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CUANDO LAS COSAS EMPIEZAN A PENSAR: EL NUEVO VALOR DEL CONOCIMIENTO

por Horacio Krell (*)


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La inteligencia artificial introdujo una ruptura silenciosa pero radical: el conocimiento dejó de necesitar un cuerpo humano para operar en el mundo.

Durante siglos, saber y persona fueron inseparables. Hoy, el saber se incorpora a las cosas: el auto conduce, la plancha plancha, el sistema decide y ejecuta. Ya no se trata solo de automatizar tareas, sino de un cambio de lógica: pasamos de hacer las cosas a que las cosas se hagan.

Antes, la iniciativa era humana. Ahora, se comparte con el entorno. No vamos a buscar información: el contexto la detecta y la ofrece. No preguntamos: los sistemas se anticipan. La IA libera el conocimiento de su atadura con la persona y lo recombina como piezas reutilizables.

El resultado es claro: el saber deja de ser escaso.

Durante siglos, el conocimiento fue caro, limitado y mediado. Hoy se fabrica, se replica y se distribuye a costo casi cero. Como el oxígeno: indispensable, pero ya no una ventaja competitiva en sí misma. Esto obliga a reinventarlo todo.


Cuando el proceso habla primero

¿Qué pasa cuando el flujo se invierte y no somos nosotros quienes activamos el proceso, sino que el proceso nos detecta y actúa?

Eso es inteligencia situada: el saber se activa por el contexto, sin intermediación. El cerebro humano funciona así. La IA permite externalizar ese mecanismo fuera del cuerpo.


Un agente de IA puede detectar necesidades, proponer pasos, encadenar tareas, pedir validaciones y ejecutar sin interrumpir. Lo que antes era ?un proceso? empieza a comportarse como un colega eficiente, que trabaja en paralelo, no se cansa y no reclama atención constante.


En lo personal ya es evidente: una persona piensa en una cosa a la vez; la IA abre

múltiples frentes simultáneos. Cuando el entorno empieza a ?pensar? con nosotros, la forma de trabajar cambia para siempre.


El fin del intermediario tradicional

El poder histórico se apoyó en la intermediación del saber.

Médicos, abogados, sacerdotes, consultores: guardianes de conocimientos

imprescindibles. Ese rol se erosiona. No desaparecen, pero dejan de ser proveedores exclusivos.


El cambio es profundo:

? De interpretar a diseñar

? De ejecutar a hacerse responsables

? De ?yo sé? a ?yo me hago cargo?

Lo que antes era caro tiende a volverse barato o gratuito. La intermediación cognitiva cae y exige nuevos modelos de valor. El trabajo humano deja de ser el centro automático de la vida.


¿Importa el soporte del conocimiento?

Incomoda que el conocimiento no provenga de una persona, como si el cuerpo

legitimara el saber. Sin embargo, un libro no siente y nadie duda de su valor. Un

simulador enseña mejor que muchas clases magistrales.

La IA no solo transmite conocimiento: lo ejecuta.

En educación ya lo vimos: lo presencial no es mejor por definición, ni lo virtual es

inferior. Todo depende del diseño, del propósito y del momento. Lo mismo ocurre ahora con la IA.


Más allá del reinado STEM

El dominio de las disciplinas técnicas impulsó el progreso, pero también expuso un

límite. Cuanto más numérico es un trabajo, más automatizable resulta.

En cambio, lo relacional, lo ético, lo confiable y lo creativo se vuelven escasos y

valiosos.

En un mundo lleno de sistemas que hablan y actúan, el mayor riesgo no será técnico, sino una crisis de confianza. Sin confianza no hay conversación, ni colaboración, ni comunidad. Eso no se automatiza.


De integrar IA a pensar AI First

Agregar IA a lo existente es solo el primer paso.

El verdadero salto es AI First: rediseñar procesos, productos y decisiones partiendo de lo que la IA puede hacer mejor que nosotros.

No es acelerar lo mismo, es reconstruir la lógica del hacer. Delegar lo delegable para concentrarse en lo que importa.


El verdadero campo de juego: lo que no sabemos


El conocimiento disponible será estándar. La diferencia estará en crear nuevo

conocimiento, formular nuevas preguntas y explorar lo no pensado.

Pensar no desaparece: cambia de objeto. De repetir lo sabido a imaginar lo inédito, con ayuda de la IA.

Como con la electricidad: cuando se vuelve universal, deja de ser ventaja. La ventaja está en qué se hace con ella.


La decisión que no se delega

El miedo no es a la IA, sino a perder el monopolio del conocimiento.

Por eso hay tres ámbitos indelegables:

1. Definir objetivos y prioridades

2. Tomar decisiones clave

3. Evaluar resultados y asumir la responsabilidad

La IA puede asistir, pero la intención sigue siendo humana.

Esto abre una libertad inédita: cada persona puede decidir a qué dedicar su tiempo.

También exige hacerse cargo. El premio es enorme: recuperar iniciativa, crear valor y vivir mejor.


La pregunta final

Para mejorar el rendimiento no hay que hacer más, sino decidir mejor:

? ¿Qué vas a dejar de hacer? (soltar lo que ya no aporta)

? ¿Qué vas a seguir haciendo? (conservar lo que funciona)

? ¿Qué vas a empezar? (dar los primeros pasos)


La oportunidad no es correr más rápido, sino salir de la rueda.

La IA puede ayudarnos, puede ejecutar, optimizar y sugerir. Pero la dirección ?qué

importa y hacia dónde ir? no puede delegarse.


(*) Director de ILVEM. Mail de contacto horaciokell@ilvem.com o +5491180310301