Curso de Inteligencia Aplicada

Unidad 5 – Pensamiento creativo

El creador y el hacedor

I. La imaginación al poder

Había una vez un deseo un obstáculo y una experiencia. La experiencia no tenía en cuenta el obstáculo. La experiencia y su manera particular de hacer se alojaban en una mente junto al deseo y se encarnaban en un cuerpo que ejecutaba sus decisiones. La mente había generado un instrumento para movilizar al cuerpo: el pensamiento (limitado hasta entonces porque no sabía cómo enfrentar al obstáculo nuevo), al que le agregó otro componente: la capacidad de imaginar mundo posibles donde desaparecen los obstáculos.

La imaginación es el instrumento que antecede y prepara la modificación de la realidad. Cualquier producto – hasta el avión moderno, estuvo antes en la mente del hombre.

Si imaginamos que caminamos por una tabla de 20 centímetros que une dos edificios a 5000 metros de altura, inevitablemente pensaremos en la posibilidad de la caída ya que nos sentimos fatalmente atraídos hacia el obstáculo y la voluntad no podrá evitarlo. Si imaginamos esa misma tabla al ras del suelo, caminaremos sin dificultad. Este ejemplo muestra la conveniencia de dirigir la imaginación. A la mente, que es vagabunda por naturaleza, le gusta saltar de un lado provocando distracción y bohemia.

También el negativismo y la depresión puede dirigir la imaginación hacia un pozo o al fracaso.

Por lo tanto conviene tomar las riendas del carro: aprender a dirigir la imaginación.

Antes de definirla, diremos que la creatividad tiene matices: se puede descubrir lo que ya existía – como Cristóbal Colón cuando llegó a América- o inventar algo nuevo, como hizo Benjamín Franklin cuando creó el pararrayos.

La imaginación divide al pensamiento en dos tiempos: el primero para inventar y el segundo para organizar; es también el instrumento de la creatividad para transformar la realidad; el pensamiento creativo es el lugar del encuentro donde se juntan lo imaginario y lo real, donde el mundo será el que queremos que sea. Todo lo que se inventa es producto de un largo recorrido interactivo que abarca historias, deseos, obstáculos, problemas, ideas, planes, ejecuciones, evaluaciones.

Por eso, en la vida hay que cerrar bien las etapas para que no consuman la energía. La vida sigue pero a veces el pasado nos detiene si manejáramos un auto mirando por el espejo retrovisor. Los hechos pasan y hay que dejarlos ir. La destucción creativa de los recuerdos se puede apoyar con actos simbólicos: cambiar de casa, romper, tirar o regalar objetos. Se trata de vivir con lo que se tiene: el pasado, pisado.

La vida apunta al futuro, nunca hacia atrás. Las puertas que se dejan abiertas por las dudas no permiten cerrar los duelos.  Al nacer nos pegamos la etiqueta de la costumbre, creamos los hábitos y luego ellos nos dirigen. Caminamos por un bosque de piedras y árboles, en piloto automático, casi sin mirar y sólo observamos cuando los signos indican que un tigre acaba de pasar. Somos animales semióticos, y cuando los signos nos gobiernan las cosas son como son y como deben ser según lo que deciden autoridades anónimas. Pero muchas veces, por azar, o si nos animamos a levantar la mirada, reconocemos en las nubes figuras que nos invitan a pensar. ¿Qué tal si le ponemos una trampa a la rutina y jugamos a la libertad?

“Usted ya no encaja allí, en ese lugar, en ese corazón, en esa habitación, en esa casa, en ese escritorio, en ese oficio”.

La libertad es un seguro de cambio que pasa en la misma balanza a la costumbre y al deseo de disfrutar la suave brisa de la novedad, ausente sin aviso en el catálogo de la memoria.

