Curso de Redacción

Unidad 6 – La Retórica

Historia de la Retórica

La retórica reinó en Occidente desde el siglo V a.c. al siglo XIX d.c. y ha comprendido varias prácticas que se han dado en forma simultánea y sucesiva según las épocas: se la consideró un arte de persuasión, una enseñanza, una ciencia, una moral (sistema de reglas), una práctica social y una práctica lúdica.

Ronald Barthes en “La antigua retórica” cuenta que, como metalenguaje (discurso sobre el discurso mismo) la Retórica nació de procesos de la propiedad. En el año 485 a.c. dos tiranos sicilianos, Hieron y Gelon, decretaron deportaciones, traslados de la población y expropiación para poblar Siracusa y adjudicar lotes a los mercenarios. Cuando fueron destituidos por un levantamiento democrático hubo innumerables procesos pues los derechos sobre las propiedades estaban confusos. Se crearon grandes jurados populares ante los cuales, para convencer, había que ser “elocuente”. Esta elocuencia se convirtió rápidamente en una técnica y objeto de enseñanza.

Se puede afirmar que todos los elementos didácticos que alimentan los manuales clásicos provienen de los tratados que escribió Aristóteles, uno sobre Retórica y otro sobre Poética, sobre los fenómenos del discurso.

Aristóteles define a la retórica como “el arte de extraer de todo su tema al grado de persuasión que encierra” o como “la facultad de descubrir especulativamente lo que en cada caso puede ser propio para persuadir”. El filósofo divide la técnica para el empleo de la retórica (en relación a un texto escrito) en tres operaciones o etapas:

1. INVENTIO (encontrar QUÉ DECIR). En realidad remite a un descubrimiento más que una invensión. Todo ya está escrito, sólo hace falta encontrar una manera original y personal de encarar los temas. La inventio tiene dos objetivos, uno lógico y otro psicológico: convencer y emocionar. Para convencer, los argumentos utilizados deberán ser pruebas con fuerza propia. Para emocionar habrá que tener en cuenta los sentimientos y el humor de los lectores.

2. DISPOSITIO (ORDENAR lo que se ha encontrado). Se trata de la combinación de las grandes partes del discurso. Aristóteles divide el discurso en cuatro partes: exordio (el intento de seducción del auditorio o del lector), narratio (el relato de los hechos), confirmatio (la exposición de los argumentos), epílogo (el final del discurso en el que se retoma y resume el tema y se apela a los sentimientos del auditorio o del lector con un fin impactante). La mejor traducción para dispositio es la palabra “composición”: una vez que encontramos qué decir, distribuimos la información en los grandes grupos que conforman el discurso.

3. ELOCUTIO (agregar el ADORNO de las palabras, de las figuras). Se refiere a la tarea de “poner en palabras”: elegir las acepciones adecuadas para cada contexto y reunirlas para lograr un discurso con fuerza. Se parte de la idea de que hay un estado normal de la comunicación a partir del cual se puede elaborar una expresión más “adornada”, viva y colorida.

Esta breve introducción histórica nos demuestra que el acto de escribir estratégicamente no es automática, que no puede limitarse a reglas gramaticales o al planteo de ideas correctas. La persuasión y la necesidad de atraer la atención del lector o el oyente está en la raíz de la retórica y es el alma de un texto estratégico.

 

El empleo de la retórica

No alcanza con escribir correctamente, usar a la perfección las comas y los puntos o distribuir la información con exactitud. Sin duda, el redactor que cumpla con estos requisitos producirá un texto legible y claro. Pero… ¿cómo seducir al lector para que no nos abandone? ¿cómo lograr que usted, sentado frente a la computadora, se olvide del dolor de espalda y siga leyendo esta unidad de redacción porque le resulta interesante y constructiva? ¿cómo quitar el polvo del aburrimiento y las telarañas de los preconceptos a un curso de redacción? ¿cómo darle vida y movimiento a una temática que presupone difícil, solemne y complicada? ¿cómo atraparlo sin que se sienta preso?¿ cómo contestar estas preguntas?

La respuesta es corta: para seducir al lector hay que emplear la retórica, el arte de comunicar, de convencer, atraer o persuadir.

