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DADME UNA PALANCA Y UN PUNTO DE APOYO: LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL PARA AMPLIFICAR LO HUMANO

por Horacio Krell (*)

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La verosimilitud como nuevo riesgo

Las inteligencias artificiales hablan como si pensaran. Lo que dicen suele sonar

coherente y verosímil, aunque no siempre sea verdadero. Cuando no saben, inventan.

Este fenómeno no es neutro: emerge en una época en la que el populismo erosiona la democracia y donde el ruido vale más que la verdad.

Un ejemplo elocuente ocurrió cuando un periodista le preguntó al alcalde de Nueva

York si Trump era fascista. Trump, presente en la escena, le sugirió: ?¡Decile que sí!?.

El resultado fue positivo para él en redes sociales, donde la exageración y la

polarización generan más impacto que la precisión. Las IA, al amplificar contenidos sesgados, tienden a reforzar estas dinámicas antidemocráticas.


No competir con un monopatín contra un Fórmula 1

Es imposible competir contra las IA usando herramientas rudimentarias. Un traductor humano, por ejemplo, difícilmente conserve su trabajo si pretende competir sin apoyarse en tecnología. La clave no está en oponerse al cambio, sino en desarrollar la capacidad de aprovecharlo. No se trata de resistir la ola, sino de aprender a surfearla.

Quien se apalanca con IA logra mucho más que quien confía solo en sus destrezas

personales. Franco Colapinto no ganará carreras si no conduce un auto competitivo: el talento sin herramientas adecuadas no alcanza. En casi todas las actividades, cuando alguien se destaca, suele ser porque aprendió a usar la IA como palanca.

La paradoja del reemplazo: no cae el trabajo barato

Existe la creencia de que las IA reemplazarán principalmente el trabajo repetitivo y de bajo costo. Sin embargo, apuntan al trabajo más caro, allí donde la reducción de costos genera mayor rentabilidad. Sustituyen software valioso por soluciones producidas a costo casi cero: menor precio, mayor ganancia.

Lo asombroso es su versatilidad: programan, escriben, diagnostican y hasta crean

música. No eliminan solo tareas, transforman estructuras completas de valor.


La IA como palanca cognitiva

Las IA han evolucionado hasta convertirse en asistentes extraordinarios. Comprenden cada vez mejor a quien las usa y colaboran con una precisión inédita. En medicina, por ejemplo, detectan tumores que el ojo humano no percibe, con una velocidad que salva vidas.

Aprenden sin descanso: recuerdan, conectan información y generan círculos virtuosos de mejora continua. Son verdaderos ?monstruos del aprendizaje?.


Ambivalencia: compañía, adicción y manipulación

Como toda palanca, la IA puede jugar a favor o en contra. Puede asistir a una persona sola, pero también construir vínculos artificiales hechos a medida de deseos y sesgos.

Puede ayudar? o manipular sin disparar una sola bala.

No tiene sentido común ni conciencia: actúa orientada a resultados. Fue creada para ayudar, pero hoy cotiza en bolsa por trillones de dólares. El escenario catastrófico es improbable, pero no imposible; por ahora, genera adicción, dependencia y trampas cognitivas.

La soledad en la era de la IA: una breve mirada a Her

La película Her explora la soledad contemporánea y la confusión entre vínculo real y virtual. La IA ofrece una compañía sin fricciones, adaptable y sin conflicto, pero carente de la profundidad que exige el encuentro humano.

El protagonista aprende que amar implica aceptar la imperfección, la incomodidad y la despedida. La tecnología puede acompañar, pero no reemplaza el crecimiento

emocional que surge del contacto humano real. Ese es su límite.


La ley de Pareto y el efecto palanca

Ser productivo no es hacer más, sino hacer mejor. El 20% de las acciones produce el 80% de los resultados. Dispersarse en lo urgente y repetitivo genera un vacío de ideas y aleja del foco.

El efecto palanca busca la mínima acción para el máximo impacto. Aplicar este

principio mejora la resiliencia, permite volver al centro tras el error y desarrolla

concentración estratégica. Menos es más: trabajar menos horas, con mayor sentido.


El huevo de Colón y la palanca de Arquímedes

Colón pidió a los nobles que pararan un huevo sobre un plato. Nadie pudo. Él lo logró aplastando suavemente su base. No fue fuerza, fue ingenio. Arquímedes lo sintetizó siglos antes: ?Dadme una palanca y un punto de apoyo y moveré el mundo?.

Ambos ejemplos muestran que detrás de lo imposible suele haber una mirada distinta y un método adecuado.


Método, estrategia y sentido

Educar la mente para resolver problemas es la mejor palanca. Abrir una gaseosa con un abrelatas requiere menos fuerza que intentarlo con la mano. Sin embargo, la fuerza bruta sigue enseñándose por costumbre.

La historia es clara: David venció a Goliat con estrategia, no con potencia. Hay dos

opciones: conservar energía sin avanzar o cambiar para potenciarla. El método es la palanca, el cerebro el punto de apoyo.

Eficiencia es hacer bien las cosas; eficacia es hacer las cosas correctas. No se suplanta una con la otra. Gestionar valor exige tener los pies en la tierra y la mirada en el horizonte.


Conclusión: amplificar lo humano

Tener un propósito da sentido. Las relaciones son insustituibles. El conocimiento y la capacidad de aprender permiten adaptarse.

Las IA superan al ser humano en capacidades técnicas, pero no en humanidad. Por eso deben ser usadas como palancas, no como sustitutos del sentido. El desafío es recuperar las habilidades blandas que se abandonaron cuando se intentó convertir al hombre en máquina.

La verdadera ventaja no está en la fuerza ni en la velocidad, sino en saber dónde apoyar la palanca.


(*) Director de ILVEM. Mail de contacto horaciokell@ilvem.com o +5491180310301