Soltarse por un rato de la mecánica rutina -que sin embargo a la larga volverá a triunfar- es aliar estratégicamente el comienzo con el final. Conocer el sitio al que quiere llegar nuestro deseo provocará la energía necesaria para comenzar. Empezar, entonces, es escapar a la rutina, empezar a luchar siempre contra viento y marea, a capa y espada.

Comenzar es reinventarse, aceptar que somos personas únicas e irrepetibles, dejar el caos primordial del pasado que nos constituye para cambiar la historia del “había una vez” por la de “nunca hubo otra igual”. El arte de empezar parte de saber que nunca se empieza nada del todo.

Hay dos formas de inicio: en el espacio y en el tiempo. En el momento de la inspiración, la voluntad levanta la barrera y deja ingresar a la boca de la familia: la imaginación.

 

II: La fábrica de ideas creativas

La creatividad debe aplicarse a la propia vida y no simplemente utilizarse para resolver problemas de ingenio, de trabajo o de abstracciones alejadas de nuestra realidad. La filosofía de la cual se nutre este curso es una apuesta a desarrollar el creador que todos tenemos dentro de nuestro ser.

Nuestra filosofía requiere de un método que la haga operativa, así que sugerimos darle forma. La técnica consiste en fabricar una nueva idea cada día, produciendo de este modo 365 ideas al año. Bastará entonces con elegir las que se relacionan mejor con la misión personal que cada alumno descubrirá por sí mismo a lo largo del curso para encender la llama espiritual.

La persona que aprende a crear cambia su vida ya que deja de depender de otros para comenzar a basarse en proyectos personales y produce un incremento de su energía que busca la realización.

De esta manera, se evita el desgaste de la rutina, del aburrimiento, de pensar cada jornada como “otro día de más de lo mismo”.

El éxito no es producto de la casualidad sino de la unión de la oportunidad y la preparación. La oportunidad no se encuentra sino que se busca y ese es el secreto de la persona exitosa. El éxito también tiene que ver con la autoestima porque sin ella devienen el temor y el fracaso. El éxito refuerza la autoestima: aumenta la confianza y genera un círculo virtuoso. Al que le va bien, cada vez le va mejor; por eso, el rico es cada vez más rico y el pobre cada vez más pobre. El éxito también implica aprender saltar de un círculo vicioso a uno virtuoso.

 

¿Cuáles son los principios del éxito?

– Saber lo que uno quiere y cómo alcanzarlo (destacamos la importancia de los métodos).

– La creatividad, que une el creador con el hacer.

– La iniciativa, que pone una trampa a la rutina y a la depresión. Los recursos son el optimismo y el compromiso y preguntarse de nuevo cómo cambiar lo que ya se hizo mil veces.

El éxito es un arte y un desafío. Entonces, invente todos los días su automatización, sienta correr fervorosa la sangre por las venas e inicie el círculo virtuoso que la conduzca hacia la superación continua, a la felicidad y a la realización personal. Y así, incrementará la autoestima, el capital invisible, cuyo crecimiento es fuerte del desarrollo ya que cada persona construye su futuro desde la imagen que posee de sí mismo.

La educación formal y su tendencia enciclopedista (que enseña a manejar el texto pero no a pasar al contexto) se caracterizan por ser un círculo cerrado, apartado de los real, que sirve solamente para graduarse o aprobar exámenes.

En este sentido, el estudio formal no garantiza el éxito en la vida ni enseña a gestionar el saber para alcanzar los objetivos deseado; es más, hasta puede convertirse en un verdadero obstáculo de la creatividad y un freno para el desarrollo de individuos creativos. El criterio imperante es el de “individuo adaptado”: se privilegia al alumno estudioso, memorioso y no al inquisitivo o investigador. Cuántas veces se oye decir despectivamente que “un niño inventa cosas”, como si al hacerlo estuviera despectivamente infringiendo una norma social. Esto ocurre porque quien inventa, de alguna manera, pone en tela de juicio algo que hasta ese momento es aceptado. Este fenómeno se verifica hasta en la ciencia, por eso se habla de ciencia normal o revolucionaria: los científicos se adaptan a las teorías que profesan como un acto de fe y luego no se atreven a cuestionarlas; entonces, los paradigmas se convierten en lentes que les impiden ver hechos nuevos. Por lo tanto, barren la basura debajo de la alfombra.

