Cerebros en cuarentena

CEREBROS EN CUARENTENA

Por Horacio Krell*

Los primeros 3 años de vida del niño, desde que nace hasta que adquiere el lenguaje, son una etapa fundamental que condicionará a la persona que será en el futuro. Por eso se dice que “el niño es el padre del hombre”. No hay destinos marcados y las heridas provocadas por el abandono o la vulnerabilidad se pueden llegar a curar, pero la desigualdad empieza por allí.

La resiliencia es la capacidad que poseen algunas personas de transitar por la adversidad, superar los traumas y salir fortalecido. Los recursos afectivos y simbólicos recibidos en los primeros años, son fundamentales para encarar con éxito esa etapa de la vida.

Estamos en plena cuarentena por lo que aún no se puede hablar de resiliencia, ya que todavía se lucha contra el virus. La resiliencia surgirá a posteriori si se cuenta con factores de protección: fuertes redes afectivas, herramientas educativas, buen salario, ambiente agradable.

Así le será más fácil. Para los que conviven con vulnerabilidad, maltrato, violencia familiar y hacinamiento, la recuperación no será imposible pero sí más improbable.

La fórmula para lidiar con el trauma es estar acompañados y sostenidos: la familia y los amigos son redes de apoyo primordiales. Además es importante darle un sentido a lo que sucedió. El significado que se le otorga a un evento resignificará el modo en que se lo vivió y se lo sufrió.

Prisioneros del pasado. El síndrome psicotraumático se experimenta por haber sufrido una herida insuperable, se la pasa recordando los mismos temas: “por qué fui herido, por qué fui abandonado, por qué me pasó a mí”. En los que son prisioneros del pasado se produce una repetición, el alma se encuentra invadida de día y de noche. Es un monólogo interno que no termina nunca y hasta una batalla  puede ser gatillada por un suceso que sucedió mucho antes.

No es posible olvidar el sufrimiento pasado, pero es posible liberarse intentando otras formas de entenderlo y así es posible cicatrizar las heridas. Los que no pasaron por eso, sufren la cuarentena de otro modo: ven mejor el pasado pero calculan un futuro horrible. Lo único que es neutral y que permite mejorar el control psíquico es vivir en el presente.

Exceso de futuro. Temores anticipatorios como angustia, ansiedad, miedo, denotan la pausa en la que se vive hoy e impiden situarse en el presente, así como la tristeza y melancolía revelan un exceso de pasado. No saben procesar la situación. Despiertan bien y terminan mal el día o viceversa. Les cuesta la incomodidad porque compraron la ilusión de que controlaban su vida.

Miedo líquido. Miedo es incertidumbre e ignorancia ante una amenaza que no está al alcance de la comprensión. Son temores que amenazan el cuerpo y a las posesiones. Otros amenazan la duración y la fiabilidad del orden social (la renta, el empleo). Y están los miedos que amenazan su posición en la jerarquía social, su identidad y su inmunidad ante la degradación.

Cómo enfrenta el cerebro la cuarentena. Hay que considerar al hombre en un sentido holístico, además de resguardarlo del contagio se debe cuidar su integridad mental, emocional, afectiva y económica. La pandemia mental debe tener una respuesta urgente y prioritaria. Sin cuidar el bienestar emocional, se generarán graves costos humanos, sociales y económicos.

El aislamiento prolongado ataca la salud mental. La respuesta de estrés es normal, pero los desafíos imposibles disminuyen capacidad para enfrentarlos y provocan agotamiento, sentirse abrumado e incapaz de satisfacer las demandas.  Pueden derivar en enfermedades como depresión, ansiedad, insomnio, psicosomáticas, frustración, desapego, mayor uso de sustancias tóxicas, violencia doméstica, confusión e ira Estos efectos podrían ser duraderos.

Son el resultado combinado de la pandemia y el aislamiento. Es indispensable contar con un plan estratégico de salida de la crisis, que sea integral, multidisciplinario y apoyado en evidencia científica. La clave es brindar un horizonte, una imagen sólida del día después, y que la discusión se lleve adelante sin luchas políticas y que logre reducir la incertidumbre.

Cuanto más larga sea la cuarentena, más impacto traerá el aislamiento y el miedo al contagio. La falta de una perspectiva concreta, con cara al futuro, agrava la situación. 

Un gobierno que atrasa. Advierte que está perdiendo la batalla y en vez de tomar medidas proactivas se dedica a correr detrás de la peste. Debería tener empatía para comportarse y comunicar en forma trasparente, responsable y con humildad, consciente de que muchos lo miran desde la pobreza, perdieron su empleo, se siente inútiles, forzados al aislamiento, al hambre, aterrados por la supervivencia familiar y hartados con el encierro que se eterniza

La falta de una luz al final del túnel empieza a desnudar las flaquezas de la acción oficial.

