase para poder comprender la totalidad del mensaje. La fijación en el lenguaje implica este tipo de pensamiento lineal, que no tiene en cuenta la retroalimentación que la situación provoca ni los efectos que retornan para influir en el siguiente paso.

Una entidad es sistémica cuando puede comprenderse en término de ingresos, causas, procesos interrelacionados, efectos y salidas. El feedback o realimentación es la influencia recíproca entre causas y efectos, es un retorno de los efectos de una acción que influye en un siguiente paso. Algo ocurre y genera una reacción en el contexto.

Escribir en lenguaje sistémico consiste en armar historias representadas en círculos que representan patrones de influencia que se repiten; manteniendo, mejorando o empeorando las circunstancias. Veamos un ejemplo:

Aquí el nivel deseado y el actual influyen sobre la brecha percibida, lo que a su vez influye sobre la posición de la canilla. Muy diferente a decir: “yo estoy llenando un vaso con agua”.

Lo importante es la cantidad de conexiones que produce cada parte; a mayores conexiones mayor influencia.

 

V. Modelos mentales

“Tus problemas no se pueden resolver en el mismo nivel mental que tenías cuando los creaste”. Albert Einstein

El pensamiento sistémico puede utilizarse para:

1) Resolver problemas de una manera directa.

2) Eliminar el pensamiento que generó el problema.

3) Desafiar, examinar y esclarecer las formas habituales de pensamiento.

4) Darse cuenta de cómo el pensamiento predominante es inseparable de los problemas que genera.

5) Comprender que los problemas no están afuera sino que son creados por los acontecimientos y lo que pensamos sobre ellos.

6) Alcanzar una mayor lucidez con respecto a las creencias y formas de actuar.

 

Cómo se traza un mapa mental

cada persona tiene su propio modelo o mapa mental, construido a partir de su experiencia, de sus vivencias y de su perspectiva. Este modelo guía sus actos, predispone su manera de actuar frente a las circunstancias; es como un filtro de la vista y el cerebro. Está constituido por las imágenes, los supuestos y las historias que llevamos en la mente acerca de nosotros, los demás y el mundo que nos rodea. Como cristales (o anteojos) que distorsionan nuestra visión de una manera sutil, los modelos o mapas mentales determinan nuestras percepciones. Nuestra atención es selectiva, filtramos los estímulos según nuestro estado de ánimo. Si ampliamos nuestros filtros podemos cambiar nuestro mapa del mundo. La objetividad no consistiría, entonces, en describir aquello que vemos, sino en precisar QUÉ ANTEOJOS TENEMOS PUESTOS en el momento de la observación.

Dos personas con diferentes mapas mentales pueden observar el mismo acontecimiento y describirlo o sentirlo de manera totalmente distintas. Así, frente a un espléndido y primaveral día de sol, una persona puede experimentar el placer del contacto con la naturaleza y otra, en el mismo escenario, sentir que los rayos de sol son una molestia para su vista o una amenaza para su piel. También es importante destacar que un modelo mental diferente aporta también opciones diferentes.

“Existen únicamente un ver perspectivista, únicamente un conocer perspectivista; y cuanto mayor seaa el número de afectos a los que permitamos decir su palabra sobre una cosa, cuanto mayor sea el número de ojos, de ojos distintos que sepamos emplear para ver una misma cosa, tanto más completo será nuestro ‘concepto’ de ella”. F. Nietzsche, de La Genealogía de la Moral.

Los modelos o mapas conceptuales forman un sistema, con una finalidad. Es importante determinar si el modelo mental de cada uno es constructivo o destructivo (si tendemos a ver el vaso medio lleno o medio vacío), ya que podemos tener muchas ideas sobre nosotros mismos y sobre los demás que sean poco realistas o muy idealistas o condicionantes.

Por eso, es necesario examinar y analizar nuestro propio sistema de valores, nuestro modelo mental, para remoderlarlo y equilibrarlo.

Por lo general, asociamos las causas con los efectos (si ocurre A, tiene el efecto B; y si ocurre B, es porque se ha dado la causa A), pero el tema no es tan simple. Si se desata la epidemia de una enfermedad (la causa) en un grupo de 20 personas, las personas más predispuestas -o que hayan tenido un contacto muy directo con el virus o la bacteria- se contagiarán, mientras que otras, con más defensas o menos predispuestas a enfermarse, permanecerán sanas.

Lo que ocurre es que las causas no son estáticas sino dinámicas, es más apropiado pensar en factores determinantes que en causas. Desde la perspectiva del pensamiento sistémico, es la relación entre los elementos lo que los convierte en causas o efectos, y esa relación depende de la estructura del sistema.

 

El punto de palanca

Los sucesos no ocurren porque sí: lo que pasa no es casual. Como espectador, mimetizado con la ocurrencia y el pensamiento episódico, el individuo no se interroga sobre el por qué de los eventos y funciona en piloto automático. Por el contrario, el pensamiento sistémico descubre patrones ocultos. Los círculos viciosos o virtuosos generan sinergia negativa o positiva basados en el efecto “bola de nieve”: como el pobre que es cada vez más pobre y el rico que es cada vez más rico. Para modificar un sistema, primero es necesario entenderlo. Como el hilo que se corta por lo más delgado, se debe detectar dónde reside la falla oculta. No existen causas únicas y las estructuras se resisten a los cambios.