En este contexto, la personalidad del creador es vivida persecutoriamente, como una amenaza.

Indudablemente se impone un cambio y se hace necesaria una educación para la creatividad, en la que los alumnos puedan descubrir hechos, experimentar y reflexionar con autonomía sobre el contenido de las experiencias. Debe existir una actitud más abierta y menos dependiente del maestro o de los conocimientos vigentes, ya que la verdad es una ilusión o una antorcha que los seres humanos se pasan entre sí de generación en generación. El maestro debe convertirse en un estimulador permanente de la libre iniciativa y de la producción de nuevas ideas porque se impone un cambio trascendente en su figura para que ocupe un nuevo rol: el de fomentar la creación. Su función será entonces la de ayudar al alumno a desarrollar su individualidad, su independencia y a evitar las conductas estereotipadas, producto de un conformismo que malogra, para la sociedad, las posibilidades creativas de sus miembros.

Por otra parte, doscientos años de empleo han generado la mentalidad de empleado, caracterizada por la dependencia de una autoridad, ya se trate de un papá empleador, del Estado o de otras personas. Esta mentalidad puede asemejarse a la mentalidad del estudiante, quien a menudo estudia para aprobar antes que para aprender.

Para que el hombre sea libre hay que reflotar el verdadero sentido de la palabra educación, que proviene de educcare y significa sacar de adentro. No se trata de correr la carrera de la información sino de enseñar a aprender las 4 A:

Aprender a ser el individuo único que cada uno es para autoconocerse y elegir los proyectos desde el interior de uno mismo.

Aprender a aprender para dominar las técnicas de aprendizaje conociendo las mejores y más eficaces metodologías y asumiendo como objetivos el perfeccionamiento y la educación permanente.

Aprender a hacer espiritualizando la acción y la creatividad para poder transformar el capital intelectual (el saber) en el querer, es decir, en los resultados buscados.

Aprender a convivir formando parte de equipos altamente competitivos basado en el respeto mutuo y en cómo complementar las mentes creativas, analíticas, procedimentales y armonizadoras para generar el capital social que representa la sumatoria de las relaciones productivas que cada persona debe saber construir y conservar a lo largo de la vida.

 

III. Creatividad e innovación

La creatividad es el proceso de generar ideas. El ideal es conectar la energía espiritual con el hemisferio derecho del cerebro, es decir, la residencia de la creatividad. Entonces ambas se potencian.

La innovación es la decisión de llevar las ideas a la práctica e implica un pensamiento estratégico que salta al hemisferio izquierdo (el de la lógica y el proyecto, el que le da forma a la idea en bruto, el que la sitúa en el tiempo y en el espacio).

Después de la segunda guerra mundial, los japoneses, sin recursos económicos, se dedicaron a copiar el saber y la creatividad de los americanos. Con el simple argumento de mejorar lo que recibían en costo, calidad y tiempo, lograron reexportarles los  mismos productos que ellos habían creado. Esto demuestra que no es necesario ser un creador para ser innovador. Aunque no es conveniente fragmentarse, se puede ser pesimista intelectual y optimista en la acción. Sin embargo, conviene mantener un equilibrio. También es peligroso ser un creador bohemio: el riesgo de ser solamente un creador se refleja en la frase “algunos calientan la pava y otros se toman el mate”.

El conocimiento es una mercadería que se compra y se vende, la creatividad, sin embargo, tiene gran valor pero no tiene precio: la llevamos dentro y emerge en el momento en que menos lo pensamos.