La salud mental depende de múltiples factores. Es fundamental que el Estado logre que la situación sea más tolerable. Que brinde una comunicación clara que permita saber qué sucede, por qué se decide lo que se decide, y cuál es la estrategia hacia la salida. Lo más complicado de todo es que no encuentra una razón científica para semejante retroceso en la circulación viral.

Debería reconocer lo que no se sabe porque la transparencia es básica para que se acaten las normas. La confianza es vital para que se acepten las indicaciones. La cuarentena desnudó la falta de coordinación el 3 de abril cuando un aluvión de jubilados se agolpó en los bancos.

También se tardó en organizar los operativos de testeos y rastreo de contactos estrechos que le hubieran dado sentido al ganar tiempo. Los objetivos no se cumplen sin recursos, como el suministro de alimentos, agua e insumos médicos a los grupos vulnerables. Las preocupaciones relacionadas con la subsistencia y las carencias materiales constituyen un agravante serio para los que menos tienen y pesa sobre su posibilidad de afrontar la amenaza de la pandemia.

La salud es un todo. Por eso, debemos reforzar el sistema sanitario incluyendo la salud mental y la contención psicológica. Esto incluye una masiva educación masiva de los recursos intelectuales de la población, que promueva pautas de prevención, habilidades de regulación emocional, detección temprana de dificultades y el acceso a la ayuda profesional especializada. Es urgente desplegar estas acciones con los sistemas formales de educación, de comunicación y de publicidad oficial. Se deben dedicar recursos y potenciar el sistema de salud mental en sus diferentes niveles. Estamos enfrentando una pandemia de gran impacto. En el altruismo y la solidaridad nacen las conductas para salir adelante. Es vital pensar estrategias para cuidar el desarrollo humano que es la mayor riqueza del país: sus recursos cognitivos y emocionales.

Los riesgos se agravan. La recesión, la debilidad del peso, la deuda, la inflación, la falta de competitividad, la desconfianza en un proyecto político intervencionista, la grieta política que se prometía cerrar. Tras un inicio exitoso que redujo el número de contagios y aplanó la curva de la epidemia, la cuarentena se flexibilizó, se multiplicaron los exceptuados, el uso de transporte público, mientras los contagios crecían, en lugar de disminuir.

El modo de interrumpir la transmisión es identificar a los infectados, aislarlos, rastrear y aislar a sus contactos. Pero no se hizo. Tuvieron fallas en la comunicación. Algo similar ocurre con la convocatoria a “un último esfuerzo”, que nadie puede garantizar sin una vacuna y sin un tratamiento efectivo. El experimento es inédito: la sociedad está sofocada, con una economía que se cae y sin esperanza. El peligro es que se llegue a la indiferencia popular

Disminuyó el ritmo de rastreo. La aplicación del plan Detectar en el Barrio 31 fue una muestra de lo que había que hacer. En un par de semanas, se logró controlar el brote y disminuir el número de contagios. Pero a medida que este enfoque comenzaba a aplicarse en otros barrios y en instituciones cerradas, como los geriátricos, empezó a multiplicarse el número de casos en los barrios no vulnerables. Y aunque se decidió aplicarlo en esas áreas, quedó en evidencia que la escala de los contactos que habría que rastrear crecía exponencialmente y el ritmo del rastreo no creció en la escala deseable. Hoy sería necesaria una cantidad 10 veces mayor que la actual. A pesar de haberse acelerado los testeos, la diferencia con Colombia y Paraguay -destacado por su estrategia sanitaria-, está lejos de achicarse. Argentina es de los países que menos testea.

Existe un movimiento social subterráneo. Aún no se puede pronosticar cómo se va a expresar la confluencia del hartazgo, la desesperación y las dudas sobre el verdadero liderazgo político. Al miedo al contagio se suma el riesgo de estallidos populares, aunque el malestar se puede canalizar por desobediencias individuales de las clases media y media-baja, que se sienten poco contenidas. Es la primera crisis grave desde que existen las redes sociales.

El teletrabajo cura y llegó para quedarse. Los que siempre trabajaron, no tienen al menos que arañar las paredes de su hogar. El cambio preservó su salud y les permitió seguir produciendo. Se pasó de lo imposible a lo posible por un aislamiento social obligatorio que luego duplicó la cuarentena. Las empresas que están decididas a ampliar esta práctica quieren hacer virtuales sus procesos de trabajo. Mercado libre y Santander extienden el teletrabajo al 100% de su personal. El CEO de Twitter informó a sus empleados que trabajarán desde su casa para siempre.

No se puede generalizar en cuarentena. Conforme pasan las semanas se va encontrando un equilibrio sin límites precisos, como pasar de ayudar a un hijo en la tarea a una reunión de trabajo de trabajo vía Zoom. Los altibajos en la salud mental de los que viven solos, en contextos de aislamiento, impiden hacer cualquier análisis perdurable. Se necesitarán reglas
claras para que el teletrabajo se desarrolle de manera segura y productivaEl derecho a la conectividad deber ser una realidad por cuestiones laborales, educativas y de libre expresión.

