Conciencia artificial

CONCIENCIA ARTIFICIAL

por Horacio Krell*

Ya se logró que las computadoras imiten a la mente y ahora se busca que la reproduzcan y que puedan pensar por cuenta propia. Siendo la conciencia un proceso biológico no es posible que tengan un procesador igual al humano. La revolución silenciosa fue el modo en el que la digitalización transformó el conocimiento, el trabajo y la política sin hacer mucho ruido. El objetivo de la conciencia artificial es darle conciencia al robot.

Uno de los grandes retos es definir lo que es conciencia. Hay hipótesis aplicables a artefactos, sin saber si se correlacionan con lo que hace la mente. Mientras avanzan las investigaciones en neurociencias más se sabe sobre ella. La investigación sobre conciencia artificial y humana tiene un enfoque multidisciplinario. Obviamente, la ingeniería juega un papel central, pues al fin  y al cabo se está hablando de máquinas.

Según la teoría maquiavélica, la competición social fue la razón por la que el cerebro llegó a convertirse en un órgano que consume el 20% de nuestra energía. La selección natural promocionó a los individuos cuyas estrategias sociales les daban éxito social y reproductivo. Sofisticadas estrategias “maquiavélicas”, como la mentira, la astucia o la creación de grupos sociales fueron la forma de tener éxito en la compleja sociedad.

Los genes controlan al cerebro. Pero el cerebro inventa estrategias sociales (memes),  estrategias que usa en la competición por aparearse. El modelo maquiavélico sugiere que la capacidad cerebral evoluciona mucho más rápidamente que la de aprendizaje, y que la ventaja de tener un gran cerebro deja de serlo, en tanto que estamos más expuestos a los memes, los genes sociales de una sociedad moderna. Los medios de comunicación y las redes sociales tienen titulares sensacionalistas y alarmistas sobre los peligros de la Inteligencia Artificial.Desde luego que la Inteligencia Artificial conlleva riesgos, pero en su gran mayoría vienen derivados de sus creadores. Por lo tanto, la aplicación segura y ética de la Inteligencia Artificial pasa por los valores, la educación, el control y las normativas aplicadas a los desarrolladores de estos sistemas.
Los robots no tienen conciencia, emociones, ni sentimientos. No es tan fácil definir qué es un robot.

Antes se creía que debía tener cara, brazos y piernas. Pero luego se cambiaron los caballos por automóviles y los brazos robots los fabricaban. La Robótica mejoró las prótesis y creó los robots móviles que se mueven a través de mecanismos como ruedas o patas. Esto acarreó la necesidad de cortar el cable de alimentación, usar baterías y microprocesadores que llevaran “la inteligencia” a todas partes.
La Inteligencia Artificial le permitió al robot interactuar con su ambiente y actuar en consecuencia. Los sensores, como hacen los sentidos biológicos en el hombre, le permiten al robot conocer su ubicación, o si se enfrenta una pared. Y luego la programación, le indica que debe doblar para no chocar. Este mecanismo se incorporó en las aspiradoras, los robots, las mascotas y hasta en autos que se manejan solos.
El robot humanoide. Con el invento del robot japonés Asimo de Honda a comienzos de los 2000, nace la Robótica de Servicio, que ayuda en la vida cotidiana en tareas tediosas, sucias y peligrosas. La forma humana le permite una mejor interacción con los humanos y usar espacios existentes. Un robot con ruedas no podría subir escaleras, entonces en vez de crear escaleras para robots, se piensa en que ellos tengan piernas.
Hay algunos mozos robots en restaurantes en China. Y robots recepcionistas que asemejan a jóvenes mujeres veinteañeras en Japón, con piel artificial muy realista. En Inglaterra, crearon un robot que trabaja como actor y recibe al público que visita las instalaciones de los museos.
El comportamiento programado. A través de la Inteligencia Artificial, los robots pueden “ver”, “hablar” “escuchar” y “aprender”. Un auto robot puede diferenciar un semáforo de un peatón.