Entonces, ¿dónde estará el punto clave? ¿Cómo hacer para que el consumidor elija mi producto? El proceso continuo y repetitivo se privilegió desde la época de la revolución industrial hasta la reingeniería de procesos. Pero ahora hacer las cosas bien no alcanza, hay que diferenciarse a través de la creatividad.

El caso de Nike ejemplifica hasta dónde se puede llegar con ideas creativas e innovadoras: hoy casi todos los productos se parecen y existen la posibilidad de fabricar la copia perfecta bajo el paradigma de la calidad. Pero esta empresa crece casi sin fabricar, con ideas que atrapan a los consumidores. Así, promociona zapatillas con colchón de aire y, cuando se las copian, ellos mismos destruyen ese producto creando nuevas formas que ahora absorberán el impacto de la pisada usando tecnología importada de la industria automotriz. Así es como Nike tiene siempre una novedad en el mercado y, como lo afirma el dicho, el que pega primero pega dos veces.

 

IV. Etapas del pensamiento creador

Existen tres tipos de creatividad:

1) La creatividad por resultados o normativa: se ocupa de resolver problemas específicos.

2) La creativa por buena fortuna y la de tomar hechos o relaciones como oportunidades: se saca ventaja de determinados accidentes (como Newton que al observar una manzana que caía inventó la teoría de la gravedad) donde se verifica cómo el azar favorece solamente a las mentes preparadas para aprovecharlo.

3) La creatividad exploratoria: busca crear problemas para luego resolverlos, partiendo del supuesto de que la generatividad es provechosa por sí misma.

Con respecto a la valoración del producto del pensamiento creador de un indivíduo, se puede evaluar desde dos puntos de vista: por un lado, si el producto es una novedad para la sociedad, es decir, si produjo el surgimiento de algo nuevo o que hasta el momento no existía; pero también puede evaluarse si para el creador significa un cambio en él mismo, utilizando el pensamiento creador.

El pensamiento creativo se divide en cuatro etapas:

1) La preparación. Esta etapa está caracterizada por un estado de insatisfacción que puede estar generado por la aparición de un hecho que no coincide con teorías vigentes. He aquí una de las variables trascendentales en el proceso de creación: el descubrimiento del problema, que es un hecho diferente a su solución. Es decir que podemos notar en el creador una búsqueda de obstáculos, una necesidad interior que lo impulsa a la aventura del descubrimiento.

A partir de ese instante, el problema se formula claramente, se distingue lo importante de lo accesorio, comienzan las asociaciones de los conocimientos y un estado de excitación y de búsqueda que lleva a la formulación de hipótesis preliminares.

2) La incubación. Es un período caracterizado por una intensa actividad inconsciente. El problema se va elaborando en forma discontinua. Los datos se organizan y se reestructuran incesantemente. Es un período de duda, de frustración, que pone a prueba una de las cualidades fundamentales del creador: poder mantenerse en un estado de inseguridad y de insatisfacción. Sería mucho más sencillo echar mano a la primera solución que parezca acertada, o descartar la posible solución del caso, pero el creador está guiado por un impulso interior insatisfecho que busca su canalización y mantiene el interés.

3) La iluminación. De pronto, el creador, observa que sus sentimientos le están marcando la aparición de la solución, conjuntamente con la certeza de la evidencia. Su estado de vacilación e inquietud desaparece. Por supuesto, este no es el único criterio; la idea creada debe reunir, además, una serie requisitos: valores de verdad, de utilidad, de predicción. Es decir, que debe servir para explicar todos los datos del problema y aún otros que se pueden deducir lógicamente de ella. Debe superar y trascender a la experiencia previa.

4) La verificación. Se procede a la confirmación y demostración de la idea creada.