La lógica tiene sus límites: las personas actúan condicionadas por sus deseos y su racionalidad acotada. Al tomar distancia de una situación y observar la diferencia entre el logro y el objetivo, se puede alcanzar el cambio buscando dónde hacer palanca: ¿cuáles son las partes que lo detienen? ¿cómo desatar estos nudos? ¿dónde ejercer presión con el mínimo esfuerzo?

Un crecimiento sin trucos, basado en proyectos viables, no requiere martillo ni tenaza ni serrucho para aplicarse sino una palanca para mover el sistema.

Con menor hiperactividad y con mayor inteligencia se consiguen mejores resultados con menos esfuerzo. Si se combinan fines, medios e ideas, si se observan desde su origen la propensión y el curso de los acontecimientos; los resultados se lograrán sin desgastarse en una actividad febril.

 

Ejercer palanca en el modelo mental

Un cambio en el modelo o mapa mental es el punto de palanca a partir del que se desencadenan otros cambios. Utilizaremos el insomnio como ejemplo: una forma de contraproducente de resolver problemas es la que intentan las personas que sufren de insomnio. Ante la desesperación de no poder conciliar el sueño, caen en el error de intentar forzarlo mediante un acto de voluntad y lo único que consiguen en mantenerse más despiertos todavía. Lo que sucede es que el sueño es un fenómeno espontáneo que no puede “venir” sólo porque se lo llame. Pero, el insomne, desesperado por su situación y por los inconvenientes que la falta de descanso le ocasiona en la vigilia, trata por todos los medios de resolver el problema y, cuanto más piensa en el tema, menos puede dormir. Entonces, cambia su dieta, sus horarios, se pone tapones en los oídos, anteojeras, toma somníferos, té de tilo, cambia de almohada, cambia el colchón y prueba cualquier receta casera que le garantice unas cuantas horas de descanso. ¿Qué está sucediendo? Más de lo mismo… Alimentando el problema. Probablemente, si deja de “prestar atención” a su insomnio y planifica en qué invertir las horas en las que permancecera despierto (leer ese libro pendiente, retomar un viejo proyecto de escritura, estudiar para un examen postergado, practicar relax y meditación, etc.), la ansiedad cederá y dormirá como un bebé.

 

Modelos limitadores y modelos sistémicos

Para saber si estamos dispuestos a “abrir la mente”, podemos autoevaluarnos: ¿aprendemos de la experiencia? ¿qué clase de modelo o mapa mental queremos tener? A continuación, presentaremos las principales características de los modelos o mapas mentales que sirven para limitar nuestra perspectiva y nuestra forma de relacionarnos con los otros y con el medio. Como contraposición, daremos el enfoque de un modelo de pensamiento sistémico, que abre aquello que parece cerrado.

 

¿Qué hay que hacer para conseguir modelos o mapas mentales limitadores?. (aptos para personas rígidas, cerradas, obstinadas, amantes de la frase “esto es así porque lo digo yo”…)

– Insistir (mucho) en que nuestras ideas no admiten discusión porque reflejan la “realidad”.

– Aferrarse a un pequeño número de intereses, apretar las mandíbulas, cerrar los ojos y rechazar cualquier experiencia novedosa que se relaciones con ellos.

– apelar a cuanta explicación conozcamos cada vez que una persona o algún acontecimiento se comporten de manera distinta de lo que esperábamos.

– No mostrar curiosidad por nada. No cuestionarnos nunca nada de ninguna manera. Utilizar frases como “debe ser así”, “tiene que ser así”, “no puede ser de otra manera”.

– No admitir ninguna excepción (o sólo aquellas que confirman la regla) y utilizar conceptos totalizadores y universales como “todo”, “todo el mundo”, “siempre”, “nunca”, “nadie”.

– Generalizar con entusiasmo a partir de un ejemplo; aceptar sólo las experiencias unilaterales y sin contexto temporal como prueba de nuestras ideas.

– Pensar en secuencias lineales de causa y efecto.

– Nunca, bajo ningún punto de vista, actualizar nuestras creencias en base a la experiencia.

 

¿Qué hay que hacer para conseguir modelos o mapas mentales sistémicos? (aptos para personas flexibles, predispuestas al cambio, abiertas, defensoras de la frase “todo depende del cristal con que lo mires”…)

– Admitir que nuestros modelos o mapas mentales son muy buenos asesores y estar dispuestos a mejorarlos.

– Ampliar nuestros intereses, no dejar escapar oportunidades.

– Relajarnos, respirar hondo y sentirnos cómodos (y a gustos si es posible) con la ambigüedad.

– Sentir curiosidad y prestar atención por cualquier experiencia que contradiga nuestro mapa mental.

– Recibir con interés las excepciones para ampliar el horizonte y encontrar retroalimentación.

– Ten en cuenta que ante un problema nuestros supuestos están en juego: considerarlos pero también apartarlos para analizar la situación en sí misma.

– Pensar en círculos de causa y efecto: un efecto puede ser la causa de otro efecto.

– Advertir el sentido propio de las relaciones y los acontecimientos.