Los asistentes virtuales entienden cuando se les pide que hagan un llamado, buscan en Internet el restaurante más cercano, informan el clima. Hay sistemas de Inteligencia Artificial que actualmente ayudan a los médicos sugiriendo mejores tratamientos en base al análisis de grandes cantidades de información.
Las cosas empiezan a “contarnos” que sucede, la ropa monitorea el ritmo cardíaco o los sensores predicen un terremoto. La llamada Internet de las Cosas llega a los hogares donde por ejemplo el termostato aprende a configurar la mejor temperatura posible. Por más que los robots tengan ojos llamativos o caminen, no dejan de ser máquinas. Su “humanización” es una proyección de los sentimientos hacia ellos, no tienen ganas ni intención. Sin embargo, se estudia la posibilidad de darles una conciencia artificial. Hoy eso no existe y nadie sabe si existirá, porque tampoco se conoce con certeza el funcionamiento de la conciencia biológica.
¿Qué es ser consciente? ¿Qué implica tener conciencia de estar vivo, pensar en consecuencias, planear el futuro? La Conciencia Artificial está en debate y se asocia a planteamientos morales y éticos. Vamos aprendiendo estos principios a medida que crecen y se viven diversas experiencias. De lograrse una conciencia artificial, ¿serían capaces los investigadores de darle a los robots las herramientas éticas para coexistir en un mundo de humanos? Mientras tanto, la Robótica y la Inteligencia Artificial siguen avanzando. Pero hay algo que los robots no pueden alcanzar: el sentido común. Las máquinas y los sistemas de Inteligencia Artificial pueden ser herramientas útiles que ayuden a la toma de decisiones. Pero las personas ponen en cada decisión sus sentimientos, experiencias, emociones. Por eso, las máquinas podrán sugerir, pero el humano siempre tiene que usar su propio criterio y tomar la decisión que considere la más adecuada.
Simbiosis. La literatura fantástica y los videojuegos ciberpunks alertan sobre el posible descontrol de la tecnología, mientras busca profundizar la simbiosis entre el microprocesador y la neurona, que será la línea dominante en los próximos años. Los científicos anhelan descargar en el cerebro circuitos integrados alimentados con inteligencia artificial. Esos implantes en el cráneo crean impulsiones que permiten reactivar circuitos defectuosos para tratar a pacientes con enfermedades neurológicas (Alzheimer o Parkinson).
Esta interfaz neuronal permitiría transferir potencia informática al cerebro,  el que así podría multiplicar su capacidad cognitiva, y explotar mejor el conocimiento sintonizando el sistema nervioso humano con el sistema nervioso de la  inteligencia artificial.
Sin cables ni baterías  permitirá a los electrodos captar la actividad neuronal y transferirla a una computadora o a un celular.
Descargar un cerebro significa escanear sus  detalles esenciales e instalarlos en un sistema. Ese proceso permitiría capturar la personalidad, la memoria, los talentos y su historia. La potencia de la ley del rendimiento acelerado, permiten suponer una curva de crecimiento exponencial que reduzca los plazos. Para eso buscan reemplazar el silicio de los microprocesadores por neuronas verdaderas para la creación de una conciencia artificial que podría pensar de manera autónoma, con un soporte biológico instalado sobre un disco duro externo o un pendrive implantado en el cerebro. Es un proceso intrigante y viable, pero peligroso.
Crear una conciencia artificial. Se deriva de la posibilidad conectar al cerebro con la inteligencia artificial. Para eso se busca reemplazar el silicio de los microprocesadores por neuronas verdaderas, con el objetivo de crear una conciencia artificial que podría pensar de manera autónoma, gracias al  soporte biológico montado sobre un disco duro externo o un pendrive implantado en el cerebro. Todo se lograría con una técnica de conservación del cerebro capaz de reconstituir la personalidad en un soporte. El tormentoso debate ético de reproducir la conciencia humana agravó el temor por el creciente poder que acumulan los gigantes de internet. Poco a poco, el mundo comprendió que era hora de inquietarse para no encontrarse un día, de pronto, frente a un sistema híbrido donde el hombre se confunda con máquinas controladas por la cibernética, el cerebro con la inteligencia artificial y el Estado con las corporaciones multinacionales.