Los resultados, como todo en la vida, dependerán del cómo se haga. De construir empleos que permitan la conciliación familiar, aumentar la productividad y la satisfacción laboral y reducir la contaminación por el transporte, mejorando el tránsito y construyendo ciudades más sanas.

El teletrabajo debe continuar bajo la protección de las leyes laborales vigentes, teniendo certezas, entre otras, acerca de la duración de la jornada laboral. En este sentido, debe garantizarse el derecho al descanso y a la desconexión. Asimismo, deben estar regulados los elementos que deberá proveer el empleador, así como controles que respeten la privacidad.

La nueva normalidad está a la vuelta de la esquina. No dejemos que nos tome por sorpresa.

Las dudas perforan cualquier burbuja y confirman la incertidumbre sobre la capacidad de gestión del gobierno y se agravan con el tiempo. La dificultad para concretar es muy visible. Solo ofreció paliativos, que se van agotando. Empresarios y gremialistas piden una guía de transición pero no reciben una convocatoria efectiva. Hasta la resolución de la deuda se atrasa, y desean cerrar la negociación. No están en condiciones de afrontar un revés en ese plano.

Somos humanos. Sentir angustia, tristeza y ansiedad, es normal ante la incertidumbre.

Cierta tristeza, enojo y miedo no son emociones negativas. No causan placer pero aparecen en las crisis. Hay que ver qué hacer con ellas si es que aumentan mucho en intensidad, porque no es bueno tener pánico o una ansiedad que no deje hacer nada. Hay que pensar que no va a ser para siempre, que hay luz al final del túnel y que se puede ver a la familia gracias a la tecnología

Trabajar la cabeza. Para que el estrés disminuya hay que anotar lo que se piensa y advertir que es más una forma de pensar que lo que realmente pasa. El juego es reemplazar el formato sin eliminarlo y buscar pensamientos racionales. Depende de cómo se piensa es cómo se siente.

Registrar los pensamientos. El primer paso es ver lo está pasando sin culpar al otro. Es como jugar al tenis o aprender a tocar el piano, hay que practicar, practicar y practicar. Es hallar un tipo de pensamiento catástrofe y tratar de agregarle un toque racional o de evidencia.

La meditación. Suma para conocer la mente, otra falencia de la estructura educativa. Estamos hablando de emociones, que se originan en el cerebro, pero van al cuerpo siempre. El cuerpo informa sobre lo que pasa, porque da señales. Con eso hay que parar la pelota o tomar otras decisiones o no comportarse como la emoción empuja a hacerlo. Mente y cuerpo son uno solo.

Pensamiento y acción. Las acciones y la postura informan al cerebro. Hay gente que utiliza más lo racional, lo cognitivo, y hay otros que saben que estirándose un poco, haciendo flexiones o yoga se calma a la mente. El círculo pensamiento, emoción, acción se retroalimenta. Cuando se hace vicioso, todo es negativo. La propuesta es cambiar lo que se siente. Sentirse mejor, seguro, tranquilo, permite pensar con claridad y tener ideas para solucionar los problemas.

Estar en positivo. Ser una persona positiva no es suficiente para que todo vaya bien, pero ser negativa es suficiente para que todo salga mal. Hay que ser un poco realista, trabajar, esforzarse de modo focalizado, evaluar qué estrategias se usan para lograrlo. Ser optimista no es suficiente. Hay frases hechas como “cree en tus sueños” y de repente estos sueños no acontecen. No son suficientes, pero sí importantes. Algunos van a necesitar practicar más, otros se van a equivocar y ahí va a aparecer la actitud y la resiliencia para levantarse y seguir intentándolo.

La creatividad debe jugar su papel. Hay que animarse a pensar diferente, a cambiar los proyectos que ya no funcionan. En ese brainstorming no hay límites, hay recursos, y con ellos se deben generar ideas. Los científicos que estudian la creatividad encuentran que cuanto mejor uno se siente, cuantos más recursos tenga, más tranquilo estará y tendrá más chances de ser creativo. Pero la necesidad tiene cara de hereje y también es la madre de la creatividad.

Hay que animarse a ser creativo, que sea un juego y que de ese juego quizá surja algo real.

Está en la naturaleza humana tejer vínculos y lazos con el otro: día tras día, palabra tras palabra, gesto tras gesto. La interacción necesita vínculos. La felicidad es una utopía que siempre se busca y a veces no se sabe  por qué se está feliz o triste. Pero un cerebro, sin otro cerebro, se apaga. Es difícil vivir con otros, pero lo es más vivir sin los otros. La felicidad es el placer de vivir lo cotidiano. Hay una artesanía de la felicidad que se construye en la vida diaria.

Pero el teletrabajo implica que se pierdan los límites entre la vida laboral y familiar. Hay que aprovechar estos tiempos muertos de malaria para pensar que hacer ahora y el día después.

*Director de ILVEM. Contacto horaciokrell@ilvem.com Por whatsapp +5491154224742

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