Curso de Redacción

Unidad 3 – El Texto

Ya estamos en condiciones de sentarnos a escribir. pero, ¿cómo convertir el caos del pensamiento (que ocurre más rápido de lo que puede transcribir nuestra mano) en un texto claro y conciso? No hay una sola respuesta. La clave es trabajar sin esperar que la mágica inspiración venga a socorrernos. La lista de supermercado, una nota dirigida a la administración del edificio, una queja presentada en Defensa del Consumidor, un informe laboral, una tesis, una monografía, un proyecto, una carta de amor, una postal, el diario íntimo, una tarjeta de cumpleaños, una carta de lectores, un discurso… En todos los casos, más o menos cotidianos, con distintos grados de complejidad, debemos utilizar el valioso recurso de la escritura.

La ACTITUD es importante a la hora de escribir. Se encuentra en la raíz del aprendizaje de la escritura y la condiciona hasta límites insospechados.

No es necesario convertirse en un experto pero TODOS DEBEMOS poseer un mínimo nivel de expresión para desempeñarnos eficazmente en cualquier actividad.

Ya que el primer desafío del orador es escribir su discurso, evalúe su actitud para la escritura (conteste por escrito para ir practicando).

  1. ¿Detesta escribir?
  2. ¿Le gusta sentarse a escribir?
  3. ¿Sobre qué tema prefiere escribir?
  4. ¿Le resulta una tarea placentera pero difícil?
  5. ¿Experimenta el famoso “temor a la hoja en blanco”?
  6. ¿Cuál es la frecuencia con la que escribe (todos los días, una vez por semana, cada tanto, nunca, etc.)?
  7. ¿Utiliza la escritura como herramienta de trabajo?

Estructura textual

Un buen texto es como un rompecabezas armado con infinita paciencia; cada parte ocupa el lugar que le corresponde y encaja a la perfección con las demás. Cuando la estructura textual no está bien definida, el texto desentona como si le faltara una pieza.

Así, cada palabra se asociará a la otra para formar una frase con sentido. Cada frase tendrá una relación con la anterior y con la siguiente. El conjunto de las frases, distribuidas por temáticas, formará los párrafos. Estos párrafos, unidos por un tema en común, serán los componentes del texto.

1) Los párrafos. Es el conjunto de frases relacionadas que desarrollan un único tema. Tiene identidad gráfica (porque se distingue visualmente en la página) e identidad significativa (porque trata exclusivamente un tema). En un texto breve, el párrafo es trascendental porque no hay otra unidad jerárquica. Su elemento más importante es la primera frase porque es la que debe introducir el tema.
Un texto con párrafos muy largos causa pereza al lector porque, antes de leer, visualiza una hoja sin espacios en blanco, con palabras amontonadas que sugieren un tema largo y engorroso. Un texto con párrafos muy cortos (de una o dos líneas cada uno) parece un telegrama y, por más que lo intente, no puede desarrollar ninguna idea con argumentos elaborados.
Un texto con párrafos muy largos combinados con otros muy cortos provoca dudas; esa variación desmesurada insinúa una anarquía estructural. ¿Entonces, cuál es el ideal? Hay, por lo menos, una recomendación para que los párrafos inviten a la lectura de su contenido: que cada página contenga entre tres y ochos párrafos, y que cada uno tenga entre tres o cuatro frases.

2. La oración. Es como un árbol: el tronco es la idea básica que trasmite, las ramas son los incisos (aquellos elementos añadidos que podrían eliminarse sin que se modifique el mensaje básico que transmite la frase). Llamamos incisos a:

Relativos (proposiciones adjetivas que llevan adverbios relativos). Ejemplo: “esta es la casa donde sucedieron los famosos crímenes”.
Aposiciones (construcciones que se refieren al sujeto de la oración y pueden sustituirlo). Ejemplo: “Manuel Belgrano, el creador de la bandera,…”
Vocativos (invocación al interlocutor). Ejemplo: “No sufras, amigo, todo cambiará”.
Explicaciones (elementos explicativos). Ejemplo: “vamos a tomar el ómnibus, que sale a las 12 horas.”.
Algunas subordinadas (proposiciones que forman parte de la oración principal pero están en relación de dependencia y no poseen la misma jerarquía gramatical ya que están subordinadas. pueden funcionar como un sustantivo, adjetivo o adverbio). Ejemplo: “La llave que está sobre la mesa…”.
Circunstanciales (complementos que expresan diversas circunstancias de la acción verbal). Ejemplo: “Ayer mi primo llegó tarde al aeropuerto”.