 

V. La personalidad del creador

La creatividad es habitualmente considerada como una capacidad natural que favorece sólo a algunas personas especialmente dotadas. Sin embargo, es posible cambiar un patrón genético modificando ciertos hábitos por otros que faciliten las transformaciones. Si el hombre es un animal de costumbres, lo importante es permutar los hábitos negativos por los positivos. También influyen los conocimientos y las aptitudes: la creatividad está condicionada por lo que se sabe; aun para cambiar una regla hay que conocerla previamente. Conocer las propias aptitudes es tan importante como la conciencia de lo que no se sabe.

Las características de la personalidad creadora:

Apertura al cambio: una actitud de apertura implica estar preparado para ver las cosas desde diferentes ángulos, sin prejuicios ni respuestas mecanizadas.

Fluidez: capacidad cuantitativa de generar ideas.

Originalidad: la habilidad de tener ideas fuera de lo común.

Capacidad de elaboración: el tratamiento minucioso de los datos hasta encontrar la solución.

Flexibilidad: posibilidad de admitir variedad de enfoques. Capacidad cualitativa de reestructurar.

Continuidad en el esfuerzo: concentración, persistencia y dedicación.

Autoestima

Entusiasmo y espontaneidad

Tolerancia: tanto ante la frustración como en los momentos de inseguridad.

Inconformismo: deseo de buscar siempre lo nuevo y no resignarse ante la autoridad.

Capacidad comunicativa: expresividad para comunicar sus experiencias.

Receptividad ante los estímulos

 

VI. Operaciones intelectuales que están presentes en la creatividad

La memoria: sólo quien posee conocimientos está capacitado para crear.

Comprensión: capacidad para descubrir y planear que actualice los contenidos de la memoria.

Producción divergente: facultad de obtener diversidad de solución.

Producción convergente: capacidad de ordenar los datos hacia una solución única.

Evaluación: tomar decisiones y evaluar las mejores ideas capacidad de seleccionar la mejor idea.

 

VII. Creatividad VS Lógica

El pensamiento creativo toma la esencia de la idea: ante un problema, aporta una idea; de esa idea, nace una solución. Es más que un pensamiento, es un planteo filosófico: la creatividad reafirma que la vida puede ser creada por uno mismo desde adentro en un lugar de ser estructurada desde afuera. El hombre construye su destino si evita que los hábitos sean los que le señalen el camino.

Un hombre tenía una cantidad de madera. El lunes tenía la forma de un cubo; el martes, la cambió a un cilindro; el miércoles a una pirámide. El hombre no talló la madera para darle esas formas, tampoco eran bloques que reordenaba, no usó fuego o calor para moldearla ni tenía habilidades especiales para cambiar la forma de la madera. Entonces ¿cómo lo hizo? El razonamiento lógico dirá “Es imposible”. Pero si aplicamos el pensamiento creativo (ante un problema, aportar una idea que puede convertirse en la solución) la respuesta es sencilla: la madera era aserrín. El lunes lo colocó en una caja cuadrada, el martes en una lata y el miércoles en una caja piramidal.

El pensamiento creativo se diferencia del razonamiento lógico. Este último necesita justificar cada uno de sus propios pasos para continuar avanzando, es decir, que utiliza el sistema SI/NO. “Sí” implica “luz verde”, “No” significa “luz roja”.

El pensamiento creativo no se ata a pasos sucesivos, procede por síntesis utilizando diferentes medios; es una manera de desestructurar la organización lógica o causal del pensamiento lógico y generar alternativas.

El peligro del razonamiento lógico es que no posee estímulos para seguir adelante una vez que el “No” deja de presentarse y de esta manera puede quedar detenido en un punto del desarrollo de una idea que, sin embargo, podría haber sido mejorada.

