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CUANDO EL CONOCIMIENTO YA NO VIVE EN EL HOMBRE

por Horacio Krell (*)



El desplazamiento del conocimiento desde el ser humano hacia las máquinas marca un

cambio trascendental de época. Mientras la inteligencia artificial crece vertiginosamente

y sube por el ascensor, el hombre avanza más lento, paso a paso, por la escalera.

Intentar competir con una inteligencia que aprende más rápido y acumula mejor

información es un error. En esa carrera, el ser humano pierde lo más valioso que tiene.

Por eso, la educación debe cambiar de rumbo: dejar de entrenar a las personas para

memorizar lo que la IA ya sabe y volver a desarrollar las habilidades humanas

fundamentales ?mal llamadas blandas? que se han ido deteriorando.

Pensar, imaginar, preguntar con claridad, crear sentido, equivocarse sin miedo y

aprender del error no son capacidades accesorias: son el verdadero territorio humano.

En la era de la inteligencia artificial, educar ya no es llenar cabezas de conocimiento,

sino formar personas capaces de dirigirlo.


1. El nuevo punto de partida

La inteligencia artificial avanza a una velocidad que el cerebro humano no puede

igualar. Aprende más rápido, acumula más datos y ejecuta tareas con una eficiencia

inédita. Pero este avance tiene un límite material claro: la energía. Sin energía

suficiente, el auge de la IA se frena. No es un detalle técnico: es el nuevo cuello de

botella del progreso digital.

Aquí aparece una primera lección: la IA no es magia. Depende de infraestructuras,

recursos y decisiones humanas.


2. Lo que dice Jensen Huang (y lo que importa de verdad)

El CEO de NVIDIA, Jensen Huang, lo resume con crudeza: ?No es la IA la que te

quitará el trabajo, sino alguien que sepa usarla mejor que vos?.

Su mensaje no es apocalíptico, es estratégico. Huang impulsa una adopción masiva de la

IA, pero al mismo tiempo señala algo clave: el valor humano no desaparece, cambia de

lugar.

En su visión, el futuro inmediato no es solo de IA generativa ?que responde?, sino de

IA agentiva: sistemas capaces de planificar, ejecutar y coordinar tareas de forma

autónoma. Esto cambia el foco del desarrollo tecnológico: ya no se trata solo de

modelos más grandes, sino de sistemas más autónomos.

La tecnología pone las herramientas. Las ideas siguen siendo humanas.


3. El desplazamiento del conocimiento

Durante siglos, el saber vivió en la cabeza del hombre. Hoy, el conocimiento se

incorporó a las cosas: a las máquinas, a los sistemas, a los agentes digitales.

Un cerebro humano solo puede concentrarse en un problema a la vez. La IA permite

delegar en múltiples agentes, coordinar tareas, evaluar escenarios y acelerar decisiones a

una escala inédita. Pretender que el ser humano siga compitiendo con la IA en

acumulación de conocimiento es un error educativo. Esa batalla ya está perdida.


4. La ventaja humana irreemplazable

Hay algo que ninguna IA hizo: tallar el alfabeto en el cerebro humano.

Solo el hombre logró unir palabra e imagen para crear ideas nuevas, metáforas,

hipótesis y sentido. La IA procesa tokens; el ser humano imagina.

Por eso, la habilidad central del futuro no será memorizar, sino:

? preguntar con claridad,

? formular problemas relevantes,

? animarse a pensar sin garantías,

? equivocarse sin miedo.

La obsesión por ?tener razón? es un vicio del sistema educativo. El error no es una falla:

es el principal motor de aprendizaje. Así aprendimos a caminar, a hablar y a pensar. La

resiliencia no es opcional: es educativa.


5. Educación: el cambio impostergable

La IA democratiza el acceso al conocimiento. Cualquiera puede aprender desde

cualquier lugar del mundo.

Entonces, ¿qué debe enseñar la escuela?

No lo que la IA ya sabe.

Debe entrenar lo que la IA no tiene:

? lenguaje profundo,

? lectura veloz y comprensiva,

? pensamiento crítico,

? creatividad,

? criterio,

? coraje intelectual,

? humildad para aprender del error.

La educación debe formar personas capaces de dirigir inteligencias artificiales, no de

competir con ellas.


6. Energía, Ley de Moore y el límite físico

La Ley de Moore fue el motor silencioso de la revolución digital: más transistores, más

potencia, menos costo. Gracias a ella, la IA fue posible.

Hoy, esa ley enfrenta límites físicos y económicos. La demanda de la IA crece más

rápido que la capacidad de miniaturización.

Por eso emergen nuevas arquitecturas, chips especializados y una especie de ?hiper Ley

de Moore?, impulsada por la propia IA. Pero todo converge en el mismo punto: sin

energía suficiente, no hay fábricas de inteligencia.


7. Una decisión humana, no tecnológica

El mensaje de fondo es claro: la IA será cada vez más poderosa, autónoma y veloz. Pero

la dirección sigue siendo humana.

El desafío no es técnico. Es cultural y educativo.

O formamos personas capaces de imaginar, decidir y dar sentido,

o delegamos también eso? y entonces el problema ya no será la IA.


(*) Director de ILVEM. Mail de contacto horaciokell@ilvem.com o +5491180310301