Veamos un ejemplo integral. Los incisos son los que aparecen entre paréntesis: Pedro (que es el mejor alumno de la escuela) está contento porque (como resultado de su esfuerzo y aplicación) será abanderado. Si algo caracteriza a los incisos es que pueden “brillar por su ausencia”; si no aportan información es preferible que no estén.
Si las ramas o incisos aportan datos relevantes, enriquecen la raíz de la frase. Pero si interrumpen la lectura y alargan la frase hasta la exageración es mejor podarlos y quedarse sólo con lo esencial. Es importante tener en cuenta que los incisos deben quedar en la posición más oportuna: que no separen palabras relacionadas.
Antes de escribir:
“La sopa, si es sabrosa y el caldo no es grasoso o demasiado líquido, es un plato reconfortante cuando hace mucho frío”. Es más conveniente no separar las palabras que se relacionan: “La sopa es un plato reconfortable cuando hace mucho frío, si es sabrosa y el caldo no es grasoso o demasiado líquido”.
Al igual que en la organización de los párrafos, la información más importante debe ir en el sitio más importante de la frase: al principio,
Antes de querer lucirse con combinaciones rebuscadas es preferibles armar la frase con el orden más sencillo para leer: sujeto, verbo y complementos.
No es bueno abusar de las construcciones pasivas, de las negaciones ni del estilo normal porque oscurecen la prosa. Lo ideal es dejar actuar a los actores: que los protagonistas de la frase suban al escenario, que actúen de sujeto y objeto gramaticales.
En cuanto a su extensión, hay que prestar atención a las frases largas, aquellas que tengan más de 30 palabras pueden tener comas en donde deberían ir puntos.
Lea atentamente este ejemplo:
“Leí tu última carta con mucho entusiasmo porque veo que tu cariño hacia mí no es enorme, tan grande como el que yo te tengo; por más que me haya puesto triste que me digas en tu carta que no te querré mucho porque no te escribo más a menudo, lo que no es verdad, porque que te amo muchísimo; pero sabes que me cuesta mucho hacer una carta por más que sea muy sencilla, y que uno tiene siempre pereza de hacer lo que no sabe o le cuesta mucho hacer”.
Compare el ejemplo anterior con esta versión mejorada: “Leí tu última carta con mucho entusiasmo porque veo que el cariño que mutuamente nos profesamos es enorme. Sin embargo aquellas palabras de tu carta, ‘no me querrás mucho ya que me escribes con tanta poco frecuencia’, me causaron tristeza, porque sabes bien cuánto te quiero. Te escribiría más seguido pero me resulta muy difícil redactar la más sencilla carta, y por otra parte uno tiene siempre pereza de hacer lo que no sabe o le cuesta mucho hacer”.
Como verá la adecuada puntuación convierte a una frase larga y difusa en tres párrafos claros y de amena lectura.

3) La palabra. Es la base de cualquier texto. De su elección y combinación depende el tono del lenguaje.

a) Categorías. Las palabras se dividen en ocho categorías:

Sustantivos. (designan seres animados o inanimados, ideas, etc.): casa, Aníbal, amor, San Juan.
Adjetivos calificativos (expresan una cualidad del sustantivo al que modifica y concuerdan con él en género y número): feo día, bello poema, agradable conversación, sistema genial, anciano pensativo.
artículos y adjetivos demostrativos, posesivos, numerales, indefinidos, relativos, interrogativos, exclamativos (preceden generalmente al sustantivo, limitan y concretan su significado): la fecha, los libros (artículos); este coche, esa tarde (adj. demostrativos); mi vecina, tu tarjeta (adj. posesivos); dos naranjas, cuarta vez (adj. numerales); algún momento (adj. indefinidos); cuya obligación es… (adj. relativos); ¿qué día? (adj. interrogativos); ¡qué día! (adj. exclamativos).
Pronombres personales, relativos, demostrativos, posesivos, numerales, indefinidos, interrogativos, exclamativos (sustituyen al sustantivo en la comunicación y gramaticalmente desempeñan las mismas funciones): soy yo, él quiere (personales); la casa que compramos (relativos); prefiero esas (demostrativo); es de los nuestros (posesivos); quiero uno (numerales); alguien llama (indefinidos); ¿Quién es? (interrogativos); ¡Cuánta gente! (exclamativos).
Verbos (expresan acción, estado o proceso). Constan de una parte invariable que indica su significado y de una parte variable que señala persona (primera,segunda o tercera), número (singular o plural), tiempo (presente, pasado o futuro), modo (indicativo, subjuntivo e imperativo), aspecto (perfecto o imperfecto) y voz (activa o pasiva): estoy demasiado cansado, el caballo saltó la cerca, miraba la vidriera, María vendrá.
Adverbios (son variables y complementan o modifican la significación de un verbo o de otro adverbio): vivo cerca, llegaré pronto, lo dijo claramente, fue demasiado tarde.
Preposición (unen a los adjetivos, sustantivos, verbos o adverbios con su complemento): café con leche, fácil de entender, voy a casa.
Conjunciones (son invariables y relacionan entre sí palabras o preposiciones): calla y escucha, me gustaría pero no puedo, azúcar o edulcorante.

Hasta aquí, analizamos la función gramatical de cada clase de palabra. Aunque la clasificación es larga, la consideramos necesaria par saber cuál es el lugar que debe ocupar cada palabra en el delicado equilibrio de un texto estratégico. Pero ¿cómo elegir la adecuada para que la redacción sea armónica y se comprenda fácilmente?

b) Algunos consejos.

No repetir. La repetición reiterada de una palabra provoca monotonía y aburrimiento.
Si decimos siempre lo mismo, aunque lo mismo esté escrito de distinta manera será lo mismo a los ojos del lector. ¿Se cansó de leer siempre lo mismo? Seguro que sí. Este ejemplo tiene cuatro lineas, imagínese un texto entero que repita siempre lo mismo, lo mismo, lo mismo, lo mismo…
Evitar comodines. Las palabras comodines son las que tienen un sentido bastante genérico y, como sirven para todo, encajan en cualquier contexto. Pero, si abusamos de ellas la prosa se empobrece y queda vacía en cuanto a su contenido.
Sustantivos: aspecto, cosa, elemento, problema, tema, información…
Verbos: decir, hacer, poner, tener…
Adjetivos: bueno, interesante, positivo…
Siempre es mejor una palabra que remita directamente al objeto que denota; si hablamos de un “mueble de cuatro de patas”, el lector tendrá que elegir entre varias posibilidades. En cambio, la palabra “mesa” no le dejará dudas y podrá seguir leyendo.
Preferir palabras concretas a palabras abstractas. Las palabras concretas se refieren a objetos tangibles. En cambio, las abstractas designan conceptos o cualidades más difusas.
Elegir palabras cortas y sencillas. Solemos asociar la escritura con la elección de palabras cultas o rebuscadas. Las palabras de uso corriente son por lo general más corta, ágiles y facilitan la lectura.
Evitar los verbos ser y estar. Estos verbos necesitan predicados (ser algo o alguien, esta de alguna manera o en algún lugar) y recargan la frase. Los verbos que no requieren predicados son más directos, enérgico y claros.
Para lograr una síntesis expresa (o sea, utilizar la menor cantidad de palabras posibles para dar la  totalidad del mensaje) es mejor escribir “amanecía” que “estaba amaneciendo”.
– Utilizar el presente. Es un tiempo verbal que moviliza de una manera distinta al lector. El pasado recrea, el presente inspira y modifica el recuerdo. Es evocador por excelencia, relata en directo y hace que el lector se sienta muy próximo a la escena.
Tener cuidado con los adverbios en -mente. Son palabras largas, propias de registros formales. Si se abusa de este tipo de palabras, se produce cacofonía (repetición de sílabas que produce un efecto desagradable en la lectura). El estilo coloquial usa adverbios más vivos y breves. Se puede decir “hoy en día” en lugar de “contemporáneamente”.
Utilizar marcadores textuales para estructurar el texto. Establecen orden y relaciones significativas entre las frases: POR UN LADO, EN CAMBIO, EN OTRAS PALABRAS, EN CONCLUSIÓN, POR EJEMPLO, etc.
Una construcción siempre puede ser sustituida por una sola palabra. Es preferible la economía expresiva: “en el momento actual” se puede reemplazar por “ahora”; es más rápido leer “usualmente” que “en la gran mayoría de los casos”.
El lenguaje es vivo y está en constante movimiento. No es necesario usar palabras muertas o arcaicas. Hay una vieja creencia que tiene que ver con nuestra herencia cultural: en el lenguaje escrito utilizaremos palabras más formales y abstractas que en el lenguaje oral, usamos acepciones pasadas de moda porque nos parecen más serias que las coloquiales. No hay motivos para usar la palabra “nosocomio”, es más directo decir “hospital”.
Como sugerencia final. Tener en cuenta los niveles de formalidad en la elección de las palabras o construcciones. ¿Cuál es la diferencia entre conversar, charlar y “darle a la lengua”? En todos los casos hacemos referencia a la acción de dialogar. Lo que cambia es el nivel de formalidad que implica el uso de cada una de las expresiones. Si habla con su jefe sobre un tema laboral están conversando. Si habla por teléfono con un colega, charlan. Si se encuentra a tomar un café con su mejor amigo… ¡¡¡”le dan a la lengua”!!!
Cada uno de los componentes de un escrito dejará marcas de formalidad o informalidad. La impresión global que causa un texto depende de la suma de todas las marcas.
No existe nada neutro. Cualquier palabra o construcción carga con sus propias marcas, con sus connotaciones, con los usos lingüísticos que les ha otorgado la comunidad hablante. La elección adecuada de un registro formal o informal depende del contexto y del lector u oyente al que apelamos. Cada situación requiere un nivel de formalidad distinto, adecuado al interlocutor a la función del mensaje y el texto. Si no se respeta, peligra el éxito de la comunicación y la relación entre los interlocutores. Es como ir en remera a una reunión de etiqueta o llevar traje y corbata a un picnic en los bosques de Palermo.
Veamos algunos ejemplos:

    Registro formal                           Registro informal
 Abandonó, salió, se fué                se largó, se mando a mudar
 Niña, joven                                 piba, nena
 Habitación, cuarto, dormitorio      pieza
 Madre                                        mama, mami, vieja

– DOS CONSEJOS CLAVES para escribir con mayor claridad y con el menor número posible de palabras:

  1. No pierda de vista el mensaje. Debe convertirse en el eje de la narración. El contacto permanente con el mensaje evita dos fenómenos frecuentes en muchos textos: dispersarse del objetivo y omitir datos relevantes para comprensión del mensaje.
  2. Diga lo que tiene que decir: CUANDO HAYA TERMINADO, PARE.

Resumen
– La estructura textual está formado por párrafos, frases y palabras. Se denomina párrafo al conjunto de frases relacionadas que desarrollan un único tema. Tiene entidad gráfica (porque se distingue visualmente en la página) e identidad significativa (porque trata exclusivamente un tema). Es importante que la organización de los párrafos sea equilibrada: una recomendación para que los párrafos inviten a la lectura es que cada página contenga entre tres y ocho párrafos, y que cada uno tenga tres y cuatro frases.
– La frase es como un árbol: el tronco es la idea básica que transmite,las ramas son los incisos (aquellos elementos añadidos que podrían eliminarse sin que la oración perdiera autonomía sintáctica). Si las ramas o incisos aportan datos relevantes, enriquecen la raíz de la frase. Pero si interrumpen la lectura y alargan la frase hasta la exageración es mejor podarlos y quedarse sólo con lo esencial.
– Las palabras son la base de cualquier texto. Se dividen en ocho categorías gramaticales: sustantivos, adjetivos calificativos, adjetivos demostrativos, artículos, pronombres, verbos, adverbios, preposiciones y conjunciones. Es importante poner la palabra precisa en el lugar indicado; no repetir, evitar comodines, preferir palabras vivas a muertas, tener en cuenta el nivel de formalidad del mensaje.