Además, el pensamiento creativo evita la tendencia natural de la mente, que consiste en organizar la información por orden de llegada (se orden secuencialmente, aunque esto no signifique que sea la combinación óptima de los datos), y sería, entonces, una técnica que opera en diversos sentidos, sin tener necesidad de justificar el paso que se ha realizado. Al enfrentarse con situaciones que pueden parecer improbables o ilógicas, este tipo de pensamiento dejará de lado ciertas inhibiciones para intentar resolver los problemas de maneras diferentes, aleatorias, analógicas, por azar, aprovechando oportunidades o ciertos conocimientos, utilizando estímulos provocadores, manteniendo una actitud de apertura y de búsqueda, comenzando cosas nuevas, conociendo personas, viajando, conectando universos, fabricando ideas.

El pensamiento creativo puede usarse para:

– Evitar la acción del pensamiento emocional que elige alternativas según el énfasis (impacto emocional, sumisión a la autoridad o a la experiencia, etc.);

– Contrarrestar la acción del razonamiento lógico que escoge un camino según la discordancia;

– Encontrar una nueva manera de pensar, que implica una conducta nueva y está asociada por lo tanto con la creatividad;

– Generar nuevos problemas, intentando justamente su aparición;

– Reorganizar la experiencia y la información disponible en nuevos diseños.

Tabla comparativa

Recomendaciones para aplicar el pensamiento creativo:

1) Fijar una cuota mínima de alternativas, aun después de encontrar una solución posible. No conformarse con las primeras alternativas viables.

2) Ingresar al sistema información al azar.

3) Rotar la atención entre todas las partes: explorar todos los ángulos posibles para encontrar la vía más productiva.

4) Invertir la situación, analizar la posibilidad contraria.

5) Utilizar una palabra o símbolo que permita cuestionar cualquier supuesto. Cada vez que se aplique esta palabra o símbolo será para permitirse cuestionar la situación dada hasta el momento.

6) Agregar ideas aleatorias, analógicas, por azar, que surjan de oportunidades, de estímulos provocadores o de ciertos conocimientos, manteniendo una actitud de apertura y de búsqueda.

La creatividad también tiene que ver con contar historias y aprender de ellas. Por eso, para cerrar este módulo queremos contar la historia de un burro que, al parecer, no tenía escapatoria.

Cuentan que un burro que se cayó a un pozo profundo y lloró por horas mientras su dueño, un campesino de escasos recursos, se desesperaba por rescatarlo. Como no tenía los medios para sacarlo del pozo (ni tampoco sus vecinos se preocupaban por ayudarlo) finalmente decidió que el pobre burro, era viejo y que el pozo estaba seco, la solución era tapar ese pozo inservible y sepultar al animal. Con tristeza invitó a sus vecinos para que lo ayudaran. Cada uno alzó una pala y empezó a arrojar tierra dentro del enorme hueco. El burro se dio cuenta de lo que estaba pasando y comenzó a rebuznar. Pero luego de una cuantas paladas el animal se aquietó y el campesino, pensando que había muerto asfixiado, se acercó para espiar dentro del pozo. Fue grande su sorpresa al descubrir lo que menos imaginaba. El burro logró salvarse ¿Pero cómo? Cada vez que recibía una palada de tierra, el burro sacudía su lomo con fuerza y pisaba por encima. Pronto todos quedaron sorprendidos al ver emerger al burro de la tierra acumulada bajo sus patas.

Cuando nos aferramos al pesimismo y a la rigidez mental, cuando parece que todo esfuerzo por encontrar una salida es inútil y aceptamos la oscuridad, el pensamiento creativo puede aportar esa pequeña luz, ese pequeño gesto, suficiente para empezar a cambiar las cosas.

Preguntarse de nuevo sobre lo que ya se hizo una y mil veces es un arte al que Einstein definía como la forma de expresar las verdades más profundas de la manera más sencilla. El arte de empezar parte de saber que nunca se empieza nada del todo.

Calderón de la Barca escribió en un poema: ¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción, y el mayor bien es pequeño: que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son.

Soñando con finales construimos los principios. Montar una fábrica de ideas creativas en el mundo interno para que se expresen los deseo es el mejor insumo para encender el motor cada mañana.