En1997 Kasparov fue derrotado por Deep Blue y acusó a
IBM de hacer trampa. Algunos atribuyeron la derrota a su sistema nervioso. Su error no era propio de un gran maestro de ajedrez. La derrota caló en el imaginario colectivo como el principio del fin. De derrota a derrota, creció la expectativa de que la inteligencia artificial nos puede ganar. Kasparov 20 años más tarde hizo las paces:La partida no fue una maldición sino una bendición que me hizo aprender a lidiar con experiencias negativas”. Ahora lo veo de otro modo:“Fue penoso, pero me ayudó a entender el futuro de la colaboración humano-máquina”. Kasparov se describe como “el primer trabajador intelectual derrotado por una máquina”.
Todos somos Kasparov. Los encontronazos con la inteligencia inhumana no son cosa de genios.  Cuando Google te recomienda los mejores platos del restaurante en que estás lo piensas:“Te enfrentas con un desconocido que posee toda la información posible sobre ti”. Nadie explica cómo decide el algoritmo “Sería bueno que se imprima y publique todo el proceso de reflexión de Deep Blue durante un duelo”. Tal vez podríamos entender por qué hace jugadas increíbles. Cuando Alexa no entiende el título de la canción que le pides: “Ha cometido un típico error humano de imprecisión”.Alexa puede controlar varios dispositivos inteligentes compatibles con el sistema. Los humanos sabemos que hay muchos animales y máquinas que corren más rápido y son más fuertes y ágiles. Pero ninguno es más elegante e inteligente que nosotros.
La potencia de la red. La vida unicelular evolucionó en miles de millones de años. Para que se formara un organismo vivo las células debieron agruparse y tocarse. Al final nació la neurona que hizo posible la comunicación de células a distancia. Entonces la vida surgió en varios formatos. La revolución industrial necesitaba que las empresas y las personas tuviesen contacto físico. Hoy las telecomunicaciones permiten crear redes a distancia. Los chips de silicona interconectados son las neuronas de nuestra cultura.
El antiguo campesino de la economía agraria trabaja hoy en su oficina portátil: tractor con aire acondicionado, GPS, sensor de suelo y conexión a Internet. Cada vez hay menos empleos para la producción. Pero todavía se educa para un mundo que ya no existe. El átomo es el pasado, los símbolos de hoy son los chips y la red. La red no tiene centro, ni certezas. Es el encuentro de la inteligencia individual y social. Combina lo simple del átomo con lo complejo y desordenado. El chip de silicona y la fibra de silicato se unen a velocidades fantásticas para revestir al mundo con redes. Las redes tienen nodos cada vez más pequeños mientras que las conexiones crecen. Los chips son baratos y se alojan en los objetos para hacerlos más inteligentes y productivos. Así como células poco inteligentes crearon el inteligente sistema inmunológico, una PC conectada con otras diseñó la telaraña mundial “World Wide Web”.
Sintonizar el sistema nervioso humano con el digital. En un mundo de especialistas en red, la sabiduría retornará si su conexión, promueve un diálogo global que descomponga el todo en partes pequeñas para entenderlo y mejorarlo. Este entramado precisa ideas que apunten en una misma dirección.
El poder consistirá en aprovechar la comunicación. Hay que tomar conciencia de la importancia de pertenecer y distribuir el conocimiento en la red. Esto implica actuar en tiempo real, porque la velocidad hará que un retraso no pueda recuperarse. También convendrá participar en redes grandes y pequeñas. En las primeras porque cuando surja una idea su valor se multiplicará y en las pequeñas porque se mantendrán unidas por afinidad, cooperación y cerradas a los que no formen parte.
Marketing personal y digital. Para crear una red comercial hay que saber atraer la atención de los socios miembros, capturar su interés, lograr su fidelidad y llevarlos a la acción. El marketing personal necesita al para posicionarse en los motores de búsqueda y atrapar al internauta. Es necesario para lograr el one to one. Se trata de armar un smart web, un sitio inteligente, cuyos productos ocupen la “pole position”.
La web no es una vidriera sino un mostrador. Debe promover el interés -el motivo de la acción- generar conexión, aprendizaje, información y buen humor. La mina de oro es la base de datos y con la web y el correo electrónico, construyen el sistema nervioso digital. Frente a la crisis de empleo  hay que aprender a emprender. Al detectar  las señales se puede saber cuándo crecer, conservar, retirarse o independizarse.
