Breve estudio de la inteligencia desde sus orígenes

BREVE ESTUDIO DE LA INTELIGENCIA DESDE SUS ORÍGENES

Por Horacio Krell*

Desde siempre la inteligencia fue usada para sustentar el orden social vigente Sin embargo las personas más inteligentes no son habitualmente los líderes de la sociedad. Atribuir una menor  inteligencia a través de tests se usó para justificar la pobreza y para realizar un etiquetado social.

Qué es la inteligencia. Sin saber que es, ¿cómo se puede saber quién es más inteligente?

Binet en 1904  divulgó una escala para medir la edad mental. Llegó a afirmar que “la inteligencia es lo que mide mi test”. Stern en 1912 propuso dividir la edad mental  por la edad cronológica y así obtuvo el cociente intelectual. Terman en 1916 popularizó el cociente intelectual con  el célebre IQ (intelligence quotient), donde un IQ entre 90 y 109 representa una inteligencia media. Así comenzaron a popularizarse los tests.

La sorpresa fue que un IQ alto no asegura el éxito en la vida. La idea de tener una medida general de la inteligencia o factor G  fue desarrollada por  Spearman en 1919.

El precursor de la psicometría fue Sir Francis Galton 1822-1911, dedujo que la inteligencia es producto de la herencia. En EEUU los tests que tomaba el ejército impedían el ingreso de los extranjeros que no superaban las pruebas, para no contaminar a la sociedad.

Se consideró a la inteligencia como algo de existencia física, que se ubicaba en el cerebro, y que se lo podía cuantificar y medir. Lo cuantitativo siempre fue relacionado con algo científico.

La correlación indujo a considerar variables que se mueven juntas como criterio de causalidad.

Fue así como Spearman  en 1923 atribuyó respuestas parecidas en tests de laberintos o rotación de figuras a una supuesta Inteligencia espacial. (Análisis factorial). De varias pruebas derivó un supuesto factor g (general) que era el determinante de la inteligencia y que reflejaba el valor intelectual de una persona, la que no podía alterarse dado que se suponía que era hereditaria.

Gardner en 1983 creó la teoría de las inteligencias múltiples, la que explicaría la causa de las diferencias individuales: “la inteligencia es algo muy importante para dejarla en manos un test”. Es una costumbre creer -para no pensar-  que alguien es inteligente o de pocas luces en toda situación. Sin embargo se puede ser inteligente en un campo y tener pocas luces en otro.

La inteligencia medida. Para algunos la inteligencia sería algo así como una cosa ubicada en el cerebro. Un concepto abstracto no tiene que tener una identidad real que lo represente y mucho menos que se pueda medir, como que, por ejemplo, es imposible medir la cantidad de miedo.

Partiendo de supuestos falsos pretenden llegar a conclusiones científicas. Muchas manifestaciones del ser interior no pueden ser medidas. Los idiotas sabios están dotados de capacidades asombrosas y por otro lado las personas inteligentes no lo son siempre y en todo.

Según la teoría de las inteligencias múltiples todos tenemos un genio interior, pero los idiotas sabios que tienen un talento, lo tienen como  en una isla sin poder compartirlo con otras esferas de su personalidad ni con terceros. No pueden abstraer y por lo tanto quedan atrapados en lo concreto. Pueden contar una historia en detalle pero sin implicarse emocionalmente en ella.

Ninguna teoría y ningún teste pueden explicar totalmente qué es la inteligencia.

El caso de Einstein. En 1955 Einstein muere y dona su cerebro a la humanidad para que sea estudiado. La glándula pensante fue depositada en jarras con conservantes y luego el encéfalo fue dividido en trozos para su investigación. La mayoría de las personas comparte la idea de que Einstein es el prototipo del ser inteligente. ¿Se podría mediante este estudio detectar la relación entre el cerebro y la mente por las características del hardware?

Las comparaciones se hicieron con el mayor rigor científico midiendo su peso, tamaño, cantidad de neuronas por zona, y sus características anatómicas. Pesaba 1230 gramos, era inferior a la media de 1400. La explicación fue que es se debía a que su estatura era baja. ¿Acaso estos pocos marcadores biológicos podrían ser distintivos de su genialidad? Así como en los atletas la sangre tiene más glóbulos rojos como para abastecer mejor de oxígeno a sus tejidos, en el cerebro de Einstein las células gliales de contacto eran el aporte a sus neuronas por su necesidad derivada de su mayor actividad mental. Lo que no se sabe es si fueron la causa o la consecuencia. Su parietal inferior potente pareciera afirmar su capacidad visual (no descubrí nada con mi mente racional, decía) y su tamaño grande, potenciaría su habilidad matemática. Pero la forma o el tamaño no hacen al funcionamiento de un órgano. La corteza cerebral era más estrecha y  compacta por lo que allí cobijaba muchas neuronas lo que podría contribuir por su distancia a su rapidez mental y conectividad. Pero pensar más rápido no significa que se piense bien. La ejecución de un instrumento no depende solo de su calidad sino de cómo se lo toca.