El toque personal, esa magia particular de los redactores que escriben con placer y lo transmiten, es el ingrediente necesario para convertir a un texto correcto en uno atractivo. Hace falta ingenio retórico para tentar con nuestra prosa. En una época donde abunda la información y la comunicación escrita, la retórica puede marcar la diferencia para quedarse con el disputado lector.

s

¿Cuáles son las recomendaciones?

a) Hablar su idioma. Si queremos pescar el escurridizo lector, hay que tirar el anzuelo con palabras sabrozas para su paladar. Parra “atraparlo” es ideal utilizar su lenguaje, explicar las ideas a partir de sus conocimientos, poner ejemplos relacionados con su entorno y su realidad, implicarlo con preguntas retóricas en segunda persona. ¿Qué te parece?

b) Ir al grano. Los hechos concretos son muchos más comprensibles que las formulaciones abstractas o generales.

c) No es necesario esconderse. El tono personal interesa mucho más que el neutro. Debido a una tradición de escritura despersonalizada, asociamos la claridad de información con el tono impersonal. Pero, resulta falso pretender ocultar cualquier rastro del autor.

La objetividad en cuanto al tratamiento del tema no depende de mi presencia o mi ausencia. En todo caso, depende de mi actitud como autor, del manejo de la información (es mejor ofrecer datos antes que pensar por el lector), de mi estilo de redacción, de cómo presento y sustento los conceptos desarrolladas en este curso.

d) Dar una pincela de color. La prosa vive e imaginativa, precisa y enriquecedora es la que atrae a los lectores. Un tema serio no tiene que ser aburrido o solemne; se puede desarrollar cualquier temática con originalidad.

e) Es mejor mostrar que explicar. Un buen ejemplo, corto y gráfico, dirá más sobre el tema que un derroche de palabras que pretendan explicar lo inexplicable.

Imagínese una mujer de bellos rasgos pero ocultos, una mujer hermosa pero descuidada: pelo cubierto por un pañuelo, ojos verdes pero ojerosos, labios agrietados, cutis seco, vestida con ropa gastada y pasada de  moda. 

Con sólo verla, puede imaginar que unos cuantos retoques la convertirían en otra mujer: sin pañuelo y con un peinado de peluquería, rimel, lápiz de labios, boca sonriente, semblante fresco y descansando, ropa moderna y elegante. Sin dudas será la misma mujer, pero distinta.

Estimado alumno, eso es la retórica: el arte de embellecer la prosa para que pueda lucirse, También es un recurso indispensable para el orador frente a su auditorio. Basta con un dato de color, un ejemplo gráfico, una novedad, una sorpresa inesperada, un argumento original, una frase impactante que llame la atención del público para que el discurso sea recordado como interesante y exitoso.

¿Recuerde el ejemplo del árbol de durazno? El autor podría haber escrito una larga y engorrosa lista de conceptos para explicar cómo ejercer un liderazgo exitoso. Sin embargo, eligió un ejemplo interesante, concreto, de la vida cotidiana; lo contó como una parte de su historia íntima, y graficó la idea principal, el mensaje eje del texto, con una frase que involucra al lector en el tema: “Usted no puede obtener frutos a menos que cuide de las raíces”.

ñ

Las huellas del redactor

Hemos visto que la marca personal del autor es necesario en un texto para convertirlo en original. Pero ¿cómo evitar que latiguillos, “tics” personales y lugares comunes se apoderen de la prosa?

Para evitarlo, primero hay que reconocerlos.

a) Siempre lo mismo. Es muy frecuente usar estructuras calcadas en un párrafos y textos: empezar con la misma palabra o expresión, abusar de los marcadores textuales,, cerrar siempre los párrafos con la misma frase, etc. Esta reiteración empobrece el texto y lo convierte en previsible.

b) Una coma aquí y otra por allá. También se encuentran usos poco frecuentes o personales de puntuación: exceso de incisos con paréntesis o guiones, uso frecuente de los dos puntos y del punto y coma, abuso de notas, asteriscos, etc. Como el que escribe sabe lo que quiere expresar, el mensaje es clarísimo antes sus ojos. Lo que ocurre, es que no estará presente para explicarle a cada lector qué es lo que quiso decir…

c) Latiguillos. Así como en la expresión oral solemos repetir algunas palabras como “¿entiende?”, “¿me sigue?”, “claro”, etc. en la escritura también es común la tendencia a repetir una palabra o expresión (vocablos genéricos, comodines, conjunciones, adverbios): entonces, actualmente, por otro lado, aspecto, mucho… Son las primeras que vienen a nuestra mente y actúan como muletillas que articulan la prosa.

d) Síntesis rebuscada. Es mejor evitar el abuso de alguna estructura sintáctica: gerundios antepuestos, frases comparativas, subordinadas, demasiados adverbios o adjetivos. Son tics que resultan más difíciles de descubrir. Pero al leer el texto en voz alta, se descubre un tono monótono, afectado.