Una idea creativa emerge del manejo de datos y redes. La regla es liderar. Un proyecto exitoso requiere inteligencia. Para lograr empleo, trabajo o clientes, hay que asociar emociones, pensamiento estratégico y acción eficaz. En una red el talento de cada uno se multiplica por el de los demás. Sincronizando cerebro y sistema de redes se inventó un poderoso cerebro social de alianzas estratégicas digitales múltiples.
Fábrica de ideas y relaciones productivas.Un cerebro entrenado canaliza el empowerment o poder interior para generar buenas ideas. El pensamiento estratégico planea cómo llevarlas a la práctica lo que requiere una metodología de ejecución y una red de contactos. De este modo es como una idea se convierte en un producto o en un servicio. Es así como el espíritu se convierte en materia. Se trata de un trabajo en equipo. Hay cerebros creativos en los que sobresale el lóbulo frontal derecho. Hay otros analíticos donde se alumbra el lóbulo frontal izquierdo. El lóbulo basal izquierdo entrenado se enciende en una mente ejecutiva que no crea ni analiza pero que sabe hacer. Por último, en el lobo basal derecho, florece la capacidad de caer bien a todo el mundo y de relacionarse. Un equipo de alta competición no nace de mentes iguales, si todos fueran creativos estarían tirando ideas y nadie haría el trabajo. Un equipo de alta competición necesita creativos generando las mejores ideas, analíticos eligiendo las mejores, ejecutantes que realicen el trabajo y socializadores que vendan lo que el grupo produce. De lo que se trata entonces es de trabajar en o construir redes internas y externas. El creativo cuando es innovador es el mejor imitador de Dios en la tierra.
Las redes sociales. Cambiaron la forma de relacionarnos. Deberíamos entrar en una fase crítica y  preguntar hacia dónde nos llevan. Es una herramienta poderosa para luchar contra la opresión, el oscurantismo y los regímenes dictatoriales. Garantizan mayor control y vigilancia ciudadana, mayor transparencia, mayor capacidad de movilización. Son vehículos que canalizan la rebeldía. Pero también estimulan la impaciencia social y potencian movimientos sin liderazgos visibles y con reclamos tan heterogéneos y diversos que cuesta identificar el eje de la demanda. Pero ¿somos los mismos después de ser manipulados por la inteligencia artificial? Es hora de poner el acento en el uso responsable de las redes, un tema del que no se habla. Los gobiernos deben poner en su agenda el tema de la conducta digital responsable. El desafío es armonizar con ellas y aprovechar su potencial, sin endiosarlas ni permitirles cualquier cosa.
Y volviendo a la conciencia artificial: un manifiesto firmado por 700 científicos alerta sobre la necesidad de trabajar en una regulación tecnológica a nivel internacional. Más que una guerra entre humanos y máquinas, los expertos señalan el control de los datos y las armas autónomas como algunos los principales riesgos.
Los expertos coinciden en señalar a la educación como la medida más importante. Vamos a buscar otros trabajos donde prime la creatividad y por eso será necesario invertir en una educación que añada el arte entre la ingeniería y las matemáticas. Habrá que dar mucha más importancia a la formación continua para que la gente pueda reciclarse con más facilidad y así poder cambiar de profesión, ya que por lo menos, hasta ahora, los cambios tecnológicos que han destruido lugares de trabajo también han creado otros.
Se trata, al fin y al cabo, de una transformación de las profesiones. Faltará ver si los diferentes sujetos de la sociedad se apresuran a poner en marcha los engranajes que entran en juego –leyes tecnológicas, educativas, etc.– para que esta inevitable revolución del trabajo sea para el bien general de la humanidad.

El filósofo francés François Rabelais, en 1532, en el umbral de la revolución generada por la imprenta, dijo que “la ciencia sin conciencia es la ruina del alma”.
*CEO de Ilvem, mail de contacto, horaciokrell@ilvem.com , whatsapp +5491154224742

Cursos relacionados a la nota:

– Curso de Lectura Veloz

– Curso de Memoria

– Curso de Método de estudio, concentración y audiencia

– Curso de Inteligencia aplicada

BUSCAR

COMPARTIR

NEWSLETTER