Pero Einstein padecía de ceguera emocional. De allí su fracaso en sus matrimonios y la falta de interés por sus hijos. Le gustaba la música pero era bastante malo en la ejecución del violín.

El cerebro de Einstein no valía por su peso o por su medida, sino por cómo lo hacía funcionar. Las neuronas que relacionan unas con otras – las células gliales- parecían mucho más presentes en su cerebro. Esto marca la diferencia entre el hardware, el cerebro físico y el software que usa la mente que lo opera. El poder inteligente abreva en los hemisferios. Del derecho, el hemisferio del artista- obtiene las ideas, del izquierdo, el hemisferio del científico- su organización.

Ambos se conectaban en el cerebro de Eisntein por un cuerpo de fibras nerviosas de un modo distinto, era más grueso y ramificado que el del cerebro común. Cuanto más se aprenda sobre la interrelación cerebro-mente-cuerpo, a través de la investigación, más rápido evolucionará la educación del cerebro para armonizar los genes y los memes, su símil en el plano cultural.

La inteligencia corporal y mental. Otras especies superan al hombre en fuerza y en destreza física, nuestro predominio surgió en la capacidad mental. Hace millones de años el hombre iba en camino a desaparecer, superado por las otras especies, lo que lo salvó fue la inteligencia.

La selección natural opera a ciegas y potencia lo que favorece la sobrevivencia. A la evolución le da igual la fuerza bruta pero favorece lo que contribuye a la vida. La inteligencia fue la cualidad elegida por la evolución para lograr supervivencia. El ambiente inhóspito nos empujó a desarrollar la mente, la inteligencia fue la virtud  y el arma elegida por la evolución.

El hombre tiene mayor corteza cerebral que otras especies y por eso puede hacer asociaciones nuevas y pensar. Planear el movimiento del brazo al objeto es el indicio de la inteligencia y del aprender del error. Crear secuencias de movimientos en la corteza es el origen del pensar.

Hoy dejamos de ser inteligentes. La selección natural ya no nos agobia y no debemos adaptarnos al ambiente sino que lo moldeamos para adaptarlo a nosotros mediante la tecnología. El mecanismo cultural que nos dirige, no se enfoca en la supervivencia que parecía asegurada, sino en cumplir mandatos. La inteligencia dejó de ser un arma evolutiva como en el pasado, donde nuestros ancestros debían improvisar, ser creativos, para no ser presa fácil de los animales. Por eso construyó refugios y armas y utensilios y aprovechó el calor del fuego. Las conductas sugeridas por la selección cultural no favorecen el desarrollo de la inteligencia. Como demostró la conducta errática contra el corona virus y la falta de prevención, la inteligencia humana se encuentra bloqueada por vivir en la zona de confort.

El principio de Peter. ¿Por qué la sociedad actual no es meritocrática y elimina a los más inteligentes de las posiciones claves? El principio de Peter ilustra sobre la mediocridad de las organizaciones. Lo raro es que no siendo racional la selección en los ascensos sino que dependa de  llevarse bien con el jefe o de la antigüedad, ¿cómo es posible que el mundo funcione bien?

Si la organización moderna restringe el espíritu creativo e innovador, ya no se trata de la supervivencia del más apto. Buscar soluciones podría paralizar a un sistema que funciona.

La inteligencia sería entonces como la arenilla que se mete en un motor y puede trabarlo. Sin embargo la ostra transforma la arenilla que entra en su organismo en perla. El jefe es el jefe porque es jefe y no porque sea el mejor. El mérito, la inteligencia, ya no harían falta.

El individuo aislado puede intentarlo pero también está trabado por los grupos con los cuales interactúa. El grupo en general puede más que el individuo, sin el apoyo de los demás nada se consigue. Y los demás no responden al más inteligente sino al jefe. No ser sociable puede ser también una traba y el conformismo puede ser positivo para las organizaciones y los grupos.

La inteligencia es en teoría deseable. Pero en la práctica la misma sociedad limita o incluso impide la conducta inteligente. A pesar de ello, el mundo sigue funcionando. ¿Cuáles son los inconvenientes de la situación? En primer lugar, la misma sociedad pierde valiosas contribuciones de individuos con talento, que han visto frustradas sus ideas y proyectos.