 

Resumen

– La Retórica reinó en Occidente desde el siglo V a.c. al siglo XIX d.c., nació de la necesidad de ser “elocuente” y rápidamente se convirtió en una técnica y objeto de estudio.

– Los elementos didácticos que alimentan los manuales clásicos provienen de los tratados que escribió Aristóteles sobre Retórica y Poética. El filósofo divide en etapas el empleo de la técnica retórica: Inventio, Dispositio y Elocutio.

– Para seducir al lector hay que emplear la retórica: el arte de comunicar, de convencer, atraer o persuadir. Hace falta ingenio retórico para tentar con nuestra prosa.

– Hay que hablar en el idioma del interlocutor, ir al grano, no esconderse en un tono impersonal, dar una pincelada de color al tema tratado, mostrar antes que explicar.

– Es importante evitar los “tics personales”: estructura calcadas en párrafos y textos, usos pocos corrientes o personales de puntuación, repetición de una palabra o expresión, el abuso de alguna estructura sintáctica.

 

Creatividad

a) Los hemisferios cerebrales. Además de las recomendaciones y técnicas para redactar con eficacia, hay algo más que debe tener en cuenta y que, por lo general, no es valorada como se merece: la creatividad. Si bien es cierto que hay personas que tienen más predisposición para escribir, todos poseemos, en mayor o menor grado, la potencialidad de volcar sus ideas en el papel.

El cerebro humano posee dos hemisferios bien definidos. Sus funciones parecen contradecirse, pero, realidad, interactúan.

El hemisferio izquierdo se lo denomina “del crítico”: procesa la información y se detiene en los detalles. Es el que se utiliza constantemente para realizar toda la actividad intelectual.

Al hemisferio derecho se lo llama “del artista”, produce imágenes simultáneamente con el proceso crítico del izquierdo. La creatividad está allí, sólo hay que saber cómo dejarla salir.

b) Cómo desarrollar la creatividad. Muchas personas, debido a experiencias negativas en sus primeros años escolares, creen que son incapaces de escribir dos líneas correctamente. Y esta idea bloquea todas las creaciones que podrían emerger desde su mente hacia su corazón.

Las técnicas de ILVEM en todas las áreas del intelecto, tienden a apuntar la autoestima, desarrollando las potencialidades latentes.

En la redacción, también existe una parte que debe nacer de la propia esencia creadora individual. Sin alarmas ni retrocesos, hay que atreverse a intentarlo, cada día, cuando venga a la mente una idea espontánea, regístrela en una base de datos. Hay que dedicar tiempo a uno mismo; el tiempo urge y es tirano, pero lo administra mejor quien se siente bien.

Es importante hacer un breve relax en algún momento de la jornada: en un lugar tranquilo, en lo posible con una música muy suave de fondo, cierre los ojos e imagine una hoja en blanco en su computadora o en su escritorio, mentalmente comience a escribirla con los pensamientos que fluyan en su mente. Al principio, será un desorden algo caótico, pero las ideas se irán ordenando en la medida que se continúe con perseverancia esta práctica.

Después de cada visualización hay que anotar alguna frase de todas las que aparecieron en la mente. Al cabo de una semana, se podrá armar un texto con todas las ideas que fueron rescatadas del torbellino de imágenes, tal vez, esto no responda a ninguna temática que tenga necesidades de escribir. Lo importante es comprobar que tiene la capacidad de crear, sólo que estaba adormecida por bloqueos internos.

 

Resumen

– Hay que tener en cuenta la creatividad para redactar con eficacia. Al hemisferio izquierdo se lo denomina “del crítico”: procesa la información y se detiene en los detalles. Al hemisferio derecho se lo llama “del artista”, produce imágenes simultáneamente con el proceso crítico del izquierdo. La creatividad está allí, sólo hay que saber cómo dejarla salir.