No toda persona inteligente tiene el valor o las ganas de ir en contra de la corriente  pero el triunfo de la mediocridad encierra otros peligros para la sociedad entera. El conformismo y el retroceso del intelecto pueden desembocar en situaciones tan desastrosas como lo fueron el régimen comunista en el antiguo bloque del Este, o la terrible dictadura nazi. Sólo el pensamiento crítico puede impedir que la sociedad caiga en la trampa. Se supone que la humanidad avanza gracias a ideas nuevas, originales, o creativas. La mediocridad sólo permite marchar por inercia, siempre que no surjan problemas. Pero el universo no es estático. Sólo la inteligencia resuelve enigmas y encuentra soluciones a dificultades nuevas.

Pero todavía podemos recurrir a los conceptos darwinistas y considerar la inteligencia como una simple característica, ni más ni menos valiosa que otras. Nuestra especie ha pasado por un desarrollo extraordinario de la capacidad mental, que le facilitó propagarse por todo el planeta y modificar el medio ambiente. En lo natural, el hombre ocasionó daños irreversibles. Desde este punto de vista, nuestras facultades cerebrales quebrantaron el equilibrio natural de la Tierra.

Deterioro del medio ambiente. La causa de la influencia irreversible en el medio ambiente, como el creciente agujero de la capa de ozono, no se debe al conocimiento sino a su mal uso. No podemos afirmar que el ser humano de hoy sea menos inteligente que hace miles de años. Pero si podemos sugerir una tendencia evolutiva al declive. En cualquier caso, el nivel de conciencia, que la evolución no nos concede, hace que podamos tener un papel más activo para manejar nuestro destino. Paradójicamente, si fuésemos suficientemente inteligentes, usaríamos nuestro cerebro y la creatividad sin producir un impacto tan negativo en el entorno.

Pensamiento crítico Sería mejor ser más cautos y críticos a la hora de atribuir la inteligencia o la imbecilidad, y de generalizar a las demás facetas de la personalidad a partir de éstas o viceversa. Sería mejor no dejarse afectar por el resultado de los tests de un modo excesivo.

La fuente de autoestima surge al descubrir el genio interior que todos llevamos dentro, según la teoría de las inteligencias múltiples. Así es que se puede ser poco creativo pero inteligente en otra área. Es posible tener mucha inteligencia emocional y poca inteligencia verbal.

Es importante conocer nuestros puntos fuertes y débiles, es decir, nuestro perfil. También es interesante diferenciar la inteligencia académica de la inteligencia emocional, y ambas de ser una buena persona, o un ciudadano decente, con valores, motivaciones, actitudes y actos positivos. Se puede poseer ambas en un grado elevado y, sin embargo, ser un psicópata.

Ojo con el acoso psicológico. El acoso aparece donde menos se espera, y es más frecuente de lo esperado. No es posible vencerlo, sólo se puede denunciarlo e irse, para un individuo es difícil vencer a un grupo. El acoso forma parte de la vida secreta de las sociedades, como tantos otros secretos asociados a los temas sociales, escolares, policiales, judiciales, escolares o familiares.

La inteligencia es como un oro interior, una propiedad inmodificable que deslumbra.

Debe disimularse, ocultarse, moderarse, si no deseas provocar la ira del estúpido.

Cualquier solución que pase por un grupo debe sobrevivir al filtro de la estupidez.

Cambió la forma de medir la inteligencia. Se puede ser inteligente de diferentes maneras. El enfoque clásico no  hacía foco en la vocación. Para Séneca: no hay vientos favorables si no sabes a dónde quieres ir. Existe un poder interior o empowerment que se convierte en poder inteligente (smart power) si conjuga el querer con la  eficacia. Unir querer y poder armoniza la vocación, el talento y el mercado laboral. No basta con saber lo que se quiere; sin conseguirlo uno se frustra. Lo mismo pasa si la carrera se elige por imposición o por la sociedad de consumo, que da un radar para imitar a ricos y famosos pero no la brújula del autoconocimiento.

Otro bloqueo es metodológico. Para Nietzche los métodos son la mayor riqueza del hombre.

Un primer desajuste es la desinteligencia emocional, la falta de correspondencia entre la vocación y las emociones que se experimentan en la actividad diaria. También hay bloqueo por falta de imaginación, o la bohemia: calentar la pava pero no tomar el mate. El bloqueo estratégico consiste en no fijar metas; el que falla al planear planea fracasar. Otro error es no saber ejecutar el plan. Son destrezas que deben entrenarse (aprender a aprender y a emprender).

Una virtud clave es la inteligencia social: implica elegir bien a los que nos acompañarán en la ruta de la vida. El capital social es la sumatoria de las relaciones productivas. Podemos seguir enumerando inteligencias múltiples pero conviene saber que el verdadero “desarrollo” no es lo que tenemos sino lo que hacemos con eso, para convertir el espíritu en materia. Para que el genio  no quede encerrado en la lámpara de Aladino, debemos llevar las ideas la práctica. Por eso, la educación debe ser la industria pesada del país porque fabrica los argentinos del futuro.

*Director de Ilvem, mail horaciokrell@ilvem.com o +5491154224742

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